jueves, 5 de agosto de 2010

Las hembras de los mosquitos.



Había alcohol y había humo y música y se me ocurrió pensar
que tal vez
las drogas solo hicieran su verdadero efecto
en aquellos que de verdad merecían la pena.

Sentada frente a mi mediocridad
me imaginé que también él había tenido la misma suerte
que yo
y entre voces
descubrimos la piedra filosofal
de un mechero.

Era de esas veces en las que te levantabas
igual que te acostabas.
Unos ojos que no dan más de sí
y millones de chicas desnudándose en la imaginación,
aguardando a que sucumbiésemos
a lo de siempre.
El sueño.

Había un millón de ganas de ser libres,
pero la astucia se ralentizaba
y nos escondimos debajo de sábanas
creyendo ser más fuertes,
esperando a que se largaran.
Las hembras de mosquito
como todas las hembras
te rompen las noches,
y a veces en vela
deseas que vuelvan.
Unas para vengarte por todas aquellas veces
y otras
para no aburrirnos
estando tan solos.

Aun sigo creyendo en la suerte
de a poquito,
en la sonrisa de los animales
y en que todas esas cosas que no vemos
tienen un lenguaje y un idioma
distinto al nuestro,
pero existente en su paralelo universo,
como distante, como callado.

Es esa paranoia de dormirte pensando
en que cuando despiertes
no habrá pasado ni medio minuto
pero por la ventana el sol
ya lleva un par de horas despierto.

Y al final acabas teniendo la sensación
de seguir siendo una mediocre cualquiera
con un poco de suerte
y con ganas de beber la vida en poesías.
Y al final eso es lo que realmente importa, ¿no?
Que estemos hechos para las drogas,
para el humo,
para la música
y tener un hueco en tal partitura
y tener un escondite en según que sábanas,
en según que brazos
y
llegar a la conclusión de que dormir sola está de puta madre
pero
como con las hembras de los mosquitos,
a veces se echa en falta
el pasarse la noche en vela, sí,
pero acompañada.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.