sábado, 17 de abril de 2010

DD.MM.AA


El día que te empecé a querer
supongo, por teorizarlo todo un poco,
aposté más de lo que podía perder.
Gasté horas
y aun sigo en ello
por entender de qué iba esto,
de si realmente ibas a ser importante,
de si todo el esfuerzo valdría la pena.

El día que me enamoré de ti no tiene fecha.
Pero sé que existió en algún momento,
sé que mi cerebro empezó un buen día o una buena noche
a derramar por fuera todo lo importante
y llenarlo todo de dopamina.

El día que me dejé llevar,
que te conté parte de mis secretos sin darme cuenta.
El día que lloré a tu lado con la luz encendida,
ese día me dejé vencer.
Lo siento, para mí esto es un juego, una pelea,
y siempre intento ir más allá, saber quién ganará.

El día que perdí el control
me quise arrancar la piel a tiras
para demostrarme que nada podía dolerme ya.
Todas las partes buenas
tienen su parte mala.
Mi plan era besarte hasta cansarnos
pero a la vez, estar en la misma onda, ya sabes.

El día que lo dejé todo
todo vino a por mí.

Empecé perdiendo el sueño,
comiendo de más.
Traté de manipular lo imposible,
me enjuagué en lágrimas el alma
a sabiendas de que daría pena
y en el preciso instante
te aparté a base de orgullo.
Me dediqué a echarte en cara cosas
que sabía que no debía mencionar,
me defendí atacándote,
te dije que me iba y jamás supe como cerrar
aquellas heridas sin echarme atrás con ello.

Las cosas que me empiezan a molestar,
las que intento arreglar,
los planes que me trazo día a día
para que vuelvas a tener catorce años conmigo
sin ser yo.
Yo no era así.
Esto no tenía que ser así.

El día que me enseñaron las bases biológicas del amor
creí como nunca antes en él.
Supongo que por lo de, lo bueno si breve dos veces y tres.
O la resignación. Quizás fuera eso y no otra cosa,
lo que me hizo entender
que las cosas buenas son esa clase de acontecimientos
que no duran siempre
pero
se recuerdan para toda la vida.

Y créeme,
la mitad de mis recuerdos son buenos.
La otra mitad
son
parte de lo que soy.

Se me ocurrió que fuéramos instrumentos
pero justo ese día
no tenía papel,
no tenía tinta,
no tenía ritmo.

Ayer me entró agua en el oído.
Qué incómodo es soportar algo
que sabes que podías haber evitado
desde el principio.

¿Lo entiendes ahora?
Yo sí.

1 comentario:

Befree dijo...

Anananana...
miniñiti.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.