miércoles, 16 de septiembre de 2009

Lo de ahora, lo de siempre.



La suerte de estar siempre en el mismo planeta
y caer de bruces contra las mismas adversidades.
Caminar porque aunque queden otras
es lo que se tiene que hacer
cuando no tenemos ni idea de a dónde vamos.
De dónde venimos,
La quiero?
La quise?
La querré?
El eterno retorno. El ver una chica guapa por los pasillos
y sentirte cansada,
en desventaja, sin ningunas ganas
y aun así se te caen los ojos en cada pestañear que da.

El cielo que nos cubre
es el mismo que manda señales divina
o qué sé yo qué
pero que están ahí y todos las vimos.
Pasan a diario
y como por arte de magia
entre valses de casualidades
me tocó a mí levantar la cabeza
y a mano alzada
esbozar estrellas fugaces
pero esta vez muy lejos de pupilas
o versos.

La música.
Por amor al arte vine hasta a aquí a dejarme ser,
porque somos los mejores artistas de nosotros mismos,
moldeando cada trazo.
Mira, que nadie nació guapo o feo
pero lo cierto es que
me toca decir que
sea la genética o sea el azar,
he tenido suerte.
Por ser quien soy, estar donde estoy y además poder contarlo.

La destrucción, el más allá
el no saber a dónde irán pero saber que se van.
Sí, sí, qué bonito lo obvio
y que dura la realidad.
Ver para creer
y para creer
hay que dejar de ver.
Más allá de tu mirada se encuentra el infinito
y que tú no lo veas no significa
que no exista
por lo tanto
existimos infinitamente
entre tanta gente, tanta diversidad,
dándonos de bruces contras las mismas adversidades de siempre
y por fin
estamos vivos,
estamos muertos,
pero estamos.

Cerrar los ojos para ver la música flotar.
No me concentro si te tengo cerca, pero como con todas,
hasta que te descubra los defectos
y entre amago y amago,
ya sabes,
muerte y destrucción.
Por ser crueles o extremistas
o por no saber cómo se lloran las penas hacia adentro
para luego echarla fuera.
Por no saber somos lo que somos
y hacemos lo que hacemos.

Este es el secreto…

Que no hay más secretos.

Ya tuvimos bastante con inventar el tiempo
y
el espacio
como
para encima creernos las demás cosas.

Las demás cosas, ahora, sobran.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.