lunes, 5 de abril de 2010

Popipú.


Las cosas en su sitio, como las cajas y los muebles.
Nunca más me ofrezco voluntaria para montar muebles de Ikea. Odio a los suecos y a los países suecos y a la gente que se enfada sin sentido y no sabe parar hasta que para.
No voy a volver a hacerlo si tú me prometes que me vas a querer hasta el final. Siempre.
No tengo dinero para una chinchilla. Pero dejaría que me metiesen en la cárcel por hacerte feliz.
Cuando las cosas no pueden ir peor, irán mejor. Casi siempre.

Hay ciertos polvos que no me dan alergia
y me encanta subir sola en el ascensor y acordarme de ti. La próxima vez te doy la vuelta y nos volvemos un poco más locas que ayer.
Tu nueva habitación tiene un balcón enorme y por las mañana, en esa cama, me siento en un continuo de felicidad. Ya no tengo necesidad de inventarme historias bonitas. Por fin tengo entre mis manos una historia... la historia más bonita del universo.

No cambio tus besos por nada. Quédate conmigo, aun tengo un poco más de paciencia para ofrecerte.

Desgastarnos, precisamente. Hemos vuelto de todas las maneras. Que colcha más bonita y qué gatos más locos.

Popipú o cómo se diga, es la del medio, primero Palomita y luego no sé... Ani Hall o cómo se escriba.

Pd: Gracias por las fichas del póker. Tienes razón, soy una egoísta.
Pd2: Ojalá todas las cosas que pensé cuando todo iba mal, no las haya pensado nunca. Me consuela pensar que no las sentía de verdad.
Pd3: Te quiero a pesar de tener un asma de caballo. ¡CABALLO!

Hasta mañana, amor.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.