jueves, 18 de febrero de 2010

Paraguas amarillos.

Mensajes secretos.

Algún día querría protegerme de la lluvia con un paraguas amarillo.
Con tu paraguas amarillo.
Estoy segura de que nunca es tarde
para un buen abrazo.
El tiempo y esas cosas.
Las hormonas han dejado la guerra, ahora me duele todo. Mañana más y mejor.
Tendré dibujos de colores verdes y violetas.
Me han dado varias palizas hoy y no han sido puñetazos lo que ha hecho que me muera de dolor esta noche.
Bueno, un poco sí, pero yo nunca me quejo.
Aunque esté incómoda en la cama, prefiero arreglar las cosas antes que ponerme a dormir
y soñar que la nada es el todo.
¿Y dónde quedó el viceversa?

Yo también fumo en la terraza del hotel. Pena de mí y pena de ti.
Cambiar el mundo pero ser tan orgullosa. Nadie me puede ayudar porque no necesito ayuda.
Hay polvos tan fáciles que me dan alergia.
Hay ganas de perder la calma porque si no, no me lo explico.
Los celos y las envidias.
A mí me han hecho fuerte a veces
me han matado otras tantas. Pero joder, aquí estoy.

Creo que me da igual lo que piensen de mí los demás.
El problema ahora es lo que pienso yo sobre mí.
Eso de ser un lobo para nosotros mismo. La sabiduría, el no saber aprovechar las oportunidades.

Tengo ganas de descansar.
He cambiado las sábanas por las que a ti te gustan.
A buenas horas mangas verdes.
Creo que nadie había sabido tanto de mí como tú y ni yo lo supe valorar
ni tú supiste entenderlo.
La práctica, los suspensos. Joder, ya no quiero que me follen el alma.
No hay nada de espiritual en saberse a sí misma.
De qué me vale saberlo todo si no hago nada para cambiarlo. Qué le pasa al mundo
que se ha vuelto tan loco en tan poco tiempo. Qué le pasa que por arte de magia a desaparecido.
Lo que yo era, lo que jamás seré. El ahora será siempre el ayer de todos los minutos. Un efímero momento del que no te das ni cuenta que sucede
hasta que lo pierdes de vista.
La felicidad.

Hay promesas que iban más allá de ir hasta el fin del mundo por mí, por ti.
Sinceramente, lo literal siempre me ha importado poco. No entiendo el mundo como tal.
Hay sentimientos que la razón no puede alcanzar, por muy racional que intente ser.

Soy así, joder.
Me encanta el sexo. No entiendo el pudor a hablar de él, de hacerlo, de verlo, de interesarse por él y sin embargo me moría de vergüenza al hacerlo las primeras veces contigo.
¿Qué coño le pasa a mi mente?
De qué va esta guerra de contrariedades que me atormenta constantemente. Por qué si sé qué es lo que me haría feliz no lo hago.
Supongo que también cuenta que mucho antes de llegar tú yo era una poeta y no una persona cualquiera.
Mi vida en letras.
Supongo que lo sabías todo pero se te olvidó aprobar la práctica.

Por eso sé que existe el destino y los paraguas amarillos.

Nos vemos en junio.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.