lunes, 28 de septiembre de 2009

Invisibilidad.




En alguna parte leí que era invisible.
El fin.
Esas pequeñas casualidades de la vida que nos van conformando
hasta que aparecemos irreales
preguntándonos si de veras es cierto
que se puede querer con el corazón.
Con un corazón tan ciego como Ursula en Cien años de soledad.

Tener claras nuestras limitaciones,
las de los demás
y aun así empeñarnos en saltar al vacío
a ver que pasa
y si por si acaso
sucede algo diferente a lo de siempre.

Caminar en círculos
porque la vida también lo hace y nadie le dijo nada
o
ni nos atrevimos a pararnos en medio
de un recorrido idéntico a los otros
pero con sus matices,
sus cosillas buenas,
sus mierdas
y sobretodo
ese parón de dos segundos
en el que te detienes simplemente a sonreír.
Todo marcha, piensas
y mientras todo marcha
tú continuas con tu camino.
Un camino que nunca elegiste
pero con el que continuamente juegas
a jugártela.
A perder o ganar
pero sin duda
a seguir.

No tener ni idea de por qué tu mente
que es tan tuya
te juega esas malas pasadas
sin preguntarte luego si estás bien,
si te ha hecho daño
o si por suerte
sigues creyendo en la suerte,
el destino.
En lo concéntrico del pensamiento humano
que parece más asqueroso
cuanto más cerca ves al mundo,
las noticias, el periódico, la radio.

En cualquier caso
si el fin tiene que ser de alguna manera
será invisible.
Como los besos
al cerrar los ojos para vernos mejor
o
como el agua o el aire.
Como el último instante de sueño antes de que suene el despertador.
Como el amor, sabes, no?
que no lo ves,
es más,
ni lo comprendes
pero sabes que está ahí
y que tarde o temprano
llegará.

Como el fin. Como el fin más invisible del mundo.

1 comentario:

Zay dijo...

vaya horas de actualizar, aquí nadie va a clase o qué? ¬¬


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.