sábado, 24 de abril de 2010

C'est fini.

Se le caían los mocos y los pantalones, a veces los ojos a la altura de algunos pechos, a veces sus propios pechos.
Su pelo sin lavar de tres días siempre le gustó mucho más que limpio y sedoso. No le gustaba esperar pero alargaba los momentos hasta el límite. Soñaba con agua y sitios increíbles y un momento podía cambiarlo todo. Un segundo, una canción.
Cuatro copas de ron no le hacían nada pero dos cervezas la volvían loca. Estuvo borracha mucho tiempo durante todo el rato y durante todo el rato sentía que había perdido algo. El norte.
Tenía secretos y a veces los contaba todos a todo el mundo. Una jaula enorme donde la perseguían los fantasmas y tres mil horas por delante, todas ellas para no usarlas. Lo necesitaba todo y todo siempre era poco, pero un día le dieron algo más y supo lo que era el conformarse. Cuando no se puede, no se puede, chica.

No supo enfrentarse a la gente y por eso odiaba los funerales. Evitaba a toda costa los sitios donde tenía que saludar a personas que ni conocía, decir cosas que no sentía y quedarse callada sintiéndose fuera de lugar.
En menos de un mes murieron dos de sus familiares y no sintió casi nada. No trataba mucho con ellos y además estos estaban enfermos terminales… Ser racional en un funeral no sienta bien.
Está bien, no sé… no es que la gente se merezca morir pero “así es la vida, ahora estarán descansando, así es mucho mejor”. Odiaba las frases hechas.
Estaba contenta y triste. Hacía falta que alguien muriera para ver a la familia reunida.
De pronto se le vinieron a la mente un centenar de recuerdos de su infancia. Las carreras de bici en la calle y jugar al tenis con una red rota y el olor a campo que ahora es sustituido por gente y casas.
Le da pena y nadie lo entiende.
Le tiene cariño a unas plantas, uno de sus sueños de juventud y no se las quiere fumar. Necesita dinero y se queja todo el rato pero nunca hace nada. La gente habla de crisis y ella piensa en el crack del 29. Tiene miedo pero sigue gastando ochenta euros mensuales en teléfono. Ahora dice que se quiere pasar a Yoigo por si consigue que las cosas cambien.

Su vehemencia la tiene cogida por el pescuezo y no sabe hacer las cosas bien a la primera. Estilo propio, marca de la casa, edición limitada.
Lo bueno es que sabe que se equivoca aunque de puertas para a fuera le cueste reconocerlo. Lo bueno es que se equivoca.
Siente mucho más de lo que dice sentir y quiere muchísimo más de lo que dice querer pero a veces sería una mala hermana adrede, una mala amiga adrede, una mala hija adrede, una mala novia adrede. A veces le sería infiel hasta a ella misma y eso le da miedo, casi tanto como las películas donde ponen esa música tan inquietante.

Ahora tiene la cabeza ocupada. No quiere llegar al punto en el que tenga que ocuparla inventándose historias. Conoce a la gente desde el principio y no le gustan nada las sorpresas. Se siente como en deuda y no entiende que hay cosas que son gratuitas en el mundo. Por eso cree que le debe la mitad del viaje.
Pierde los papeles, no ha empezado a estudiar y no se interesa mucho por lo que en teoría le gusta. Culpa al sistema educativo por su actitud de sentir que nada valga la pena, de mediocre y culpa también a sus padres de que no pudiera ser la mejor de los tres. La mejor para ellos. La mejor.

Siempre se pone enferma, todo le va a la garganta y al estómago aunque casi nunca ha sido tan grave como para decir que es una enferma. Simplemente es una floja y le gusta quejarse de vez en cuando. Ser el centro de atención un poco.

Termina odiando las canciones que pone en su despertador y por eso ahora usa las que no le gustan tanto para no sentirse mal cuando las empiece a odiar.
A veces se arrepiente de su tatuaje pero termina pensando que en algún momento la vida volverá a ser verde, como el principio, como siempre.
Ya no le gusta ir en moto.
No le gusta salir.
No le gusta beber.

Ya no le gusta casi nada.

Estoy triste por ella y ella por mí también.
Ambas nos echamos de menos, supongo.
Y por eso escuchamos canciones tristes, para revolcarnos aun más en nuestra única e idéntica soledad.

c’est fini.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.