miércoles, 29 de septiembre de 2010

Mi camiseta de Portugal.



Entonces entré como para no quedarme
pero estabas en la cama pensando
y las ventanas abiertas
dando paso a un estrecho balcón que hacía esquina.
No tenía ganas de seguir discutiendo
así que me imaginé que todo estaba bien
y cuando abrí los ojos
me di cuenta de que me había quedado dormida,
que era yo quien pensaba en la cama
y que no volvería jamás a pisar aquel balcón.

Era como una especie de alivio general,
como si todos respiraran tranquilos por fin.
Por mí.

Como si se hubiesen librado de una maldición
terrible
nadie me quiso comprender
porque estaba delirando.
Había cosas que ni los peores momentos
podrían borrar
y aun así
hice el esfuerzo
de tenerle manía
y a otra cosa mariposa.

Entré como con miedo,
con ganas pero sin confiarme.
Como los gatos cuando empiezan a inspeccionar
la zona.
Me acordé de la noche anterior
y con todas mis fuerzas corrí hasta una pared.
Por suerte desperté.

Era triste pensar que para olvidarme de todo
tenía que autoinducirme
un estado de rabia continuo,
un no querer (pero sí),
un drogarme para olvidar a medias.
No siempre salía bien
y veces,
terminaba vomitando al teléfono
las estrategias y la rabia que me daba
la ausencia y las distancias.

Entré como sabiendo desde el principio
que me ibas a dividir el alma
y ahora cuando duermo
cruzo el mar
para verte
estar sola,
estar allí,
hasta el día que no te encuentre
y te busque
y en tus sábanas haya otro olor diferente.

Ese día te pediré que me devuelvas
mi suéter negro,
para que no lo abraces con mi ropa,
mi camiseta de Portugal
para que no duermas con ella a su lado
y mi corazón
para que no se lo enseñes a nadie
que no tenga ni puta idea
de todas las mierdas por las que he sido capaz de pasar
para verte
en definitiva
sin mí.

***

Es esa parte de ti la que no me gusta.
Esa parte de ti la que me da asco compartir.

martes, 28 de septiembre de 2010

Angina de pecho.

A veces pasa que cuando te dan un golpe
y no lo esperabas
duele el doble,
primero por el golpe en sí y segundo
por el ridículo, no?
El ridículo tan grande.

Aun así, se supone que lo veía venir
y ya apretaba con mis dientes un trozo de cuero.

Pues no sé qué a podido fallar, la verdad...

viernes, 24 de septiembre de 2010

Extremos.


No vas a venir a rescatarme aunque sea lo que más quieras,
no puedo abrazarme a ti cuando haga frío o calor,
a mí me da igual, siempre y cuando
haya algo blandito y peludito a mi lado.

Todos preguntaban qué iba a hacer.
Pues ala,
no sé qué coño hacer.

No me puedo inventar un juego,
ni a quince kilómetros me sentiré mal
pero contigo,
ni puedo llorar esperando encontrarme con tu pecho
respirándome,
diciéndome que me calme.
Oye, cálmate.
Yo también sufro de miedos
y de dudas, deudas, ganas, fuerzas.
Flaquear ahora
está de más.

Ni siquiera el tiempo acompaña
y parece que en el calor
y
en el vaho de los cristales
te encuentro borrosa.
Todo este tedio,
estos horarios de infarto,
este mentir todo el rato.

Estar aquí
ser allí.

Ser Hércules,
unir tus extremos a los míos,
encontrarnos
sin necesidad de pagar
o esperar.

Echarte de menos sin ir más lejos.
Más lejos no, por favor.
Y aun así temer por transformarme
en lo opuesto,
olvidarme del mejor octubre,
escribir encima
y sorprenderme luego
sin tener esa necesidad
de
dar marcha atrás al tiempo
para encontrarme a tu lado,
contigo,
haciéndolo a todas horas
escondiéndome entre tu pelo
y sonreír.
Sonreír ahora
para no volver jamás
al futuro.

Ese futuro gris y feo que nos espera.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Hasta luego Lucas!

Por lo menos yo pensé que estaba preparada.

Se equivocó la Paloma, se equivocó.
Y supongo que de tantas despedidas
se ha ido llenando el mar de tristezas.

Yo también te voy a querer para siempre.
Te lo prometo.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Entropía.


Al contrario que la naturaleza
tú y yo empleamos la energía
únicamente para desordenarnos.
Como si la relajación no nos sirviese de nada
y tendiésemos siempre a estropearnos,
que sí que es algo común en lo natural,
pero de lo que todos huimos
casi siempre.
Otros abren los brazos y dicen
“a mí esto qué me va a dar miedo,
a mí esto me la pela”
Aun así sigo creyendo que esos otros
se cagan de miedo en el momento antes de saltar
o
de montarse en una montaña rusa,
de esas tan grandes y tan peligrosas.

Demostrar esto es difícil porque aun no lo entiendo
muy bien,
aun así
hay palabras claves que me dan pistas
de por dónde van los tiros.
Nota mental: la pistola la tienes tú.
Es como si me imaginase algo
pensando que tú misma estás sincronizándote conmigo
y
ni en un bus ni en un avión,
tú y yo estamos en Hiroshima.

Tenemos todo en común.
El mismo lugar, las mismas partes,
el conjunto en general.
Homeostáticamente a cuánta más distancia
más nos da por gastar las energía
y ordenarnos.
Es ese tipo de tranquilidad perfecta
que es capaz de romperse con solo sonar el teléfono.

De todos modos,
dejando atrás todo ese rollo del desorden,
para empezar bien hay que ponernos límites
y
lo sabemos.

El caso es que a mí esto qué me va a dar miedo,
a mi esto me la pela
.

Da la casualidad de que...

Al principio su cama me parecía incomodísima pero a medida que me iba acomodando a la mía, echaba de menos la estrechez y la lucha cuerpo a cuerpo, sudor a sudor de la suya.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Dani.




Esta manera de quererte.
Es esta manera de quererte incontrolable la que me va a terminar matando
después, claro,
de darme la vida.
Toda la vida.

Morsapilamilla.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.