miércoles, 20 de julio de 2011

El punto



Hay un punto en el que de tanto conocernos
empezamos a desconocernos
y ya no sé qué puedes ponerte
porque no sé que ropa llevas
y no sé proponerte un buen plan
porque ya no sé cuales son tus planes.

Y me gustaría escribir sobre cómo te queda tal vestido
o cómo es tu cara al despertar
o cómo de jugosos son tus besos
cuando besas.
Pero de tanto conocerte
ya no sé quién eres.

Entonces leo poemas de otros
y te traigo de vuelta.
Sigues estando en cada esquina de cada verso,
pero no en los míos.
En los míos hace tiempo que dejaste de estar.

He pensado que volverá a ser difícil
porque cada vez que lo intento
apareces en cualquier nimiedad.
Me entristezco,
como lágrimas
que volverán a ser lloradas.
Les tengo demasiado cariño,
como a ti,
supongo.

Hay un punto en el que de tanto amar
desarmas.
Odias y detestas
su voz por el teléfono,
su letra en cualquier papel,
los restos de las peleas de sus sueños
contra mi almohada.

Sin retorno,
no saber, como siempre
que esta situación se volverá a repetir
y mentalmente sentir el cansancio
con solo imaginarlo.

Repetir en voz baja lo que siento
la rabia fraguando tempestades
en mi garganta.
Siento que no te quiero.
Allí en tu balcón, fumando, pensé:
si tanta rabia me da por qué no me voy,
qué fuerza oscura me impide
recoger mis cosas y marcharme.

Por qué al cerrar tu puerta,
a mitad de pasillo,
en el ascensor
aun se me pasa por la cabeza
que volverás.

Con lágrimas en los ojos
y ganas entre las piernas.

Por qué sigo creyendo en ti
cuando ni siquiera se ya
si yo existo.

Y es entonces cuando
no escribes un punto esperando
poner otro justo después del primero.
Porque hay un punto en el que el final
es el final
y conocernos o no,
amarnos o no,
no tiene importancia.

No hay comentarios:


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.