domingo, 7 de marzo de 2010

La nimiedad.




Las cosas que me suelen gustar son, casi siempre, las más simples nimiedades, como cuando llueve y puedo compartirlo contigo, o mojarnos y que me digas que cierre los ojos y me beses. Una caricia normalmente vale más que cualquier mirada. Te creo.
No me gustan las locuras ni que me sorprendan cuando estoy enfadada. Sentir que debo hacer algo y no llevarlo a cabo.
Pero si estás allí conmigo es mucho más fácil partirse las piernas corriendo detrás de un carrito de la compra. Quizás cayeron varios rayos. Anoche llovió mientras nosotras nos divertíamos.
Es genial cambiar el rollito y sentir que quizás el problema sea tomárnoslo todo tan a pecho. Tranquila, vale, me encanta cuando te ríes por algo que yo digo o hago. Que seas un pavo real, de la plebe, que me quieras aunque no tal como soy. Tal como tú me ves.
Me gusta decirte que nos levantemos a comer a las cuatro de la tarde y cuando consigo que te levantes, cogerte de la cintura y arrastrarte de nuevo a la cama. Frío o calor tú siempre vas a saber como espantar un par de pelos.

Eres genial tal cual. Cuando me dejas notitas por el cuarto, cuando te mueres de frío, cuando me dices esas cosas con esa voz y esa cara. Todas esas cosas, que no me había dado cuenta pero las echaba en falta.
El quererte y sin tocarte sentir que te tengo tan dentro de mí como cualquier órgano vital: el estómago que es tu verdadero corazón.
Me gusta que pienses lo primero que pienso yo cuando digo pene.
Me gusta no reconocer que la música de gente alternativa y fea que solo tú conoces me gusta. Me caes bien, creo que seríamos grandes amigas si nos lo propusiésemos.
Me gusta ser un animalito diferente cada vez que la marea se nos lleva la madriguera. Esta vez escalaremos un árbol. Esta mañana te abrazaste a mí como un koala. Vamos a cortarnos las uñas primero, también, para no hacernos daño.

Serás de esas pocas personas que sepan qué voy a hacer o qué estoy pensando en cada momento aunque te diga que no, que dejes de flipar y todas esas cosas que se dicen cuando no somos capaces de admitir que estamos caladas hasta los huesos.
Para mi la expresión máxima del amor son los pedo. A ti no te importa donde sea.
Anoche fuiste a ciegas y yo hubiera preferido llevarte a una playa pero vivo lejos del mar, relativamente hablando. Caminar no es lo mío. Improvisar tampoco.
Y respirabas fuerte y no teníamos que besarnos pero lo hicimos como hacemos el resto de cosas que no debemos. Eres especial y supongo que eso es lo que hace que me haya fijado en todos tus desequilibrios. Que danzas desnuda, descalza intentando no caerte y a mi me gusta soplar fuerte y tenerte entre mis brazos a ratitos.

Hay cosas que sé y no me gustan, pero supongo que casi siempre acaba pesando más el quererte que el saber todo eso.
Y no me arrepiento de mi pasado, ni del tuyo. Nos vimos hace tiempo y ni nos fijamos. Quizás hayamos estado juntas mucho antes de darnos cuenta. Es genial darse cuenta de que vivimos una especie de historia que queda muy bien en la tele.
Me gusta saber que contigo, todas las cosas que he aprendido no sirven de nada. El reinventarme el juego una y otra vez porque si por un lado no se puede, ya habrán mil maneras diferentes de salir de aquí.

Me gusta saber que no somos medias naranjas.
Quizás eso sea lo realmente bonito.
Convertirme en una niña a tu lado.
Que las apariencias me hayan dejado de importar tanto.
Hacer las cosas porque a mi me gustan y no para que le gusten al resto.

Eres chachi y yo también.

¿Cuál es el problema, entonces?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Guau!


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.