martes, 29 de diciembre de 2009

Suciedades.

Me lo estoy imaginando.
Estar tres días sin lavarme los dientes porque comerte no da caries. Una semana entera bañándome en tu olor y aun sabiendo que necesito una ducha, quedarme un ratito más contigo, en la cama.
Notar como la grasa de mi pelo se enreda entre mis dedos y seguir adelante con todo porque estas cosas no se pueden parar
en el mejor momento.

Estar sucia de ti, enferma de ti, drogadicta de ti. Llevar la misma ropa de ayer a la facultad, y verlo solo de la manera más romántica que puede existir.
Las pasiones del momento, comer porquerías por no perder más tiempo en la cocina, dejar que otros vengan y recojan lo que hemos destrozado
para, sin decirnos nada, seguir con lo nuestro.

Quién necesita oler bien cuando debajo de tanta piel existen miles de versos aflorando al mismo tiempo que ella se retuerce entre mis brazos.
Nos duchamos juntas para ahorrar agua y aun así no paramos de mojarnos. Entre el vaho y la pared, yo exhalo tiempo ardiendo para que no pases frío mientras te dejas querer. Tus manos arañan los azulejos, estás más lejos de lo que parece pero tan cerca de mí que puedo olerte los pensamientos. Estás agachada. Sientes como el agua te acaricia, a mí también. Me tocas.
Estoy dejando que me toques y eso no es muy usual en mí.
El agua se desliza por tus pechos, cayendo en cascada por tus pezones. Te estoy devorando entre ahogos y suspiros.

No sé si me da más placer ver como corre toda esa basura por el sumidero después de estar toda la noche contigo, o contigo, ver como nos corremos.
Estás de espaldas delante de mí, te sujeto bien, cojo tu cara y la vuelvo hacia mí. Te beso.
Vuelves a mirar con los ojos cerrados al frente y yo, hurgando entre tu pelo te susurro cosas al oído.

Y todo lo demás no importa.

Suenan canciones que no se oyen.
Solo cuando no estás y te echo de menos.
Sentirme pegajosa de amor.
Oler a madrugadas.

Y no voy a cambiar estas sábanas hasta que no regreses. Al menos así una parte de mi piel podrá volver a tocar la tuya mientras cierro los ojos y me doy la vuelta.

Buenos días, preciosa.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Accidentes.



Apareció en mi vida casi por accidente.
En plan... Ni remota idea de que casi tres meses después
estuviera viendo sus fotos en el ordenador como una loca, porque se va de viaje y ya la echo de menos.

Es de esos presentimientos que a veces me hace pensar si de veras ella estaba escrita en mí mucho antes de yo darme cuenta de ello.
Quizás mucho antes del antes las dos por separado pensáramos las mismas cosas en los mismos momentos y nos tuviéramos ganas sin ni siquiera conocer ambas existencias.

A veces las cosas no salen del todo bien, pero supongo que son esas cosas las que hacen que el resto si que valga muchísimo más la pena.
Me pregunto cómo sería mi vida si no la hubiera conocido. Si en vez de echarle veintitrés le hubiera adivinado la edad, si en vez de no pensar que aquello fuera a suceder, lo hubiera sabido… esto no tendría nada de sentido, creo yo.
Estuvo bonito que me dijera que me quería querer, cuando yo aun seguía pensando en que eso era imposible y que por mi parte… le podría haber dado amor pero no todo el amor que ella buscaba.

Estaba en mi cama cerca, muy cerca y aun así, no la besé hasta que no estuvo a menos dos de mi por miedo a…

¿Esto?

No. Ella no quería nada con nadie.
Pero resulté ser todo eso. Todo esto.
Y resultó ser algo que no me había pasado hace tiempo, no, nunca. Nuevo.
Descubrirme en un pensamiento opuesto y
el sexo,
el amor,
la expresión,
la desnudez en todos los amplios sentidos de la palabra,
resulto que en su azotea
las cosas eran tan bonitas que ni por un momento llegué a imaginarme en esta situación.

Amando.

¡Dios mío!

Sintiendo, queriendo, luchando, llorando, besando, amando.

No me lo creo y aun así, solo espero que mañana al abrir los ojos, todo esto siga siendo cierto.

Te quiero.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Kilómetros fuera.

De tu nombre
y esas cosas circulares que te persiguen
cuando nada es lo que parece.
Cuerdas y árboles
y ramas para deslizarnos
a otro lugar donde no haya que rendirnos
las miradas
y reverencia.
Para no parecer idiota,
mejor me escondo, lo dejamos estar
nos vamos a tripular otros barcos pasajeros
sin olvidarnos los labios
y confiar en el tiempo
como medida cuantitativa de medicina.
Cicatrizantes,
ir de camino a cualquier lado
sin saber muy bien el por qué de no encontrarnos
y llorar porque es el único remedio
para no envenenarnos del todo.

Y un poquito
habría hecho grandes cosas
pero como siempre
me quedo a mitad de camino
pensando
en que si hubiera podido
también lo habría hecho antes.
Y no lo hicimos.

Recoger tus cosas,
ir versando cosas dolorosas
por las espaldas de muchas otras
e intentar beber amor de muchos lados
para ahogar tus penas.

Gritarte que yo jamás me di cuenta
cruzando los dedos
porque miento más que hablo
y debajo de la cama
tengo rotas mil promesas.

Llego tarde y lo seguiré haciendo
hasta que deje de recordarme
que tú, en otra parte del universo
tampoco estarás llegando a tiempo.

Desmoronar todo un castillo
de cualquier material de construcción
porque sigo siendo una nómada
por mucho que la edad
me pida un descanso.
Hay kilómetros ahí fuera…
Prometo no olvidarme de nada.

Te lo prometo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Coleccion.arte.

Me gusta coleccionarte en los momentos buenos
y
cambiarte por sueños en los malos.
Ganar con el peor caballo
perdedor
y aun sabiendo que no voy a llegar nunca
me alegro
porque eso es lo bonito de esto.

El final de cada vez que lo empezamos,
los gritos
y dormir a tu lado
en un abrazo.

Coleccionar sonidos y detalles.
El cerrar los ojos y apretarse mucho entre las dos
porque sino cabemos
y lo que queríamos desde el principio
era desbordarnos.

El tenerte lejos y el tenerte cerca.
Coleccionar distancias e ir repartiendo
versos
según vayamos entendiéndonos
o
quizás el juego de dibujarnos en las sombras
para ganar la partida
y sin retorno,
recaídas,
recogidas,
vivir como si no lo hubiéramos hecho antes
por el no conocernos.

El cruce de vidas en un instante,
el saberse las reglas y aun así
ir saltando de piedra en piedra
como ranas verdes,
como cuando pensamos a la vez
que nos estamos muriendo la una por la otra.

Y coleccionar la seguridad
de saber que no hay quien nos separe
de las probabilidades, las medias,
las poblaciones y todo eso
que sin querer apostamos
desde el momento que decidimos hacernos fuertes
entre tantas debilidades.

No dejarte escapar ni a la primera, ni a la segunda,
ni a ninguna de las veces que dijimos de olvidarnos
porque yo no puedo dejar de coleccionar
orgasmos contigo,
ni sábanas,
ni tardes tirando a mañanas.
Que cuando abramos los ojos
habrá mucho más que un sol quemándonos las pupilas
y aun así, en el separarnos de vez en cuando,
un tiempo infinito de doce horas, estará la clave
para saber por qué nos queremos tanto al atarnos
y modernos y clavarnos en el suelo.

Y coleccionarte promesas
para perder siempre
y saberme en el suelo,
junto a ti,
volando.

Y quererte, que al fin y al cabo…

Es como coleccionarte muchas veces,
todas esas canciones que nos describen,
todos esos libros que nos relatan,
todas esas películas que nos observan,
sin necesidad de cambiarte
cuando nos repitamos en el tiempo
que hay cosas que desde el principio
se sabe
sin van a doler
o si van a permanecer
o si se van a quedar clavadas hasta que se nos pierdan las colecciones
de besos
y todas esas cosas que tengo guardadas en una caja de zapatos.

Coleccionarte, amor, en cada verso.
Y ya no creo que haya nadie que me gane a esto.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Vómitos.

Ahora mismo estar sola del mundo, como siempre
haciéndome la fuerte y sintiendo pequeño
para luego hacer enormes los pasos,
me da ganas de seguir sin conocer universos,
me da lo mismo si paralelos, si secantes si mojados.

Es una especie de colmar el vaso a base de vómitos del alma
y por más vacía que me siento
más llena de porquería estoy.
Y no seré yo la que decida arreglar este descontrol
que de las manos lagrimea a cada paso.
El cansancio, hay párpados que se cierran más allá del inframundo.

Faltaba sentirme así para empezar a excusarme
entre los defectos que ya sé que tengo
más los que dicen que procure
más mi mala costumbre de sentirme víctima de mí misma.
Si estoy así no es por otra cosa
que creerme las culpas mías.

Hablar con las manos, así, haciendo gestos
como si estuviera dejándome la vida en ello
pero igual, nadie nació intérprete de sentimientos
o eso creo.
Menguar y crecer cada dos por tres,
vivir en una montaña rusa del pensamiento
y no creí volverme a ver dependiente de una piel,
un cuerpo,
unos ojos que me miran, a veces, sin mirarme.

No son mis cosas las suyas y aquí estamos,
esperando a ver que pasa,
con el resto, y en particular
contigo, conmigo, con los universos de los que te hablé antes.
Y estoy segura que
entre tanta superficialidad
algo más de felicidad existía, entre mi almohada y mis ideas.

O quizás me ahorrase el pensar en mí
por tantas razones.
Me pesan.
Los brazos, las manos y el alma para levantarnos
así que no me voy a exigir ser valiente
sabiendo mis límites
y sabiendo que yo jamás seré la prisionera que salta
del barco pirata.

Una espada, soledades a parte, me gusta
seguir pareciendo indestructible
a tener que llorarle a un teléfono
que simplemente no me siento bien.

Nadie, mañana, vendrá a secarme los ojos
cuando aprenda a volver a dejar de llorar.
Nadie me va a entender incluso sin saberme yo,
mientras digo y digo, con la voz en off.
Mi boca muchas veces peca,
y hay veces que la mente
se las marca malas,
las jugadas,
el caso es que admito mi negligencia.
Soy persona, soy humana, soy culpable.

Y hacía falta, de nuevo, sentirme en el fondo,
rozando el colmo,
para levantar casi la cabeza y
entre que ojeo
y entre que me limpio lo sucio
no voy a esperar de nadie, lo que quiero.

Sí, el secreto.
La valentía de creerse en una lucha
y no permitirse el lujo de pedir ayuda,
que alguien te extienda su mano
que alguien te deje su abrigo.
Antes parecía fuerte porque quizás si lo era.
Antes no te gustaba tanto porque por encima de gentes
estaba yo
y no el mundo
y sus casuales paralelismos.
Que ni me ato al destino,
ni quiero volver a pensar que puede existir un futuro
al lado de equis aliados.

Que ni necesito compañeras de vida
ni me permito caerme frente a unos pies tan diminutos
y
un minuto…

Me habla el viento a veces, de lo mal que lo pasaba antes
pero no por el doble, ni por las ganas ni por el cansancio
de saberme en deuda.

El hueco que me corresponde,
el cemento que me oprime el pecho,
la música que suena y no soy capaz de oír más
que pensamientos.

Y esto es todo.
Yo en mi sitio, por tu lado
y tú en el extrarradio
que no es mi centro
porque yo jamás quise tener uno de esos.

Lo siento,
el mentirte sobre círculos
y lealtades.
Pero qué esperas de alguien que quiere pasar el resto de su vida
en barquitos de papeles
escrito con la tinta de cada puerto
y en cada puerto
el tesoro de dejarme la vida
luchando y fumando
y arreglando descosidos con mis hilos
y los de nadie más.

domingo, 13 de diciembre de 2009

La media de las medias.

Resulta que me gusta desnudarla y que no se distingan sus piernas de las mías, y que me diga todo con la voz y yo todo con la mirada.

Resulta que las locuras nunca habían sido tan dulces, tan enfermas, tan descontroladas. El tiempo y qué tiempo, y las sábanas, y medir mal las distancias y por eso terminar en el suelo.
Pobre.

Y resulta que me he vuelto loca de amor, y creyente las veinticuatro horas del día y resulta también, que disfrutar es un eufemismo.
El deseo, el que me digas "Fóllame" y que... qué quieres que te diga, el invierno es lo que tiene, y el tiempo que no es tiempo si te das la vuelta mientras yo te aprieto contra mí.

Y resulta que a pesar de todo y todas las cosas que sucedan, voy a estar aquí, queriéndote de improviso como la primera vez que nos vimos de verdad, con la boca cerrada, y mirándonos, de verdad, sonriendo.

Y eso.

Que mú hacen las vacas y si quieres te lo explico luego… Mú mú mú.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Tratado de impaciencia número X

Tengo miedo.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.