viernes, 27 de agosto de 2010

El secreto.



Con el paso del tiempo acabas dándote cuenta
de que
no hay muchas más palabras que sirvan,
entonces
investigas y encuentras
sensaciones
y quieres describirlas pero
se te traba la lengua y justo en la cima
te empujan

pum

Los atropellos del tiempo.
Dolor de oídos, música alta
y ojalá fuera de madrugada
para que vieran lo loca que estoy.
Que no me toquen, que no me toquen,
que estoy mu loca, mu loca.

Luego me imagino fuera y me veo muy pedo
y tarareando una canción intentando no derramar
el vaso.
Las cosas más oscuras terminan siendo
luces naranja
y la sonrisa de
ey, mira, yo pertenezco a todo esto.
Y no porque me lo merezca,
simplemente porque mis historias estaban allí guardadas
esperando a que nadie las recordase.
Solo yo al pasar rápido.
Mu rápido.

Nunca se me dieron bien los secretos.
Faltamos esos días a clase
y sabían ricos los trozos de pizza por la mañana.
Los kilos que he ido coleccionando,
lunares de más,
el trastero lleno de ropa vieja.
Pero permanezco.
Estoy aquí en continuo cambio,
entre subidones,
bajones,
nervios buenos y malos
y
¿te cuento un secreto?
No se guardar ninguno.

Pero luego me ven con esa cara que dicen que tengo,
de inspirar confianza
y a mi me da un poco por el culo pero
hoy es viernes.
¿A quién coño le importan esas cosas?

Al fin y al cabo,
llevarse algo a la tumba
es
sin ir más lejos
tener menos sitio para ti en el ataúd.

(joder que faena, ataúd es una palabra feísima)

De resto, vale,
atenerse a las consecuencias.
Porque si no lo dices ahora
no lo vas a poder hacer nunca
y eso es una mierda.

Y no. Todo eso no se olvida.
Pero sí que se perdona.

Boba.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.