miércoles, 2 de marzo de 2011

Acompañar al tiempo.



No acompaña el tiempo al sentimiento.

Salgo de clase, son las nueve. Hoy ha sido un día frío de principio a fin. Incluso en mitad del leche y leche de media mañana, mientras leía tu mensaje. Incluso con un café tan caliente como el de hoy, ha sido un día frío.
No bastaba con eso sino que además de hacerse de noche llueve.
Algo extraño pasaba hoy cuando no te esperaba a ti sino al dentista. Está bien sorprenderse de vez en cuando. Solo que hay sorpresas que según como te pillen, te sacan una sonrisa o te dejan cara de “nontiendonada”. Como siempre, contigo, no entiendo nada.

No acompaña el tiempo al pensamiento.

Las noches se apoderan de mí sobre las siete y media de la tarde, es entonces cuando lo gris del día se oscurece y lejos de terminar, se alarga la hora de sentirse como en casa.
No me gusta ver cómo soy y no son los mismo planes de la noche los de la mañana.
Creo que he nacido para darme al sol como las playas.
Buscar el pedacito de calor, color de las baldosas de este sitio que a poco que se nuble crecen las humedades hasta las plantas de los pies.

No acompaña el tiempo al alma.

Parecieran imanes las soledades, como si entre ellas se conocieran. Sentir el peso de cada uno de mis actos contemplándome antes de saltar al vacío. Con esos ojos de pena y resignación. Sonríen luego. Me han vuelto a engañar. De nuevo.
Pasa que a veces no soporto si quiera el acompañarme y no encuentro manera de separar estas tardes de mis pieles.
¿Cómo va a ser esto después de todo?

No acompaña el tiempo a los recuerdos.

Ni el camino de casa a la universidad y vuelta. Ni los sitios que impregnamos de todos esos fallos que hicieron de esto, lo nuestro.
Algo que aprendí hace tiempo es que nadie es perfecto. Ahora tengo ganas de mejorarme y no encuentro el modo de compaginar esa sensación de desarraigo con la de estar cambiando. A bien. A mal. Caminando de algún modo. Descubriendo lodos y estaciones de descanso.
Más allá de lo bonito siempre encuentro algo que se le supera y por eso ahora hay listones que o dejan de existir o me limito a vivir tan solo con lo bonito. Eso y nada más.

No acompaña el tiempo a las ganas.

Cuando lo que quiero es estirarme. Entiéndeme como quieras y si no lo consigues, imagíname llegando a donde no lo hacía antes.
Me imagino las cosas en otro momento, en otra piel e incluso en otro universo. Cómo sería no tener ganas de tener ganas y resulta que el resultado es un cansancio agotador.
Es como tener siempre algo sujetándome o como si caminase con pegamento en los zapatos. Esa sensación de no llegar nunca a donde quiero y lo peor: acostumbrarme a ello.

No acompaña el tiempo cuando pienso “no es esto lo que quiero”.

Pero era de esperar. A veces hace bueno incluso lloviendo. No se si me explico pero
hay futuros que se ven con otros filtros. Llegar a imaginarme sin esa sensación en mí de no ser importante, única y brillante. Esa sensación de verte entre mis manos y que mis manos no sean mías. De que tus palabras pertenecerán a otros oídos y otros ojos. Que otras piernas se enredarán entre tus pelos y tus pies.
Pienso que estaba tardando tanto en hacerte aparecer que hasta me dolías.
Es por el hecho de estar entre mis dedos y ser la extensión de mis días, mis pensamientos. El hecho de ser tú el tiempo que me pasa por dentro.
Esa sensación de escriba lo que escriba te llevo conmigo en esto aunque parecieras desaparecer.
Si de verdad quisiera no tardaría ni medio día en olvidarte, pero no acompaña el tiempo cuando no es esto lo que quiero.
Estar harta de inventarse un final en estos intermedios y verse en el final sin acordarse del resto.

No acompaña el tiempo cuando hasta eso parece dejar de existir.

Despertar sabiendo que ya no te siento. Existo aquí, justo a mi lado. Mi pelo es más rubio y mis facciones quizás diferentes. Lleva todo el día picándome el cuello y creo que es un pensamiento. Entre los versos que tengo puedo pensar que los tuyos no siempre fueron los mejores. El sentirme parte de mi misma reconforta. No hay nada de mí que se haya quedado por ahí. Pero eso siempre pasa porque me gusta recogerlo todo antes de irme de cualquier lugar.
Es posible que algún día vuelva para comprobar que no me he dejado nada y me descubriré o no buscando eso que siempre todos ansiamos. Cuando lo tenga te juro que no lo soltaré aunque arda.
Toda la libertad de no sentirse presa no la cambio por nada.

No acompaña el tiempo a las dudas.

Y no confiar en mi propia voluntad porque no es eso lo que quieren mis papilas gustativas, mis pupilas, mis huellas dactilares en general y en particular, mis fosas nasales.
No hay mayor placer que llegar a casa y ese olor a estar en ella. No hay peor pesadilla que descubrir tu olor entre las cosas que pasan mientras gritan las ausencias.
Pero es normal cuando el cuerpo se acostumbra y al final pasará lo mismo con los dolores del alma y las penas acabarán ahogándose en ellas mismas.
Estas cosas pasan.

Y ahora al tiempo lo acompaño yo.

Hoy ha hecho un día terriblemente frío, pero se me había olvidado lo bien que está escuchar música mientras intentas calentar el alma o el hambre a la luz de un leche y leche hirviendo. No paró la música con el mensaje y encima resultó no ser mi dentista.
Estas cosas pasan. Lo importantes es saber comportarse cuando dejen de pasar.
Estar bien cuando el tiempo acompañe y cuando no lo haga al menos disfrutar de la otra cara.
La B de bien.

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