martes, 23 de marzo de 2010

Siete en la escala Richter



Piel con piel
es la fricción de continentes,
todos los terremotos
que fueron culpa nuestra
ahora hacen tormentas.
A fuera, tras las puertas
el paraíso deja de oler tan bien.

En un intento de escaparme
mis manos aprisionaron las tuyas
mientras aquellos temblores me rompían los huesos.
Las montañas rusas empezaron a perder
todos los tornillos.
Después vino el desastre,
se nos perdieron la bocas
y esta boca ya no es mía.

Antes, mientras fumaba
me di cuenta de que estar triste
es la cosa más triste que he descubierto
por ahora.
Todo empezó así para que terminara
y me encontraras,
por qué no iba a comprender las señales
que buenas o malas
atacan
y
están ahí fuera,
esperando.

Estimo que hasta al ascensor
el número de la suerte
es el mismo número de pasos
que hay en una despedida
para siempre.
Sie-n-te-s.

Cuando no hacía falta quitarte el vestido
para encontrar las catástrofes en la palma
de mi mano.
Cuando el mundo estaba hecho para mí,
las calles eran mías
y a cada paso que daba
todos allí sabían que era yo
la que guardaba las estrellas en su sitio
cada mañana.

Supongo que también fui yo
quien desgastó epiteliales
para que esto saliera mal
o del revés.
Esto tenía que ser diferente
y sin pensarlo

el mundo es tuyo
si tú me lo pides.
Si tan solo con un beso
me cierras los ojos
y resquebrajas el miedo,
el mundo es tuyo
abierto de par en par
lo justo para que entren las Pesadillas
y se oigan desde el pasillo
mis buenas noches, bonita,
mis buenos días, princesa.

Tu boca y la mía
que nunca fueron nuestras.
Mi lengua se pierde
entre infinidad de palabras
gritando a veces, que te quiere ver,
ser parte de tu saliva, recorrer
con un solo suspiro
todas las cosas bonitas,
desde un bostezo
hasta un “hoy tengo ganas de ti, paso de entrar a clase”.

El mundo se acabó
el día que aprendimos
que no éramos el plan perfecto.
Aun así,
quizás dentro de un rato
vuelva a sentir alguno de esos seísmos
de cuando no me hacía falta quitarte la ropa
para verte desnuda.

Para verte.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.