miércoles, 13 de octubre de 2010

Por la barba y las mujeres.



Yo quería ser pirata en primer lugar por la barba.
En segundo lugar estaban las islas desiertas y el ron.
En tercer lugar, no ser de nadie sino del mar.

Darme fuerte contra las olas y con la voz ronca de tanto beber y de tanto salitre ordenar el abordaje de un barco de la realeza, paseándome con todo lo robado delante de la tripulación y haciéndole, a medias, el gusto a la princesa que acabamos de capturar.

La madera de un barco que es temido en todos los mares conocidos, la leyenda de haber luchado contra dragones marinos y contra alguna peligrosa flota china. El oro y los diamantes, los motines y las cruces rojas.
Al sur del sur, ahí dejaré mi tesoro.
E irán a buscarlo, y se ahogarán en arenas movedizas y se preguntarán cómo llegué hasta allí y en mi tumba, con una sonrisa escribiré que mala hierba nunca muere.
Y nunca moriré.

Apareceré entre las tinieblas con un enorme y elegante galeón, con velas de un blanco impoluto y mi figura ondeando, también, en el viento.

Y todos pensarán que era por la barba, por las islas desiertas y el ron, por las princesas y el oro. Por verlos a todos pelear y por sentirme en la cima más mugrosa del mundo.
Por los tatuajes y el tambaleo. Por el olor a madera y suciedad.

Y yo les diré
que para no ser de nadie sino del mar.
Ir al ritmo que marca el oleaje y que me teman en un respetuoso y atrevido miedo.
Ser la felicidad de algunos, la desdicha de otros
y sobre todo,
al sur del sur,
estar,
para mirar hacia arriba
y verte sonreír.

¿O acaso no es ese el mejor tesoro de todos?

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.