lunes, 8 de agosto de 2011

Techo.



Llegaste a la puerta de mi casa, tocaste el timbre, te abrió mi hermano, subiste las escaleras, abriste la puerta de mi cuarto y no me encontraste, entonces esperaste unos minutos y al mirar por la ventana me viste en el banco que hay en el balcón de mis padres. Saliste de mi cuarto, atravesaste el estudio y ya en el cuarto de mis padres abriste la puerta para segundos más tarde estar en el balcón.
Caminaste por delante de mí hasta sentarte a mi lado, apoyaste tu cabeza en mi hombro y todo se volvió a quedar en silencio.

Mientras yo, escuchaba música cuando llegaste a la puerta de mi casa, cuando tocaste el timbre, cuando mi hermano te abrió la puerta, cuando subiste las escaleras y entraste a mi cuarto esperando encontrarme. Cuando me descubriste por la ventana yo seguía escuchando música, y también lo hacía cuando atravesaste el estudio hasta llegar al cuarto de mis padres y abrir la puerta del balcón y cuando caminaste hacia mí y te sentaste a mi lado.
Incluso con tu cabeza en mi hombro yo seguía escuchando música.

La música que ocupa tú lugar me llena mucho más que cualquiera de los silencios que me quieras regalar.

Entonces miré hacia el lado del banco en el que me había imaginado que te sentabas y pensé que ya era hora de rendirme.
No voy a esperar más por ti.
Aun así, llevo cuatro días deseando que tocases el timbre y mi hermano te abriese la puerta. Salir del baño quizás y encontrarte ahí, sentada en mi cama, dispuesta, al menos, a firmar el tratado de paz que nos merecemos.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.