jueves, 25 de marzo de 2010

Casi dioses.


Las luces se vuelven azules
solo si se posan en tu cuerpo.
Aquella noche nos drogamos
de promesas y eternidades.
La caricias valían su peso en oro
y nunca caían al suelo
los besos que no nos dimos.

Era por la tarde aun cuando te conocí
y de pronto
veinte céntimos fue la barrera que separó
nuestras manos aquella noche.
Los tranvías se escapaban a escondidas,
nadie sabía nada
pero aquel día
la suerte se puso de mi lado.

Durante toda una noche me pregunté
quién eras y por qué habías aparecido
y cuando me quise dar cuenta
estabas envuelta en sábanas,
mi cama te arropó sobre las dos de la mañana
después de habernos escapado
y creernos las mentiras
que nos inventamos
para quedarnos caladas hasta los huesos
de tanto querernos, luego.

Cuando dos alientos confluyen
y se respira el calor de la sangre de cada una.
El amor que no se llama así del todo
y las cosas que pasaban entre silencio y silencio.
No me acuerdo de cómo eran los besos que me diste
porque no eran de tu boca.
Ahora soy distinta
y siento, a veces, que parte de mí
acaba cayendo en el tópico
de “no es nada sin ti”.
Jorge Drexler ayudaba cuando las palabras
se iban corriendo.
Cuando dejaste de ser aquella chica
para ser mi chica
y tu boca me terminó encantando
y entendí
que tus dientes son pequeños
para hacer dulces las mordidas.

Las curvas
y contemplar el arte entre mis manos,
dándome la espalda en mi propia cama.
Tú jamás lo entenderás
porque no estuviste allí
mirándote como lo hacía yo
mientras te dejabas dormir
olvidándote de mí.

Hasta hace nada pensaba
que esto sería fácil de solucionar.
No le di la importancia suficiente
y justo cuando menos lo esperaba,
me enamoré.
La vida y sus complicaciones,
las letras
y llorar con la luz encendida
mientras me mirabas.
No te voy a mirar a la cara,
nunca lo hice
pero aun así,
conseguiste que me agarrara con tanta fuerza a ti
que podía sentirte.

Mis dedos recorriendo tu pelo.
No encuentro más placer que ese.

Luego te despediste de mí.
El gato se acomodaba en la mesa de la entrada,
tu cuadro de cuando tenías siete años,
con esa firma tan rara,
el calendario con la foto de tus hermanos,
y la cosa esa rosa colgada en un gancho.
El espejo, el plato lleno de llaves
tu camiseta de amor gatuno.

Conseguí acordarme de todo
menos de lo más importante.

Aquella noche nos hicimos amigas.
Nos contamos los infinitos y las caídas
y seguí pensando
que me hubiera gustado haberte conocido
desde el principio.

Quizás por ese afán de protagonismo
o porque el resto dejó de ser importante.
Te quiero y te lo dije.
Mientras mi estómago se vaciaba
e intentaba no ponerme a llorar.
Ahora todas las canciones te llevan dentro.

Volveremos a vernos
y dejaré que te bañes conmigo
para terminar por el principio.

Y acabar como en todos los cuentos:

escalando por las faldas de una princesa
de largo cabello
y collares de colores sacados de la cola de un pavo real.
Huele a verano,
¿no te parece suficiente señal?

Aquella tarde encontré el rayo verde:
Las luces azules solo se posan en tu cuerpo
para hacerme señales desde tierra.
Hoy quiero encallar en ti,
mar adentro.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.