lunes, 19 de septiembre de 2011

Días carnívoros


Los días carnívoros
muerden con más fuerza que el resto
dejando un reguero de sangre
allá a donde se vaya.
Son de esos días en los que
como martillazos,
los recuerdos estallan contra tus párpados
y en la punta de tus dedos
se empieza a notar el sudor
de la magia.

Tienen, también, garras
y pueden dejarte sin ropa,
sin aliento.
Pueden dejarte a mitad de camino
entre un buen día
y uno de los malos.
Te agarran por el pescuezo
te llevan contra la pared
y es allí donde se vuelven grises
y dan miedo.

Los domingos, por lo general,
son una especie de días
de los más carnívoros.
Detrás de cualquier tipo de noche,
los sábados solo son un señuelo
para tenerte cerca, cansada, destruida
y entonces
¡zas!
Los sillones te atrapan en espirales
de películas lacrimógenas,
la comida no te llena del todo
y hay un chocolate esperando en la despensa
a tu depresión, carnívora, también.

De pronto, uno de sus dientes
acaba llegándote el hueso
y empieza a sonar una música muy triste.
Con guitarras y piano,
como anunciando la muerte total de la alegría.

De todos modos, tú ya sabías que algo así pasaría,
tirada en la cama la tarde del sábado
pensando que la paciencia nos hace grandes
y dejándote dormir para pasar el mal trago
con algo menos de dolor.
Sabías que al día siguiente
el levantarte de la cama solo sería un error
pero
24 horas después te encuentras en un coche
con tres personas
rodeados de bosque
y crees que es posible
volverse vegetariano de vez en cuando
mientras dibujas castillos encantados
y empiezas a echar de menos a tu mejor amiga
que se va uno de esos días carnívoros de la semana
pensando si quizás ella pueda regalarte
al menos
solo
una
lagrimilla
para convertir la sangre de la primera mordida
en magia
y el tedio de la segunda
en pienso para días
como estos.

Bajábamos de la montaña
dándonos la mano,
sabiendo que las despedidas
cuanto antes se hagan mejor
queriéndonos desde nuestros respectivos
mataderos mentales.

Limpiar la sangre de los días carnívoros
después,
si sabes cómo
puede convertirse en una tarea ardua
pero entretenida
y así comenzó el lunes.
Limpiándome las heridas
de un fin de semana
tendida en el suelo,
sintiendo los rayos de sol
intercalados con las gotas de lluvia
de cuando me daba por pensar.

No sé si tú me viste
pero yo estaba allí,
tirada en el suelo
sintiendo las dentelladas de un domingo próximo
pero disfrutando
de cada uno de los recuerdos
que como martillazos
estallaban contra mí,
una de las personas más carnívoras que conozco.

1 comentario:

cuellosobaco dijo...

RESAKA


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.