viernes, 27 de agosto de 2010

El secreto.



Con el paso del tiempo acabas dándote cuenta
de que
no hay muchas más palabras que sirvan,
entonces
investigas y encuentras
sensaciones
y quieres describirlas pero
se te traba la lengua y justo en la cima
te empujan

pum

Los atropellos del tiempo.
Dolor de oídos, música alta
y ojalá fuera de madrugada
para que vieran lo loca que estoy.
Que no me toquen, que no me toquen,
que estoy mu loca, mu loca.

Luego me imagino fuera y me veo muy pedo
y tarareando una canción intentando no derramar
el vaso.
Las cosas más oscuras terminan siendo
luces naranja
y la sonrisa de
ey, mira, yo pertenezco a todo esto.
Y no porque me lo merezca,
simplemente porque mis historias estaban allí guardadas
esperando a que nadie las recordase.
Solo yo al pasar rápido.
Mu rápido.

Nunca se me dieron bien los secretos.
Faltamos esos días a clase
y sabían ricos los trozos de pizza por la mañana.
Los kilos que he ido coleccionando,
lunares de más,
el trastero lleno de ropa vieja.
Pero permanezco.
Estoy aquí en continuo cambio,
entre subidones,
bajones,
nervios buenos y malos
y
¿te cuento un secreto?
No se guardar ninguno.

Pero luego me ven con esa cara que dicen que tengo,
de inspirar confianza
y a mi me da un poco por el culo pero
hoy es viernes.
¿A quién coño le importan esas cosas?

Al fin y al cabo,
llevarse algo a la tumba
es
sin ir más lejos
tener menos sitio para ti en el ataúd.

(joder que faena, ataúd es una palabra feísima)

De resto, vale,
atenerse a las consecuencias.
Porque si no lo dices ahora
no lo vas a poder hacer nunca
y eso es una mierda.

Y no. Todo eso no se olvida.
Pero sí que se perdona.

Boba.

jueves, 26 de agosto de 2010

Cáscaras de filosofía.



Cuando dices eso de fluir y la gente te llama jipi
o
que las cosas pasan por alguna razón
y hay quien mata por esa filosofía.
Como dice Drexler, todo se transforma
solo que
muchos estamos acostumbrados
a
la generación espontánea
y no.

No van así las cosas.

Te prometo que si tuviera dinero,
esta ronda la pagabas tú.
Hay puntos en la vida de las personas
en las que se las ha exprimido tanto
que solo queda
la cáscara.

Que me cuentes tus movidas
y me suene tanto que busque el botón de
saltar pista.
Quiero bailar, quiero follar,
quiero beber y drogarme
y tú no estarás ahí para verlo.
Será una especie de clímax decadente
pero me lo pasaré muchísimo mejor
que corriendo tras un tranvía
para al final arrepentirme de todas esas decisiones
que
transformaron partes de mi vida
en
cáscaras.

De todos modos,
con el optimismo puesto encima,
las cáscaras alimentan a animales,
sirven de abono a las plantas
y
en consecuencia,
oxígeno,
alimentos.
Transformación de toda la basura
en una lección en la que esperas no volver a errar.

Y si las cosas no ocurrieran como están previstas
sería igual, sería lo mismo.
Enserio, te lo prometo.
Pero si
las cosas que ocurrieran fueran distintas
y
supiéramos llevarlas
nada sería igual.
Enserio, te lo prometo.

lunes, 23 de agosto de 2010

El verano.


Las cosas del verano,
los ciclos vitales haciendo el pino,
las horas que no importan,
los sueños en el sillón,
las cervezas los jueves,
los viernes,
los sábados,
los lunes,
los martes,
los miércoles,
y de vuelta
los jueves que comienzan a ser los nuevos viernes.

Las camareras de los bares
y las cañas gratis
porque has caído bien o porque vas tan puesta
que con una más a lo mejor das menos pena,
quizás, más gracia.
El sol por las mañanas
las nubes por la tarde,
esta ciudad húmeda
a la que no le falta ni le sobra esquinas.
Putas sí,
pero de las de por amor al arte, ya se sabe.

La gente que no sabe conducir
y las rotondas donde se encuentra la gente que no sabe conducir.
El destino
y las fiestas de mi barrio a finales de mes.
El sur y todas las drogas que nos apetezcan.
El amor
o
el no amor.
Las despedidas con los ojos cerrados.
El “si no me encuentro contigo hoy no me entero de que te vas mañana”,
las putadas,
los amigos.
Los que se van y los que vienen y los que se van acurrucando
poco a poco
con cariño
y te llamo porque me siento mal y me sale de los cojones.

Mis plantas que no crecían porque las macetas eran muy pequeñas
y ahora me va a dar pena tener que fumármelas.
El calorcito,
los ombligos.
Las espirales cuando estamos bien,
el infinito para recordar cómo éramos
cuando aun
existíamos.
La lluvia en el cristal del casco,
la moto que no arranca con el frío de por las noches,
gastar gasolina,
y a toda mecha, adelantar hasta al tiempo
y mirar el velocímetro
y a setenta por hora
la vida se vive con muchísima más intensidad.

Quieres dar una vuelta, son las dos de la madrugada
y no importa.
Toque al móvil, cojo las cosas y bajo.
Hay cosas que saben mucho mejor si no se planean.
¿Quieres verme? En quince minutos estoy en tu casa
planeando el asalto al castillo, y como todo lo planeado,
que mal me ha salido.

Quererte con rabia en los días menstruacionales
y no saber cómo arreglar algo con tan poco tiempo
de ventaja.
Empezar a echarte de menos desde ya
y
olvidarme de cómo se disfrutaba de esas cosillas,
porque te has ido de viaje y me tienes que refrescar la memoria.
Quererte con amor
y lágrimas
y entristecerme el alma
la alegría del estar tan bien contigo.

Los mosquitos (y sus hembras),
mi gata al lado del ventilador,
mi gata tomando el sol,
mi gata.

Como cuando llega abril y huele a verde,
igual que cuando llega finales de agosto
que huele a ese noséqué que tanto me gusta
y mamá cumple años
y la vida se ve diferente porque
las cosas del verano
tienen eso de los ciclos haciendo el pino
y el sueño cambiado
y todo en general.
Todo cambiado.

Pero extrañamente, igual que siempre.

sábado, 21 de agosto de 2010

Pensamientos soviéticos.

No me queda claro. ¿De dónde sacamos las fuerzas para seguir destrozándonos?
Quizás dentro de mi pecho, ese dolor fuera una central nuclear.
Explotando.
Quizás ya no quede nada
y
todo esté por venir.
Porvenir.

lunes, 16 de agosto de 2010

Dobladas.



Podrán caer dobladas
mientras sentada observo
como tarde o temprano acabaremos devorándolas.
Nunca he pertenecido a ningún grupo de amigos
pero hasta en el infierno

tengo
y

como costumbre encariñarme solo de las cosas,
así aprendí que las personas
se van, se van, se van.
Cosas que pasan, no sé,
tómate otra cerveza, hablemos,
te quieres largar y lo entiendo
pero
quiero que el aburrimiento se nos estire un poquito más
a ver qué pasa.

Es agosto todavía
y pensamos en todas las movidas del invierno,
en el frío que no lo soporto
y en qué ojalá me pudiera ir de aquí
a echarlos a todos de menos.
Suele pasar con las personas
que cuando tienen algo quieren lo otro
y siempre falta algo,
siempre algo no está del todo en su sitio.

Ir a toda velocidad teniendo miedo
y luego echar en falta esas sensación
de doble o nada,
de ahora o nunca.
Y estar esperando todo el rato a que suceda algo
y cuando pasa
no darnos ni cuenta.

La vida se nos está escapando,
a todas horas el tiempo vuelta
y nosotros seguimos pensando en que está todo controlado,
en el descontrol, en los desfases, en lo correcto,
mientras yo sentada,
comiéndome mis marrones,
veo verde la vida
y dobladas
las pollas.

jueves, 12 de agosto de 2010

Daremos la vuelta.



Sentirse agujereada por millones de estrellas
que quizás
ya hayan muerto.
Sentir tu respiración al otro lado del océano,
cerrar los ojos, dormir.
Es el ritual.
Respirar fuerte y aguantar el aire como si fuera humo.

Por eso todas las mentiras que jamás te creíste
me sirven de castigo.
Esta noche no se sale
porque no te he cenado, ni te he desayunado
ni
he dormido en ti.

Resulta que cuanto menos me queda
más late todo ese montón de cosas
que casi desperdiciamos, dentro de mí.
Y sé que no será en otra vida,
pero habrán pasado muchas cosas entre las dos
como para empezar a marchitarnos
al vernos,
así que sonreiremos.

Te invito a tarta,
de manzana, claro.
¿Quieres mi cocacola?, no me la voy a terminar,
quítate eso, te queda fatal
y ven a la cama que tengo calor y frío
y ganas de comer
y el estómago lleno.

¿Quieres un invierno?
Te daré el mejor frío de la temporada.
Y nuestra vida se resumirá
en un echar de menos continuo
y me tatuare el infinito
para que no te me olvides jamás.

Dimos la vuelta y me dará pena
que para ese entonces tú estés tan lejos.
Estarás a un avión y un tren de distancia
y no sé cómo me las voy a apañar. No lo sé.

De todos modos, mañana estaré clavada en el suelo
pensando en que era mejor no compartir
esa noche juntas.
Te espero. Estaré aquí, así que ven cuando quieras.

Pero ven.

lunes, 9 de agosto de 2010

diez



Ocho días son muchos días.
Muchos, muchos y redondos días.

8.8.10

jueves, 5 de agosto de 2010

Las hembras de los mosquitos.



Había alcohol y había humo y música y se me ocurrió pensar
que tal vez
las drogas solo hicieran su verdadero efecto
en aquellos que de verdad merecían la pena.

Sentada frente a mi mediocridad
me imaginé que también él había tenido la misma suerte
que yo
y entre voces
descubrimos la piedra filosofal
de un mechero.

Era de esas veces en las que te levantabas
igual que te acostabas.
Unos ojos que no dan más de sí
y millones de chicas desnudándose en la imaginación,
aguardando a que sucumbiésemos
a lo de siempre.
El sueño.

Había un millón de ganas de ser libres,
pero la astucia se ralentizaba
y nos escondimos debajo de sábanas
creyendo ser más fuertes,
esperando a que se largaran.
Las hembras de mosquito
como todas las hembras
te rompen las noches,
y a veces en vela
deseas que vuelvan.
Unas para vengarte por todas aquellas veces
y otras
para no aburrirnos
estando tan solos.

Aun sigo creyendo en la suerte
de a poquito,
en la sonrisa de los animales
y en que todas esas cosas que no vemos
tienen un lenguaje y un idioma
distinto al nuestro,
pero existente en su paralelo universo,
como distante, como callado.

Es esa paranoia de dormirte pensando
en que cuando despiertes
no habrá pasado ni medio minuto
pero por la ventana el sol
ya lleva un par de horas despierto.

Y al final acabas teniendo la sensación
de seguir siendo una mediocre cualquiera
con un poco de suerte
y con ganas de beber la vida en poesías.
Y al final eso es lo que realmente importa, ¿no?
Que estemos hechos para las drogas,
para el humo,
para la música
y tener un hueco en tal partitura
y tener un escondite en según que sábanas,
en según que brazos
y
llegar a la conclusión de que dormir sola está de puta madre
pero
como con las hembras de los mosquitos,
a veces se echa en falta
el pasarse la noche en vela, sí,
pero acompañada.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.