martes, 30 de noviembre de 2010

Ensoñaciones.



Cuando fuimos jipis y andábamos con pañuelos de colores amarrados a la cabeza, cuando fuimos niños con erecciones en medio del colegio, cuando nos enamoramos de tres bellas mujeres, aquellos tres locos con camisetas de hawaianos. Cuando matamos a los que nos hacían daño, cuando bailamos bien pegados, cuando besé por primera vez, cuando me agarró de la camiseta y me llevó contra ella y luego pasó lo que pasó.
Cuando éramos invencibles, cuando estábamos en el mar sin sentir miedo y cuando el agua nos ahogaba de verdad.
Cuando existíamos, cuando mezclamos la música y los cuentos de fuera con las alucinaciones de dentro, cuando salvé a mi gata de una anaconda gigante y malvada, cuando aquellas balas lo llenaron todo de sangre. Cuando viví en la ciudad debajo del mar y todos estaban desnudos y todos practicaban el sexo sin preocuparse de nada.
Cuando todo era amarillo y azul y había arena por todos lados, cuando se hacía de noche y en las casas rompía el mar con toda tranquilidad.
Cuando cruzamos el precipicio para tirarnos en un pozo de agua azul cristalina y sentimos miedo y las cosquillas en las palmas de las manos parecían reales.
Cuando estuve entre casas de adobe, cuando me besó y me dejó dormir en su pecho, cuando corrí una y otra vez por escaleras mecánicas intentando salvar algo que no recuerdo muy bien qué era, cuando me sentí mal porque aquella chica me quería besar y yo a ella también, cuando le agarré de la mano y sonreímos.
Cuando sonaban folias en una radio de juguete en mitad de la nada, en el patio de una casa con el jardín desértico y todo era marrón menos la casa que era blanca.
Cuando nos enamoramos en mitad de un campo de fútbol que no era realmente un campo de fútbol sino una especie de colinas empinadas y con el césped muy verde y recién cortado.
Cuando se llevaron a mis abuelos a la guerra en una furgoneta militar y yo corría tras ellos pero jamás los alcancé.
Cuando fuimos valientes.
Cuando después de pelear contigo seguía soñando en pelear contigo.
Cuando no me daba tiempo a entregar la tarea de inglés, cuando salvaba a aquella profesora de una especie de monstruitos y ella me besaba, o cuando estaba embarazada y me trataba mal o cuando se incendiaba el colegio y yo los salvaba a todos, incluyéndola a ella, claro.
Cuando iba a dar clases a niños y uno se hacía pipi encima y su profesora me sonreía y era muy amable. Cuando me empezó a gustar.
Cuando fuimos muy arriba, a algún pico y hacía mucho frío.
Cuando acampamos y había una caseta hecha con un plástico verde enorme y no sé por qué dormíamos por fuera, y ellos dos parecía que se iban a besar y yo intentaba llamar la atención.
Cuando nos perseguían, no sé si ninjas o matones, y cruzábamos por un montón de lugares como un puerto, un campo del golf, casas japonesas y nos bañábamos en jacuzzis llenos de pétalos de rosas y así todo el rato hasta que paramos para no hacer ruido y no recuerdo que más pasó, creo que desperté.
Cuando estaba en aquel pueblo donde no había calles sino que todas las casas estaban muy pegadas y se caminaba por aceras y los jardines estaban vallados por rejas negras finitas y muy bonitas y entraba en una casa que era como la típica casa de mis sueños y no sé que más pero era bonito, o cuando dormía en una cama con una manta como imitando la piel de un oso y se veían unas cataratas o un río o algo así desde un ventanal enorme que ocupaba los dos pisos de la casa.
Cuando le descubrí un lunar en la oreja y luego resultó ser de verdad.
Cuando era Adam y aun no había descubierto el amor de mi vida pero me gustaba mear por todos lados. Cuando me recriminó que le había destrozado la vida.
Cuando andábamos por una especie de favelas y subimos a un piso que no tenía ni pintura en las paredes y todo era muy cutre pero había como una atmósfera de buen rollo que me gustaba mucho.
Cuando era una tía que era la otra y se tiraba a un tipo feo pero que le gustaba realmente y eso era lo importante. Cuando la playa estaba llenísima de gente y vivíamos allí en una casa con el suelo de madera y todo me recordaba al Rey León y éramos surferos o similares.
Cuando mi tía venía y charlábamos y no pasaba nada sino eso, que venía y me abrazaba fuerte como si ella supiese que iba a despertar pronto y yo no. Yo nunca sabía cuándo iba a despertar.
Cuando me escondía de su madre que me daba miedo y estaba en la puerta del Haring pero no recuerdo con quién.
Cuando vivía en Hawaii y era como una especie de hijo de alguien muy rico y tenía una casa increíble, grande y bonita y con un baño con un banco hecho dentro de la propia pared y nos encerrábamos en él y nos besábamos a escondidas. Era una chica hawaiana muy linda y era como la sirvienta.
Cuando me enamoré de una chica india y no sé si sus padres no nos dejaban querernos o qué pero tenían una casa grande, como al estilo de las casas chinas (¿?) y el camino a la entrada estaba hecho de adoquines de barro y colgaban faroles y cosas de colores por unas cuerdas.

O como hoy, que estabas cerca y era de verdad.

domingo, 28 de noviembre de 2010

mal

Me desesperas tú y tu manera de embaucarme.
Tu insistencia, tus triquiñuelas con las que siempre consigues lo que te propones.
Me desesperan tus planes maestros, tus sentimientos, las cosas que siempre escondes.
Me desespera que saques todas las ganas ahora, todas las fuerzas ahora. Todo ahora.
Me sacan de quicio tus locuras, tus exigencias, tu forma de ser.
Me molesta que ahora el plan maestro no sea el que siempre soñaste y me molesta que hagas como si el nuevo plan fuese el mejor para las dos.
Y eso es lo que más me molesta, ver como te estás equivocando, porque aunque lo normal sea acostumbrarse, no deja de desesperarme.

Lo que más me molesta es no saber quien es la que cometerá el próximo error.
Si yo por dejarlo pasar
o si tú por cualquiera de las cosas a las que estés dispuesta a hacer.

Y no sé qué es lo que tengo que hacer
para que todas las cosas que queremos
se hagan realidad.
No sé si está en mi mano, en la tuya o en la de algún ente superior
pero me desquicia.

Tú y yo y este punto que parece no tener un buen final.

Skinny L.

And I told you to be patient
And I told you to be fine
And I told you to be balanced
And I told you to be kind
And Now all your love is wasted
And Then who the hell was I?
And I'm breaking at the britches
And at the end of all your lines

Who will love you?
Who will fight?
Who will fall far behind?

sábado, 27 de noviembre de 2010

No existir.

La normalidad no existe, es un invento.
Hacer las cosas bien para el resto es
una especie de ir jodiéndote el alma poco a poco
a base de promesas que sabes de sobra que no se cumplirán jamás.
Todos los momentos por compartir te los quedarías para ti sola
porque no son de nadie más.
Es difícil. La normalidad es una basura sin remedio.
Pensar suave, hablar suave, estar suave. Tranquilidad y todo eso.
Quedarse sola y sin remedio
porque ahora no solo me separa la física
sino la cuántica.
Aguantar hasta que sean tantas las cosas que no sepas separarte
ni arreglarte.
Pensar en desaparecer, que ya no viene mucho a cuento, creer que no tienes razón
pero el resto tampoco.
Pensar que lo has hecho mal. Y el resto también.

Por eso la normalidad no existe como tal. Es una especie de equilibrio lo que buscamos y en realidad solo se trata de que muchas cosas sean iguales para muchas personas.

Estar loca, percibir las cosas diferentes, rectificar sin tiempo. El tiempo también es un invento.
De todos modos me he terminado convenciendo de que no me vas a entender jamás.
Ni tú ni nadie.
Es lo que pasa con las cosas que no existen.
Que no se ven, no se perciben, no se comprenden, no están.

A mamarla.

***

Es tiempo
de
tomarse
un
tiempo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Otoño.

-Te puedes quedar en mi casa, conmigo.
-¿Y qué le digo a mi madre?
-Bueno, pues esperamos la guagua.
-A estas horas pasan cada hora y media…
-¿Por qué no llamas a tu madre?
-No vendría.
-¿Seguro?
-Segurísimo.
-Puedo llamar a mi madre…
-Estás loco, qué vergüenza…
-¿Y entonces qué hacemos?
-No sé, estar juntitos- sonríe.

martes, 23 de noviembre de 2010

Pelo.




¿Cómo dejarse el pelo largo sin sentir la tentación de volver a lo mismo de siempre?

Mentalízome de ser un ser totalmente asexuado.
No existe dinero que valga.
Largo, largo como cuando estudiaba más que ligaba.
Jo.

Lo quiero ya y lo quiero ahora.
Todo.
Así, en general.
Y por qué no, en particular también.

Peli peli largui.

lunes, 22 de noviembre de 2010

No me lo creo.

Ni nos comprenderemos
ni nos compartiremos jamás.

Supongo que mejor dejarlo estar. Así, tal cual.
Adiós completa desconocida.
Adiós.

sábado, 20 de noviembre de 2010

eggs

Encima tienes la cara de decirme que fui yo quien lo estropeó todo.
Encima.
¡Manda huevos!

viernes, 19 de noviembre de 2010

Sí y siempre.



Hay ciertos momentos en la vida de una persona en los que la piel pide el sudor de otra piel, y pide la respiración de otros pulmones y los latidos. Los latidos de otro corazón.
Estoy aquí ahora pero podría estar durmiendo o en algún bar y sin embargo estoy aquí dejando claro que hay momentos en la vida de una persona en los que se necesita el contacto humano. Mano con mano. Mano con pie. Mano en sitios bonitos y escondidos, veces sí y veces no.
No hablo tanto de amor. Eso es algo que se va fraguando poco a poco. Por eso muchas veces me pregunto si nos dio tiempo del todo.
Es comprensible. Ser reticente a algo que no has tocado es bastante normal.
Por eso quiero: tocar, oír, aullar.
Dejar a un lado las imaginaciones. Imaginar es feo. Imaginarse esas cosas es crear expectativas y las expectativas son aun más feas que el imaginar.

Pero quiero más cosas. No hablo de amor. No hablo de nadie. Ni siquiera de mi misma cuando digo que quiero más cosas.
Hablo del destino. De que vengan sin estar esperando nada. Supongo que por eso, últimamente nada me sorprende. Estar alerta es lo que tiene. Mecanizar las relaciones personales, también.

Solo necesito que me den la vuelta, que me pierdan, ya sean bocas, lenguas, labios, cuellos, tirones de ropa, tirones de pelo. Perderme en definitiva. Saltarse todas las barreras. Mis puntos seguidos. Mis finales y punto. Despellejarme a sabiendas de que después de llorar tantísimo, seré un buen alimento que llevarse a la boca.

Sentir el chocar de las olas contra el propio mar solo con cerrar los ojos mientras un dedo, solo un dedo, recorre centímetro tras centímetro la piel que la ropa deja al descubierto y olisquear con las yemas lo que se encuentra debajo de algunos pliegues de tela. Hilar con mi saliva recuerdos que con el tiempo y por mi experiencia no recordaremos muy bien pero al unísono diremos que aquella vez fue la vez y así con el resto de veces. Porque todas las veces serán la única, real y verdadera.

Habrá cientos de lugares, cientos de maneras, pero el olor o el color de ciertas situaciones me transportarán a ese mismo instante.
Ahora y aunque sea feo, me quiero imaginar que todo saldrá bien.
Y eso que sigo sin hablar de amor.
Hablo de escuchar una canción y dejarnos ir. Es como cuando fumas mucho, de una sentada, quizás tú sola, y el verde entra en ti y sientes como te deslizas por los sillones del coche. Pues lo mismo pero algo más abstracto.
Como más químico, menos físico. Irse del pensamiento y dejar que la respuesta llegue sola al cuerpo.

Hablo, tal vez, del cuerpo. Lo natural, las cosas que más nos gustan, sonrisas, sorprender. El sexo es sí y es siempre y es con ese porque así son las curvas. Sí y siempre.
Sentir como dedos se deslizan por mi pelo, sujetando pensamientos, agarrándolos, no dejándome huir. Tener miedo es esconderse. Es hacerlo mal. Es ser torpe. Otra cosa es el instinto. El oler señales químicas con órganos nasales que ni siquiera se sabe si existen y descubrir que quizás algunas veces hagamos el amor porque metemos las narices donde no debemos. Es divertido.
Supongo que ahora que tengo tantas ganas de sentir de nuevo utilizo ciertos términos que repelen y dan grima. Supongo que a veces me apetece acariciar y dejarme arrastrar, en vez de ir a cien contra un muro de hormigón.

No hablo de amor. Es más tener el sentido del tacto hipertrofiado y sentir, palmo a palmo la suavidad y la aspereza. El cuerpo humano es lo que tiene. Lo árido de mis manos se mezcla con lo líquido de tu sexo y así es como algunas islas acaban siendo el paraíso terrenal.
Me da rabia pensar que en el infinito ciclo de la vida, pensar estas cosas sea tener una especie de enfermedad que te impide ver las cosas tal cual y siempre se termine pensando que si me miraba así era por algo. Algo raro debía estar sucediendo. Algo raro se traía entre manos.
Tener en un puño todas las cosas buenas y en el otro, todas las malas. Ponerlas sobre la mesa, quitarle las bragas y demostrar en silencio que hay gemidos que pesan muchísimo más que cualquier argumento.

Es una especie de “te jodes”-sonrisa-. Vivir con el alma fuera y guardarla cuando empieza a llover.
Y sigo sin hablar de amor aunque sea “algo así como”. Hablo de darse cariño, darse miedo, darse ganas, darse prisa, darse como el mar. Hablo y ese es el problema.
Cerrar la boca sin dar un beso. Es como cuando estás tan cerca de alguien que el aire de cada pestañear te golpea. Es sentir cómo el silencio te termina parando el corazón y si no lo hicimos es porque nos daba miedo reanimarnos.
Bocanadas de aire, juguetear con el pelo, ciertas señales que dan a entender que no es amor, es otra cosa. Son ganas y son fuerzas opuestas acercándose. Las chispas de la fricción como resultado. Amarrarse a una cintura para, aunque no te lo creas, sentirme a salvo. En el origen. Descubrir el principio y encontrarnos con el final.

Por eso está bien saberse los límites de cada uno. Nunca se sabe donde podemos llegar a tropezar. Con quién, cuándo.
El contacto. El físico. La voz y las señales térmicas. Así no se puede, ni se debe, ni se sabe (de sabor).
Permíteme entonces dudar de ser capaz, de tener la facultad de comprender que hay cosas que deben permanecer o no. Entender que hay cosas que no dependen del todo de nosotros mismos y aunque duela… yo también quise ser el aire y recorrerte el cuerpo en escalofríos pero están en ti, hace mucho más tiempo que yo, los fantasmas del frío.

Y no hablo de amor cuando hablo de confiar.
Hablo de acostumbrarse a las maneras de la otra persona para entender sus movimientos y sus porqués, supongo. Negación, aceptación, habituación, normalización.
Pasa también con los órganos vitales, con el apego, con las sensaciones y no hablo de amor pero se le parece bastante.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Es necesario saber

Esa manía mía de no leerme las instrucciones antes de empezar.

No idea.

No tengo ni idea de cómo se arregla esto.
Todo esto.

¡Mierda!

martes, 16 de noviembre de 2010

Barba de tres días.



La vida que llevo ahora es la que nunca entendí, ni creí por un momento tener, pero me gusta. Más allá de mis prejuicios, barba de tres días, por así decirlo. No sé.
Es un poco el regusto a independencia que me deja ir o no ir según me apetezca, aparecer, desaparecer, según me convenga.
Ser la persona que soy, casi siempre. Que se me forme pelusilla en el ombligo siempre. Esas cosas que los demás ven desde fuera y dicen “la forma que tiene de recogerse el pelo…” pero para mi misma. Ser especial para mi misma.

domingo, 14 de noviembre de 2010

ningún tipo.

nosense

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Sinestesia anestesia



Traer a la mente es
secuestrar,
un leve recuerdo,
¡plas!
Despegar percepciones
de las paredes del cráneo.
Olfatear el origen
e imaginarse
cualquier principio.

Instinto es gatear
por pieles,
sentirse un niño,
ver todo desde abajo
y
cambiar la óptica.

Traer de vuelta
es
agarrar por el pescuezo a un sentimiento
y proyectarlo en la retina.
Somos un cine,
y esto es solo
una película más.

Cambiar planos y filtros,
cambiar los colores.
Traerse el pasado
y convertirlo en presente-futuro.
Continuidad,
continuar.

Llevarse a la boca
es cerrar el grifo de la imaginación gustativa.
Tenemos autonomías
y por eso
el corazón no entiende de normas.
No más.

Traerse a la mente cada parte,
cada gesto,
esas cosas
es
secuestrarse a una misma
en una espiral.

Palpar
es siempre dar besos
en las clavículas de las chicas guapas.
Es sentir más allá.
Todos los tonos de suavidad,
los sonidos de una piel,
¿a qué sabe un aliento?
Sinestesia,
anestesia
y
recordar.

Traerte con las manos
de las paredes de mi cráneo
y hacerte el amor.

Romper todo esto
y
leve, secuestrarte.
Arte.

El plan es:



Más claras o no
las cosas se van sucediendo
de una manera u otra.
Eso está totalmente claro,
pero,
cuando el tiempo abre la boca
y la sala entera se calla
eso sí que da miedo.

Esperar un veredicto,
sucesión, en realidad,
de todos los actos, las presencias,
las faltas y los fallos.
Cuando vamos caminando y decimos
que estamos escribiendo nuestro destino
y me da por pensar
que es el destino el que nos dibuja a nosotros,
seres diminutos de-l espacio,
la vida como tal,
el paso de las agujas por nuestra piel,
el Reloj Universal.

¿Hay algún tipo de dios ahí afuera?

No lo sabremos nunca.
Ni siquiera sabremos si
es de esas cosas que se descubren al final de todo.
Y no hablo de morir
si no de que se mueran nuestras almas,
de que se agoten las palabras
y no nos queden más que
miradas vacías.
Ancianas.

Ahora con veintiuno
puedo decir que quizás yo alguna vez miré así
aunque solo fuera una manera de coger carrerilla.

El plan es:
no rendirse nunca,
incluso cuando sean las siete de la tarde
y se nos escape el barco de vuelta a casa.
Contar siempre hacia adelante,
que no parezca que es una cuenta-atrás de nada,
de nadie.
Vivir con locura igual que el amar,
aunque en ocasiones nos dé tanto miedo soñar
que insomnes acabemos alucinando con todo eso,
todo aquello.

Volar,
tan lejos y tan rápido
como podamos
y poder.
El plan es
que podemos.

Hacer música,
nacer música,
ser música.

Hay veces que cuando empiezo
no quiero acabar jamás.
Y a comer me hubiera gustado aprender
con las manos
y a gritar
con los pulmones
y a vivir
con
los ojos,
la boca,
el cuerpo.

Y no esta especie de ir tirando
a ver qué es lo que pasa,
este andar entre dos mares,
este noséqué de quéséyo.
Este no decir las cosas
a sabiendas de que esto es una pantalla
y más allá
quizás no haya nada.

Arriesgarse, ser valientes.
La chispa que me falta
el fuego que me arde.

Por eso el destino tiene en mi piel
trazado un plan maestro.
Pena que para cuando lo encuentren
yo ya habré descubierto la manera
de hacerlo real.

Así que el plan es
ser un lienzo
y estar, al menos por una cara,
en blanco.

El resto te lo dejo a ti que como yo buscas un dios
o algo colgando del Universo.
A ti que quieres de mí todo eso que siempre estuve dispuesta a ofrecerte
y ahora,
por cosas del destino
ya no sé si quiero.
Y a ti
que me atraviesas
pero no del todo.

Porque aunque no sea un ogro
sigo siendo cebolla.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Olvidar lo más importante.

Emborracharme de ti, contigo,
Vomitar resacas de distancia,
Doler a la cabeza
Porque el corazón me falta.

Morir de ganas de saber si bien si mal
Si tú si yo
Si qué más nos puede pasar a parte
De estos paréntesis
De esta síntesis,
De este resumen a medias
Ilegible.

Aferrarme a lo que menos me gusta
Y terminar pensando como con todo
Que al final entera me volverás loca
Y no
Quiero.

Dejarme ir, ser más yo en otra dimensión.
Besarte porque ya no me acuerdo.
Golpearme con el parón del tiempo,
Con los minutos restantes,
Con los que faltaron,
Con los que descuento.

Muchos caminos,
Pensar en ti,
Tener miedo.
El tesoro pirata que perdí,
Tus ingles aun por descubrir,
El secreto de los susurros,
Gemir a la vez, roncas, sin tiempo,
Tal vez.

Encontrarnos sin conocernos
De
Nada
Y gracias.

Controlarnos hasta los créditos
y colarnos en películas
que no son nuestras
pero aparecer
con el alma mojada.
Las manos mojadas.
Los labios, como la vida, rojos
Y
Mojados
Y entenderlo todo
O no entender nada
Y descubrir que a lo mejor era todo
Producto de nuestra imaginación
O
Que nuestros cuerpos se necesitan
Aunque no lo quieran.
Hacerse compañía,
Tener miedo pero juntas, una al lado de la otra.
Cruzar el océano
Con este frío,
Y oler la sal,
Morirnos con el salitre en los pulmones
Y sonreír
Porque no me acuerdo
Y quiero adivinarlo.
A qué huele el mar cuando no estás,
Cuando estás,
Cuando paras y me haces caso
Y nos terminamos haciendo todo este daño.

Tú no lo sabías muy bien
Pero llevaba tiempo intuyendo
Que esos ojos no mienten
Y esa boca
Es el molde de esta otra mía
Y ese cuerpo
Es
El equipaje
Con el que llevo un par de vueltas al mundo.
Por las paredes, subiéndome.

Y bajar.
Porque es lo que pasa con la gente alta,
Que a veces tiene que bajar y mirar y curarse un poco
De las alturas.
Recordar entonces esa sensación de estar cuidada
Aunque el dolor no cese.

Recordar, entonces,
Todo de lo que me he ido olvidando
Sin ti.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Siberian Soul.



Hoy ha hecho frío de verdad. Después de casi un año, hoy me he abrigado y he dicho que qué frío hacía. Y llovía a medias, a veces, y era muy incómodo compaginar pasos, personas y paraguas (esto no lo he hecho adrede, pero sé que te darás cuenta).
Estaba en clase cuando se me ocurrió pintar a un tipo con el pelo todo revuelto, y como con todo lo que yo hago, nada que ver el principio con el final.
Siempre me pasa, que pienso una cosa, muy pequeñita y muy abstracta y ella sola acaba desarrollándose hasta acabar siendo un tipo con el pelo revuelto y largo, con una gran barba pero un bigote un poco despoblado, con esos pelillos que son finos y suaves que les salen a algunos hombres, con un abrigo muy gordo y una ciudad y un bosque detrás. Y se me ocurrió luego que tuviera un alma siberiana. Que viviera en Siberia pero aquí al mismo tiempo. Como mi alma.
Qué dura fui antes, ¿no? Últimamente me sale solo quitarle la magia a las cosas, a pesar de que yo fuera magia en su época. Los agujeros negros existen. Viven dentro de algunas personas. A alguien le tenía que tocar. Mala suerte.
Pero quiero ese abrazo, aunque te congeles. Sucede a menudo con la gente de Siberia.

Ahora caigo que no me gusta el vodka. No sé cómo nos las apañaremos, ni si habrá un tiempo en el que con prisas tengamos que pensar a dónde ir. No tengo ni idea de nada.
Muchos planes, mucho tiempo atrás, no salieron como debieran por esa manía mía de teletransportarme al futuro y ver cosas bonitas y sacudir la cabeza, incrédula o ver cosas muy feas y creérmelas del todo.

A pesar de las ganas, no te imaginé allí correteando por el camino de la facultad a los aparcamientos, dando vueltas a mí alrededor y sonriendo.
No eran esos colores tus colores.
Y como en medio de un lago congelado, con la barba llena de hielo y con una importante hipotermia hipotecándome los latidos del corazón, me sentí.
Sacudir la cabeza, hacer como si nada pasase.
A quién le voy a contar lo de su voz, a quién lo de sus manos. Aun no he vomitado la cena y ya pretendo desayunar.
Y lo raro es que tengo hambre de todo. Sus cosas buenas y sus malas también.

Acostumbrarse al frío pero nunca a dormir con los pies helados. Que ver nevar acabe siendo lo mismo que ver llover y a pesar de ello, sonreír y estremecerse porque contra el techo, el agua suena fuerte, severa, como si lo quisiese romper todo. Llevárselo.
Sin embargo y aunque nunca lo he visto de verdad, nevar me lo imagino como un espectáculo suave, lento, leve, estático. Quizás me equivoque. Tampoco llevo tanto tiempo en este lugar como para saberlo.

Resulta que tengo miedo a que te pase lo que a mí. Resulta que no quiero ser ni el viento que te devuelve a un rumbo distinto al que planeabas, ni un huracán, destrozándolo todo, ni el miedo que da ver las sombras de los árboles, por la ventana, a la noche. Cuando todo es naranja y negro. Marrón.
Pero quiero ser tu aurora boreal cuando coincidamos y quiero no tener ninguna cámara a mano para tener que memorizarlo a fuego en mi memoria y quiero que todo esto sea un continuo, un permanente. Un derretirme, evaporarme, condensarme en tu piel y que me lleves contigo, de viaje.

En definitiva, hoy ha hecho un frío ártico. Un frío de los que entran a casa bajo las suelas de los zapatos y se te instalan en las manos. Un frío oKupa, rebelde, lagunero y siberiano. Como mi alma o en ella.
Un frío invernal al fin y al cabo y lo peor de todo no es esto que he escrito. Lo peor de todo es que no lo he podido compartir con nadie. Ni siquiera contigo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Cómo fumar.

Fumaba al otro lado del hilo telefónico. Lo sabía porque oía como el humo chocaba contra el auricular. Todas sus palabras amortiguadas por ese mismo humo que no me gustaba nada. Nada en absoluto.
Medíamos mal las distancias con frecuencia y cuanto más cerca, resulta que era del todo lejos, del todo tarde.
Ella vestía de negro o al menos eso imaginé yo. Unos ojos así mirando y su boca escuchándome.
Yo intentaba explicarle que hay pieles de todos los colores, que llovía y hacía frío dentro y que no tenía ganas de mucho más que camas y olvidos.
Ella también hablaba pero me resultaba muy difícil escucharla. Teníamos tantos pensamientos dentro haciéndonos sentir, que ninguna se dio cuenta de que nos teníamos en frente, la una a la otra, interpretando monólogos que se iban entrelazando y luego, por la noche
yo también espero a que vuelvas.
El aburrimiento tiene de esas cosas. Desenroscar las casualidades de encontrarnos heridas en medio del camino y mostrarnos otra manera de llegar.
El mar de donde vengo, la tierra donde florezco.
Tú que no tienes ni idea y aun así me comes a cucharadas. Que te tapas hasta arriba cuando más calor hace. Que no me vas a querer nunca porque no te lo voy a permitir jamás.
Y fumabas todo el rato porque es lo que haces cuando estás nerviosa. Te compras una caja de tabaco y empiezas a fumar uno detrás de otro.
A pesar de tus esfuerzos, sé que no lo haces como hábito y que insistes en que te relaja por buscar respuestas, supongo… con todo ello, yo también lo busqué ahí y no, Dios no está ni en el olor, ni en la sensación, ni si quiera en la muerte.
Aun así, consuela saber que eres capaz de ir contra corriente, contra natura.

Cuando yo empecé a fumar de mentira siempre pensaba en que pareciera lo más real posible y solo cuando dejé de pensar en mis nervios y en la necesidad de decir que era lo único que me calmaba, lo comencé a ver como un placer más.
Como el cafecito de después de comer o lavarse las manos cuando están sucias.
Es inevitable hacerlo pero se puede vivir también dormida y con borrones en las manos.

Por eso distingo el nervio de tu humo por el teléfono, incluso sin haberte llamado. No hacen falta palabras cuando tus manos tiemblan de lejanía.
Morirse de miedo que es muy de cobardes y con las venas abiertas en canal, meterte hasta el final, en mi mente. No quiero y tampoco tengo ganas pero como algunos vicios, no lo puedo evitar.

Encender la llama con nieve o cuentas atrás. Siempre pensaré que algo malo ocurrirá y no dejaré que nada malo nos pase. Creo. Tampoco estoy muy segura de si dejarme ser para que me veas del todo.
Cuando se haga de noche y no tengamos más que nuestros cuerpos.
Sueños, sudor, el paisaje anaranjado de toda la ciudad.
Tener la sensación de que la próxima vez será la definitiva y encogernos.
Encogerme, aceptarlo.
Nos fumaremos el último y me reiré como siempre porque las novatas tienen esa manera tan poco natural de coger el cigarrillo.
Me mirarás como preguntando qué pasa y yo te besaré, porque ahora estás aquí.
Ahora mismo, estás aquí.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.