viernes, 11 de junio de 2010

Suena un piano.

Me gusta el sonido que hace un piano
al cantar.
Me desenvuelve y aparezco abierta en canal
a las dos de la madrugada.
Hay un hilo de sangre corriendo hacia fuera,
entre el espacio que queda entre la puerta y el suelo.

Las costillas y todas mis vísceras.
Me recuerdo a mi misma a los conejos que mataban
para las fiestas del pueblo.
Con la cabeza hacia a un lado,
así todo el mundo parece santo.
Divino, mártir.

Las venas se retuercen
hasta que dejan de hacerlo
y mis ojos se quedan abiertos.
Tocando el suelo con la respiración.
Eso es lo que pasa cuando la melodía de un piano
aparece
a las dos de la madrugada en mi habitación.

Que te echo en falta
y te doy por perdida.
Que me abro en canal todas las virtudes
para matarlas a culpabilidades.
Y es como si hiciera frío de nuevo,
como si nada de lo que escribiese a otras personas
tuviera sentido.
Es como si no me quisiera ir jamás de ti.

Me da miedo empezar a querer a otra piel
porque durante todo este tiempo
era en la tuya en la que me perdía noches enteras.

Entonces me imagino que jamás nos fuimos
y me dejo dormir
porque cuando suena un piano a esas horas de la noche
lo único en lo que pienso es en tenerte cerca
aunque seamos tóxicas la una para la otra.
Aunque nos envenenemos.

Y no quiero nada,
no me des nada si no es una cuenta atrás,
un volver al principio
un vivir el momento ahora mismo
y no el momento que desperdicié
mientras tú me amabas.

Anoche me di cuenta de que ese día sí que llegaría
y tú ni siquiera te diste cuenta.
Aunque me lo hubieses escrito meses antes.
Tú jamás pensaste que eso pasaría de verdad.

Y si te soy sincera,
yo tampoco me paré a pensarlo mucho.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.