sábado, 29 de mayo de 2010

El circo.

En el circo todos eran raros y a mi me daban miedo
aunque nunca hubiera entrado a uno.
Es lo que pasa con las malas noticias,
que me desenroscan el estómago.

Todos eran o muy altos o muy bajos
o muy peludos
o sin nada de pelo.
O muy flexibles
o duros como una vara de hierro.
Tenían siempre cosas que contar.
Cosas qué hacer.
Vidas por vivir,
porque allí, en aquel circo
todos habían sido algo antes de ser quienes eran ahora.

Y yo tengo miedo a vivir en mitad de un desierto
y de no encontrarme calentita
cuando en la barriga de alguien se oyen tripas estrujándose.
Déjalas que se abracen.

Es lo que pasa también, con el amor, no?
Unos tienen hambre, otros también y
al final terminan por comerse.
De pe a pa,
palabras con guiños.
Ojalá pudiera explicarlo, pero
yo ya estoy tan llena de tanta comida
que mis tripas
dejan de caber
dentro de mi.

Y es raro, porque siempre pensé que nos diferenciaban
las prioridades.
Y es raro, muy raro estar en este circo teniéndole
no miedo, sino asco
a los payasos.

Y es raro que tuviera ganas de cambiarlo todo
y darme cuenta de que como en los genes,
hay cosas que se nos quedan grabadas de por vida.

Y no puedo cambiar este circo,
no puedo desandar todo el recorrido
y tampoco puedo hacerte sentir mejor
porque yo ya no siento nada.

O al menos así sería muchísimo más fácil,
muchísimo mejor.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.