martes, 4 de mayo de 2010

El ocho.



Hagamos el ocho,
tendámonos al sol
después de estar toda la mañana en remojo.
Hagámoslo sin pensar,
dando vueltas por la cama.
Una de sal
y otra de playa.
Vámonos lejos en un segundo.
Veo como cierras los ojos y te retuerces.
Tú me dices que has visto como cierro los ojos
teniéndolos muy abiertos
y me retuerzo al mismo tiempo.

Hagamos un vals con nuestros latidos,
bailemos breakdance al más puro estilo libre
metiendo cabezas entre las piernas
y caigámonos de la alegría
al suelo.
Juguemos a escondernos tras las heridas
y saltemos al vacío desde nuestros besos.

Joder, eres preciosa, en este bar,
en esta cama de estudiantes,
en este trayecto en bus.
Eres jodidamente bonita
y duele.
Da miedo porque todos esos huecos
que has conseguido llenar
puedes vaciarlos en un segundo
y eso da muchísimo miedo,
pero confío en ti y tú me conoces.
Aunque lloremos de pena juntas,
aunque no nos den los minutos para
la felicidad.

Estamos juntas.
Después de tantas batallas,
de golpearnos donde más nos dolía.
Tenías razón:
No hacemos fuerte juntas.

Todos los esfuerzos han merecido la pena
y joder, joder, joder…
La chica, el ocho, la vida.
Me haces genial.
Así tan natural,
con esta cara de idiota,
con estos pelos y esta ropa.
Así, tan normal…

No saber dormir si no es a tu lado.
No saber donde está el control,
los límites,
el amor.
Que lo guardamos todo debajo del colchón
y pronto nos escaparemos.
En cada sueño, mi amor.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.