lunes, 25 de enero de 2010

De lo general a ti: ver.te




A veces ver se trata más de sentir
que de un simple ejercicio automático de nuestro cerebro.
Que en parte está bien decir que ver es sentir
y todo lo que nos evoca el tener cosas en frente,
el ver derrumbamientos
en un solo gesto facial,
en gestos que, cállate, ya te lo explico luego.

Pero me refiero a ver dentro, supongo,
voltear los ojos
y mirarse nervios y arterias
y darse cuenta de que
quizás la química si lo fuera todo
pero no el resto que hace falta para que el ciclo vital
del mundo
siga su curso natural.
Como consecuencia, forzamos situaciones
y nos gusta tanto como si sale bien como si sale mal
porque aprendemos y ganamos
o perdemos pero somos más fuertes y más valientes
o en mi caso
más cobardes pero más cabezotas.

El caso es que
muchas veces me descubro semirrindiéndome
porque hay muchas cosas que no sé explicar,
que entiendo
y no puedo cambiar.
Y veo. Veo en tus ojos los míos
y me peino para estar guapa para ti, para estar guapa para mí.
Y sonrío, tengo los dientes sucios de comerte
y aun así sigues llorando a veces
pero también yo sigo aquí,
aunque me cueste sabiendo que por tu mente pasan
casi tantas cosas como por la mía.

Ver el miedo porque me tiemblan las manos
y no porque el estómago me esté dando un vuelco.
Ver alegría porque no hacen falta palabras muchas veces
y eso me hace bien
porque odio hablar menos cuando tomo café,
como ahora que tengo un examen
y me espera una noche larguísima
y aun así,
me hace gracia que te guste por esos detalles
que ni me doy cuenta
ni los hago para demostrarte nada.

Cuando fluye, el amor, es mucho más bonito.
Supongo que por eso, de cualquier manera,
incluso forzando situaciones
siempre consigo ver lo hermoso de esto:

Tú.

miércoles, 20 de enero de 2010

Aproximación.

Supongo que amar de verdad
es ver en tu felicidad
la mía propia.

martes, 19 de enero de 2010

Big.timo

Esta soy yo.
Hago chistes horribles sobre catástrofes naturales y me río de la gente que muere en el mundo. Soy una jodida elitista, soy una jodida clasista, soy una jodida capitalista y me importan más las apariencias que ninguna otra cosa.
Por eso supongo que me cuesta tanto deshacer cualquier cosa. Me da pereza tener que estar dando explicaciones. Hacerme la dolida y a mis adentros pensar que quizás la culpa fue mía.
O no.

La verdad es que ahora mismo pienso convencidamente que esto no fue mi culpa.
Podía haber vivido muchísimo más tranquila si no me hubiera dejado vencer por el jodido sueño americano, la verdad. Me podía estar ahorrando toda la mierda que me rodea ahora mismo con solo decir un “lo siento, pero no busco esto ahora mismo”.
Pena la mía, de haberlo buscado y haberlo querido.
De haber llegado hasta el final. De tener celos y no saber por qué. De tomar decisiones que al fin y al cabo nadie hace caso. Pena de ser tan como soy.
El gran timo de la historia.

Y ojalá nadie más consiga saber como soy realmente en mi vida.

No es bonito para mí. No me siento orgullosa de ello, es más daría por mi vida por cambiarlo pero a veces estas cosas cuestan demasiado.
Y debería hacerlo sin necesitar nada a cambio pero es muy duro intentar cambiar para que todo vaya a mejor y que alguien te estropee las jugadas constantemente.

Y me da rabia estar tan enfadada porque no te voy a echar de menos, no te voy a querer, no voy a necesitar de ti, hasta que un día me reconozca que te voy a echar de menos, te voy a querer y te voy a necesitar siempre.
Ese supongo que es el otro gran timo.

Enamorarse o algún sucedáneo de esto. Ni siquiera sé si te amo de verdad o es solo pura costumbre a no estar sola de nuevo.
No debería renegar de mí. No debería sentirme mal por ser como soy. Yo, en mi individualismo medieval, era mínimamente feliz, y las tías me importaban una mierda.
Ojalá todo vuelva a ser como antes.

Todas putas y yo la que más.

Fin de la conexión.

jueves, 14 de enero de 2010

El último puerto.




No quiero seguir...




sin ti.



Y solo por si no te acuerdas, el resto lo pones tú. Yo te pinto el gris, los colores, la madera, el mar, el viento, las gaviotas, el bosque y su verde intenso y una cascada donde nadar desnuda y el resto mi amor...

Nos vemos en sueños.

miércoles, 6 de enero de 2010

El de todos, el de nadie.

A golpe de imagen
me gusta forjar cosas en el aire
porque de ningún modo son para siempre
y al mismo tiempo
en mi memoria,
acaban siendo imperturbables
promesas.

Cerrar los ojos y tener todo eso que perdimos
luchando los unos con los otros,
la del espejo, que me mira,
la de la pared,
que es ciega
pero que por suerte aun no se ha olvidado de gritar.
Y en general yo, que siempre acabo siendo la misma,
en las mismas.

He ido creando barreras de todo tipo
a medida que crecía
y hasta me siento más bajita si pienso
que el cielo puede llegar a ser el límite.
¿Por qué no aspirar a más?
Me he quedado con las manos llenas
y aun sigo pensando que nada está escrito
a pesar de haberme enamorado
todas las veces que dije
que ellas estaban escritas en mí.

Por eso no me quiero justificar,
y por eso supongo que ahora tengo miedo
de hablar mucho,
sentir tanto,
y no saber guardármelo.

Nunca fui como realmente soñé serlo
y por eso me siento como entre dos mundo,
el de todos
y el de nadie.

Soy incluso más simple de lo que me creo
y al mismo tiempo,
se me da tan bien esconderme de lo que opinen de mí
que me complico demasiado.

He estado haciendo cosas todo el rato
y cuando no, me parecía perder el tiempo,
el equilibrio,
todo lo que organizaba el mundo de todos
desordenaba el mundo de nadie
y por eso
ahora me dan ganas de llorar tan a menudo.

Estoy harta de refugiarme en etapas
que van y que vienen.
Quisiera quedarme,
lineal,
cumpliendo lo que prometo
y prometiendo solo lo que puedo cumplir.

La superficialidad que ahora no me sirve de nada
casi no se da cuenta de que he estado a punto de asfixiarme
en porquerías infinidad de veces.
El orgullo que me atraviesa la lengua con alfileres
y me clava una estaca en la boca del estómago.
La rabia, la ira, el perder la magia.

Y aun así, puedo decir que sé justificarme
razonablemente.
Nadie me ayudó cuando lo necesité
pero es que tampoco yo supe pedirlo.
Quizás no me di cuenta de que me estaban tendiendo una mano.
cuando lo que yo necesitaba era un abrazo.

Ahora no me preguntes por qué me cuesta tanto
dejar que se me acerquen.
Yo te contesto:
Nadie se acercó cuando yo tenía que aprender
ciertas cosas
que aun no sé.

Y por eso me jode recriminar cosas
a ciertas personas
que, siendo empática,
vale sí, a ellos tampoco les enseñaron a ser mejores.
Personas.

Y así, tan animal, tan salvaje,
me sentiría muchísimo mejor al irme a dormir
si supiera que ya está todo fuera.
Pero como siempre,
me cuesta reconocerme hasta a mí misma
que esta no es la vida que yo elegí.

Aun así… Supongo que el estar a tiempo reconforta
¿no?

martes, 5 de enero de 2010

seudoprozac.

Me ha cambiado la vida.
No sé si porque ahora la llamo para decirle que me siento mal mientras lloro, y le hago caso, aunque no lo parezca, cuando me dice que me tranquilice y respire hondo.
Quizás porque ahora utilizo expresiones como al pedo, recién, nada que ver, que sé yo y cosas por el estilo.
El caso es que todos los días tengo ganas de ella por muy estúpida que me sienta por sentir.
Supongo que el estar tanto tiempo escondiendo mis sentimientos ha hecho mella en mí. No sé. Pero del principio hasta ahora, ella también, entre mis pupilas, ha cambiado mucho.
Supongo que esto es a lo que se le llama la magia del amor, o un truco barato para convencerme de que la felicidad existe y la locura está ahí, acechando el mínimo descuido.

Una vez dije que podía sentir con mis dedos la barrera de lo perfecto, pero nada que ver. Esto va mucho más allá. Es como comparar el prozac con el éxtasis, que en general es lo mismo, producen los mismos efectos, solo que uno es más lento y duradero que el otro.
Que viva el prozac entonces.

El encontrarme de narices contra la felicidad y darme cuenta poco a poco que el ser feliz se va puliendo como a un diamante.

Y sí, hay millones de cosas que no me gustan de ella y supongo que le pasará exactamente lo mismo conmigo pero, cómo echo de menos todas esas cosas que detesto cuando no está.
Quiero cambiarlo todo por ella. No deberían existir barreras y aun así dentro de dos semanas me empiezan los exámenes.
¿Quién dijo miedo?
Já.

A lo que iba:
Esta no era para nada la vida que me imaginaba antes de encontrármela.
Y me pregunto cómo pudimos gustarnos al mismo tiempo, esperar casi una eternidad inventada, hablar como desconocidas, conociéndonos como si de toda la vida se tratase este cuento.
Barcelona está bien, pero no creo que haya mapaches y Canadá no hace frío, es otro rollo.

Pero si hace falta, cambio mi vida por la de cualquiera en cualquier parte del mundo, para regalarte las cosas que nos estamos perdiendo ahora mismo, en este instante.

Y supongo que sí…
Para bien o para mal, lo ha hecho.
La amo y me siento feliz.
De esa felicidad pendida de un hilo en el aire, como la tela de una araña, que si se rompe, en cero coma, vuelve a estar ahí, soportando el peso de unas patitas peluditas.

Y supongo también, que la calidad de antes, la cantidad de cuando ella ni existía, era para suplir todo esto que me mantiene ocupada ahora, sonriendo.
Y me da rabia, porque, joder, antes escribía cosas geniales. De verdad, geniales, pero ninguna de ellas eran del todo ciertas. Nunca estuve el suficiente tiempo luchando contra las adversidades para que las cosas salieran bien. Por eso, por el estar de brazos cruzados mientras me destrozaban por dentro, acababa llenando los rasguños con poesías para tirar pa’lante sin miras atrás, pero dejando bien claro quién, cuándo y cómo me había jodido.

Nada más, señores.

sábado, 2 de enero de 2010

Lejos.

Me dan envidias las distancias
cuando pueden juntarse y hacernos sentir tan lejos,
en un solo mundo.
Cuando tengo que tirar de fotos,
de olores que al segundo día ya no están.
Me vuelve loca tener que acostumbrarme a tocarte con la voz
y ganas a ganas ir construyendo un castillo para cuando vuelvas.

Y secarte las lágrimas así es desesperante,
y entenderte, con los ojos cerrados, imaginándome
que es posible verte al abrirlos.

No soporto el no tenerte, el no tocarte.
El darme cuenta de que estoy exagerando.

Pero...

Dios mío, te quiero.
No existe mujer.
Solo voces de cernícalos gritando
que en cualquier lado, eternamente
a todas horas
vamos a desnudarnos la mente.

Ya no se me ocurren muchas más cosas
que explicarte.
Para cuando vuelvas, tienes una lista llena de razones
de porque sin ti el tiempo es perdido.
Lo de las tapas de la cocacola, que me di cuenta ayer,
y las patitas de chinchilla
que me las veo todos los días.

Hay un post-it en mi mesa que dice
dos meses.

Vamos entonces, a perder la cuenta,
perdiéndonos.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.