martes, 18 de agosto de 2009

Mis lienzos, tus pinturas.



Algún día las dos entenderemos
por qué me apasionan tanto las cruces rojas
en cada parte de tu cuerpo
que la imaginación me deja ver.
Tú la viste volar por encima de cabezas
y suelos
y viste el cielo a través de mis ojos.
Hay espejos mucho más reales
en este par de pupilas
que todos los errores que te reconoces
en el baño.
También son ellos quienes nos construyen
de a poquito
trazando mapas piratas
para vidas formales.

Tu pintura luego será la mía.
La misma que mancha mi ropa,
mis labios,
será la que adorna tu desnudez
de matices.
Habrán pasado horas para cuando nos demos cuenta
de los cuentos que habríamos inventado
si no fuera por
esa estúpida manía de dejarlo todo limpio
antes de volver a ensuciarnos.

Cuanto más lejos estamos
más lento pasamos la una de la otra
y supongo que no levantaste la vista
cuando decidí pasar de largo
para siempre jamás.
Lentamente,
por si mirabas.

El mundo de tus caderas
seguirá girando entre vendavales
y naufragios
sin que nadie más que tú se de cuenta.
Yo estaré esperando a que se calmen las tormentas
para amarrar versos a pestañas
y explotar en cada pestañear
que me permita dar teniéndote,
lienzo,
en cada esquina de mi mente.

Obras de arte más,
recuerdos menos
no me voy a olvidar
por mucho que lo intentemos
de los rincones que me faltaron
por descubrirte
hasta a ti misma.

El alma,
el dolor de no tenerte
más el verte y no poderte.
La segunda persona en singular,
siempre.

y tus manías,
lo de tus manos entre las mías
y un segundo plano
que no termino de trazar
entre lágrima y lágrima.
Yo no lloro.
No lloré cuando debía hacerlo
y no lo haré ahora
que me doy cuenta de las cosas
que perdí durante el viaje
a nosédónde.

Seguramente tú lo sabrás menos
pero como aquí siempre tendíamos a más
hoy cogeré el sol con los dedos
y te pediré que nunca te cases conmigo
ni con nadie.
Que sean esos labios más míos que del resto
y aun así
vivir en recuerdos
hechos de recuerdos
que se tejen en párpados
que sueñan mientras recuerdan
cuando los sueños no eran tan feos
ni la vida
un poquito mía
pero siempre sin ti,
tan tuya.

Es lo que tiene la poesía.

Que sabe siempre a lejanía
para que se oiga siempre
hermosa.

Pero nadie te vio como lo hice yo.
Entre luces y verdes
tu piel era la más dulce.
Entre esquinas y rincones
siempre te descubrías lienzo
para ser mi pintura.
Y hasta que no me olvide
seguirás en todas mis partículas.
Borrándote poco a poco
para ser una sombra más,
un recuerdo menos.

Y tirar pa’lante
porque pa’tras ya no se puede.

Ni falta que hace.

1 comentario:

Anónimo dijo...

MUAC
(me gustí mucho)
Laura la Xilofonista :D


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.