miércoles, 21 de octubre de 2009

Efecto mariposa.



Cuando una mariposa vuela
no sabes la de remolinos de aire
que pueden llegar a ahogarte.
El estrepitoso sonido del despegue,
del aterrizaje,
del haber llegado sin permiso
quedándote sin camiseta en mi cama,
quejándonos de los absurdos,
viviendo por y para ellos,
amándonos en miradas que aunque no sepas leer,
yo sería capaz de traducirte
sí o sí.

Que me sonríes y
es el vuelo más perfecto que pudo ver el hombre
y la Luna
y sobre el suelo,
en el aire,
cuatro pupilas jugando al ajedrez.
Déjame comerte.

Yo que nunca gané ningún juego
pierdo de nuevo en la apuesta
de
seguir sola durante equis tiempo.
Y marcarte con saliva por todos los costados
que te quiero en mi cama
todos los días
que sean noches también
y todas las noches
que bailen pegadas con tardes naranjas.

El terremoto de sus patitas cayendo sobre una flor,
y el polen que huye
a meterse debajo de algún sótano anti-huracanes.
Ves que eres tan delicada
cuando dices o callas,
cuando te arqueas para dejarme aterrizar.
Cuando lloras para mí y creo estar en el diluvio universal
más hermoso que jamás ningún profeta vio.
Verdes.
Tus ojos se vuelven verdes.

Supongo que por eso
ahora quiero que mi vida sea ese vuelo de mariposas
que sucede cuando te veo de lejos,
te veo de cerca,
te veo y es increíble
como por una vez tuve un presentimiento
real.
Sí.
Como el efecto mariposa.

Sigue volando y elévame hasta donde quieras.
Arrásame con esos golpes de aire
y cámbiame de una vez por toda
que no me gusta ser tan yo
si te tengo tan a mi lado.

Tan tan tan a mí lado.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.