miércoles, 3 de noviembre de 2010

Siberian Soul.



Hoy ha hecho frío de verdad. Después de casi un año, hoy me he abrigado y he dicho que qué frío hacía. Y llovía a medias, a veces, y era muy incómodo compaginar pasos, personas y paraguas (esto no lo he hecho adrede, pero sé que te darás cuenta).
Estaba en clase cuando se me ocurrió pintar a un tipo con el pelo todo revuelto, y como con todo lo que yo hago, nada que ver el principio con el final.
Siempre me pasa, que pienso una cosa, muy pequeñita y muy abstracta y ella sola acaba desarrollándose hasta acabar siendo un tipo con el pelo revuelto y largo, con una gran barba pero un bigote un poco despoblado, con esos pelillos que son finos y suaves que les salen a algunos hombres, con un abrigo muy gordo y una ciudad y un bosque detrás. Y se me ocurrió luego que tuviera un alma siberiana. Que viviera en Siberia pero aquí al mismo tiempo. Como mi alma.
Qué dura fui antes, ¿no? Últimamente me sale solo quitarle la magia a las cosas, a pesar de que yo fuera magia en su época. Los agujeros negros existen. Viven dentro de algunas personas. A alguien le tenía que tocar. Mala suerte.
Pero quiero ese abrazo, aunque te congeles. Sucede a menudo con la gente de Siberia.

Ahora caigo que no me gusta el vodka. No sé cómo nos las apañaremos, ni si habrá un tiempo en el que con prisas tengamos que pensar a dónde ir. No tengo ni idea de nada.
Muchos planes, mucho tiempo atrás, no salieron como debieran por esa manía mía de teletransportarme al futuro y ver cosas bonitas y sacudir la cabeza, incrédula o ver cosas muy feas y creérmelas del todo.

A pesar de las ganas, no te imaginé allí correteando por el camino de la facultad a los aparcamientos, dando vueltas a mí alrededor y sonriendo.
No eran esos colores tus colores.
Y como en medio de un lago congelado, con la barba llena de hielo y con una importante hipotermia hipotecándome los latidos del corazón, me sentí.
Sacudir la cabeza, hacer como si nada pasase.
A quién le voy a contar lo de su voz, a quién lo de sus manos. Aun no he vomitado la cena y ya pretendo desayunar.
Y lo raro es que tengo hambre de todo. Sus cosas buenas y sus malas también.

Acostumbrarse al frío pero nunca a dormir con los pies helados. Que ver nevar acabe siendo lo mismo que ver llover y a pesar de ello, sonreír y estremecerse porque contra el techo, el agua suena fuerte, severa, como si lo quisiese romper todo. Llevárselo.
Sin embargo y aunque nunca lo he visto de verdad, nevar me lo imagino como un espectáculo suave, lento, leve, estático. Quizás me equivoque. Tampoco llevo tanto tiempo en este lugar como para saberlo.

Resulta que tengo miedo a que te pase lo que a mí. Resulta que no quiero ser ni el viento que te devuelve a un rumbo distinto al que planeabas, ni un huracán, destrozándolo todo, ni el miedo que da ver las sombras de los árboles, por la ventana, a la noche. Cuando todo es naranja y negro. Marrón.
Pero quiero ser tu aurora boreal cuando coincidamos y quiero no tener ninguna cámara a mano para tener que memorizarlo a fuego en mi memoria y quiero que todo esto sea un continuo, un permanente. Un derretirme, evaporarme, condensarme en tu piel y que me lleves contigo, de viaje.

En definitiva, hoy ha hecho un frío ártico. Un frío de los que entran a casa bajo las suelas de los zapatos y se te instalan en las manos. Un frío oKupa, rebelde, lagunero y siberiano. Como mi alma o en ella.
Un frío invernal al fin y al cabo y lo peor de todo no es esto que he escrito. Lo peor de todo es que no lo he podido compartir con nadie. Ni siquiera contigo.

4 comentarios:

silvi orión dijo...

con este me has dejao flipada. lo he leído en el foro y he entrao aquí a ver si esta el dibujo (y sí!). te sale_

ayopiensaveces dijo...

without words....

extrañaba tus entradas largas.

Humberto Dib dijo...

Ana, no sólo escribes muy bien, sino que también eres prolífica, voy a comenzar a tenerte envidia, yo apenas puedo subir un texto por semana. En fin...
Un beso enorme.
Humberto

papo dijo...
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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.