martes, 9 de febrero de 2010

En otra vida, te lo prometo.

Un día se volvió loco y no quiso saber nunca más del mundo.
Tenía barba de dos días, era rubio, alto, de espaldas grandes y fuertes.
También tenía los ojos azules, aunque para mí todos los rubios tengan los ojos azules, especifico.
Igual los veo negros o marrones o verdes que siempre pensaré que son azules.
Y la locura, se volvió con él, loca.

Aquel martes estuvo en potencia de levantarse temprano. El orden era importante, pero como no lo era tanto, decidió atrasar media hora más el reloj y así hasta que fueron las doce.
Se levantó aturdido, el dormir mucho le daba dolor de cabeza. Las bases biológicas de esa reacción al exceso de sueño, al empalmarse al verla, al volverse loco al besarla, se las sabía casi todas, y aun así, se seguía sorprendiendo de que eso pasara de verdad en la vida real.
Quizás en otra vida, en otra época, consiguiera descubrirla. Ella sabía que existía, solo le faltaba ese empujón de varios millones de años luz para que se encontrasen en el mismo instante, en el mismo sitio, con las mismas ganas de siempre, aunque no se conocieran de nada.

Quizás fuera porque tenía los ojos azules, que la primera vez que se la cruzó por delante ella ni lo miró.
La segunda, era evidente el deterioro de aquella cara, de estar días descubriéndose la mugre del ombligo mientras le crecía una barba rubia y un poco despoblada por su cara. Por eso fue la segunda y no la tercera.
Le salvó parecer un loco. Suerte que ya lo era.

A él le gustó desde el primer momento. Todo ese rollo de desentonar de entre la gente pero al mismo tiempo, si no hubiera sido porque era la única que en un día de lluvia iba en manga corta, ni se hubiera dado cuenta de que por fin la chica de su vida estaba allí, desentonando a su lado.
Ella nunca supo cantar bien, pero como lo hacía de corazón… había que haberla visto recorrerse el mundo con estas piernas tan pequeñas.
Llevaba unas zapatillas de colores muy llamativos. Una camiseta de un color desconcertante, cuanto menos, unos vaqueros y aparatos.

Era para haberlo matado.

Él esperaba a que pasase algo, cansado de ir, de clase en clase a fumar y ella buscaba alguna respuesta a un futuro que cada vez venía con más escándalo, pero dejándola, aun, dormir la siesta.
Es de esas locuras que ocurren una sola vez en la vida.

-Hola.
-Hola.

Y listo.
El resto me lo voy a imaginar cada noche diferente para no aburrirme al dejarme dormir.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.