jueves, 12 de agosto de 2010

Daremos la vuelta.



Sentirse agujereada por millones de estrellas
que quizás
ya hayan muerto.
Sentir tu respiración al otro lado del océano,
cerrar los ojos, dormir.
Es el ritual.
Respirar fuerte y aguantar el aire como si fuera humo.

Por eso todas las mentiras que jamás te creíste
me sirven de castigo.
Esta noche no se sale
porque no te he cenado, ni te he desayunado
ni
he dormido en ti.

Resulta que cuanto menos me queda
más late todo ese montón de cosas
que casi desperdiciamos, dentro de mí.
Y sé que no será en otra vida,
pero habrán pasado muchas cosas entre las dos
como para empezar a marchitarnos
al vernos,
así que sonreiremos.

Te invito a tarta,
de manzana, claro.
¿Quieres mi cocacola?, no me la voy a terminar,
quítate eso, te queda fatal
y ven a la cama que tengo calor y frío
y ganas de comer
y el estómago lleno.

¿Quieres un invierno?
Te daré el mejor frío de la temporada.
Y nuestra vida se resumirá
en un echar de menos continuo
y me tatuare el infinito
para que no te me olvides jamás.

Dimos la vuelta y me dará pena
que para ese entonces tú estés tan lejos.
Estarás a un avión y un tren de distancia
y no sé cómo me las voy a apañar. No lo sé.

De todos modos, mañana estaré clavada en el suelo
pensando en que era mejor no compartir
esa noche juntas.
Te espero. Estaré aquí, así que ven cuando quieras.

Pero ven.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.