domingo, 30 de enero de 2011

Yo sé la respuesta.

Es increíble la cantidad de cosas que vamos acumulando en el alma.
La gente sonríe y un día, con las manos en los ojos se descubren tras ellas lágrimas y son incapaces de darles respuesta.

¿De dónde viene toda esta pena?
¿Cómo he permitido seguir siendo feliz sin haberme dado cuenta de toda la mierda con la que me he ido llenando?

La gente no lo entiende y entonces una noche se acuestan y se dan cuenta que la asfixia no les deja pegar ojo, se incorporan y sin poder respirar se dan cuenta de que no saben qué han hecho con sus vidas, a qué vienen todos estos pesos sobre el pecho, por qué tantos recuerdos sin sentido enlazados con el único lazo del desespero.
Todas esas ganas de llorar que te aguantaste, tocan la puerta y entran. Por eso ahora no comprendes al resto del mundo.
No comprendes cómo puede el mundo girar sin ti y tú en mitad del camino, porque este tren no es tu tren. Ninguno lo es.

Piensas en el miedo a volar, piensas en el miedo a la independencia, piensas en el miedo al olvido y descubres que te has quedado sin miedo. Descubres que puedes contra cualquier cosa menos contigo misma y eso… eso es como estar frente a un abismo y no saber por qué pero querer tirarte.

¿Esto es lo que hace la gente cuando se encuentra consigo misma en el camino?

Me ha pasado que de camino a casa se me ha abierto la maleta y estaba vacía. No hay nada más que arreglar aquí. Todo este equilibrio rehabilitado del caos. ¿Qué le pasa a la vida cuando creces? ¿esto?
Yo quiero seguir sintiendo celos y no pena. Quiero seguir sintiéndome indefensa porque de esa manera me hago fuerte sin tener que demostrarlo. Quiero peleas y reproches. Me gusta la violencia y me gusta volverme roja de rabia.
Sin embargo, he dejado a medias a más de una batalla por no ver correr la sangre.

A él se le desmontó el plan cuando vio que le obedecían.
A mí me desmontó su cara pidiéndome perdón, excusándose. Él era yo hace años.
Quizás sea eso lo que me aprisiona el pecho. Quizás, tenerle pena, no entender por qué seguir con esta farsa. No me importa que no quieras saber qué es lo que se me pasa por la mente. Quiero que a ti se te pase algo por la mente.
Y es el miedo al crecer, el haber abandonado todo eso a lo que pertenecía. Dejé de respetarte desde el momento en el que entendí que el débil eras tú y no yo.

Y del resto de cosas de las que me arrepiento, solo las sabré yo.

Es solo que no sé qué es lo que estoy haciendo con mi vida. A dónde la dirijo, cómo seré dentro de unos años. Con quién seré dentro de unos años.
Todos se han ido o los he echado.
Cómo será la vida al lado de nadie. Al lado de un teléfono que no va a sonar nunca.
Unas veces por el tiempo y otras porque no me da la gana de perdonar el haberme abandonado.

Cómo será la vida cuando ni siquiera me quede esto que hago, cuando el contar todo esto ni siquiera me alivie.

Es increíble… la cantidad de cosas que acumulamos en los armarios, trasteros, cajones, diarios, libretas, ordenadores, bolsillos, memoria… increíble como toda la porquería de todas esas cosas se va directamente al alma.
Debe estar comunicada con el dios al que pertenecemos.
Sino, no entendería por qué siempre que me veo con el agua hasta el cuello, murmuro “por favor Dios, por favor”. Me lo imagino, frotándose las manos y pensando “jódete, por infiel”.

Por suerte yo pienso en muchas cosas más antes de caer en su trampa.
A veces funciona y otras, hay que bajarse los pantalones y dejarse follar por ese sentimiento de culpa que todo dios crea para retenernos, ahí, con él, tan solito…

Pero lo siento… después de descubrir lo de los Reyes Magos y lo de la familia… después de eso me digo una y otra vez, una y otra vez… dónde está tu Dios ahora, maldita gilipollas… y sonrío. Sé la respuesta.
Está, pero solito…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

estas dos semanas me he sentido exactamente igual...un gustazo leerte
=)

JuliaSaaveMucho dijo...

joder, te quiero


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.