sábado, 2 de enero de 2010

Lejos.

Me dan envidias las distancias
cuando pueden juntarse y hacernos sentir tan lejos,
en un solo mundo.
Cuando tengo que tirar de fotos,
de olores que al segundo día ya no están.
Me vuelve loca tener que acostumbrarme a tocarte con la voz
y ganas a ganas ir construyendo un castillo para cuando vuelvas.

Y secarte las lágrimas así es desesperante,
y entenderte, con los ojos cerrados, imaginándome
que es posible verte al abrirlos.

No soporto el no tenerte, el no tocarte.
El darme cuenta de que estoy exagerando.

Pero...

Dios mío, te quiero.
No existe mujer.
Solo voces de cernícalos gritando
que en cualquier lado, eternamente
a todas horas
vamos a desnudarnos la mente.

Ya no se me ocurren muchas más cosas
que explicarte.
Para cuando vuelvas, tienes una lista llena de razones
de porque sin ti el tiempo es perdido.
Lo de las tapas de la cocacola, que me di cuenta ayer,
y las patitas de chinchilla
que me las veo todos los días.

Hay un post-it en mi mesa que dice
dos meses.

Vamos entonces, a perder la cuenta,
perdiéndonos.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.