lunes, 18 de julio de 2011

ballena.

Tengo miedo.
Habré escrito esta frase un millón de veces a lo largo de mi vida y probablemente todas esas veces sentía que era un miedo definitivo y doloroso, pero esta vez, el miedo del que hablo no tiene respuestas, no tiene una solución, ya, ahora. No.
Veo la tele, veo series de televisión, leo cosas sobre gente, oigo a gente hablar sobre otras personas, sobre sus relaciones y tengo miedo a que sigas estando en todas esas cosas a pesar de los pesares.
No quiero que cada característica tuya sea también la de mi actriz favorita de cualquier serie, ni quiero pensar por un momento que mi vida va a ser así siempre.
Creyendo que una chica como tú entró sin preguntar a cambiarlo todo de sitio y que con la misma se ha ido. Dejándolo todo desordenado, muy típico de una chica como tú.
Ni por un momento quiero pensar que nada será igual después de ti, aunque lo sepa.
Que nadie que venga después pueda compensar tanto dolor y tanto amor.
Nadie puede compensar tanto vacío. Es físicamente imposible a no ser que me enamore de una ballena.
Y lo peor de todo es que me cuesta creer, que de una ballena o de quien sea, yo pueda volver a enamorarme así.
Hasta el punto de rozar lo patológico.
Hasta el punto de creer una y otra vez en que hay personas que te cambian por dentro.
Se clavan justo en la parte del cerebro que creemos que controlamos y ya nada volverá a ser lo mismo.
Olvídate de que existes, porque ahora la vida sólo tendrá sentido si ella te lo dice.
Y eso me parece una mierda, a mí y a las ochentamil horas que empleo al día en ver anatomía de Grey.

Pero tengo claro algo que hace un tiempo no podría haberlo dicho con total seguridad.
Esto no es amor.

Lo dije hace tiempo y lo digo ahora mismo, no creo que un heroinómano ame a la heroína. No creo que nadie en su sano juicio pueda querer a alguien que aunque no sea su intención, no le haga bien para nada.

Y ya no me acuerdo de las personas que éramos cuando éramos de verdad.
Incluso me cuesta recordarlo estando a tu lado en la cama preguntándote si recuerdas todas aquellas anécdotas de las que, como si me hubiera quitado las gafas, ya no veo los rostros de sus protagonistas.

Y no. No eres todas esas chicas que salen en la tele hablando de amor.
Por no ser, ya no eres ni la chica que conocí aquella vez en aquel sitio al que ya no te dan ganas de ir.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.