viernes, 2 de septiembre de 2011

Like Eurovision


Sabes que has hecho bien cuando aun despertándote a horas inhumanas, no te importa.
Has hecho bien, porque la agarras, la espachurras y piensas "joder, no he dormido una mierda, pero que bonica eres" y solo eso te basta.

Después te despiertas de verdad y empiezas a pensar, a salvar a tu amiga de que acabe como tú, pero sabiendo desde el principio que es misión fallida.
Piensas, "llevo una semana entera sin dormir bien del todo", te preocupa no poder aguantar, pero siempre lo consigues. Hay sueños que se repiten golpeándote los párpados, no dejándote dormir, pero tú solo piensas que es un día más y que detrás de éste habrá un siguiente y te recorre una ansiedad por todas las ganas de vivir que no te caben en el cuerpo.
Sabes que has hecho bien cuando no te importa que las cosas vayan mal. Ya irán mejor.
Hacía más de un mes que no veías amanecer.
Ama-nacer.
La gata duerme por fin con Laura. Aun así ya no hay posibilidad. Una vez despiertos, esos ojos no se volverán a cerrar.
Caes en la cuenta de cuánto has cambiado cuando entiendes que el crecer significa dormir poco y mal y aun así tener que levantarte con una sonrisa.
Sientes la cabeza como la mañana antes de un examen, después de una noche entera en la biblioteca.
Sin el oído la realidad sería distinta. No existiría el equilibrio, sobre todo. Vomitaríamos.
Esto de aquí es una especie de vómito mañanero. Estoy como perdiendo el equilibrio.
Conseguí parar la resaca a base de agua pero no a las pesadillas.

Es como saber cuándo es el momento adecuado.
Ahora es el momento adecuado.

Piensas, “Joder, necesito un café” y algo más.
Echar de menos alguna que otra curva en el camino.
Pensar en unas.
Quererlas.

Simplificar.

Lo primero que se me venga a la mente siempre hace enfadar a Laura, porque no le hago caso. Dice “miras mucho el móvil” y sin embargo, prometí no beber más en mucho tiempo, y anoche el tequila nos recorrió la garganta a más de una.
Escribió una nota que se me olvidó leer y sin darme cuenta era yo quien terminaba cada frase sin mirar. Aun así la odio. Mi gata la adora porque tiene rastas, lo que para un bebé gatuno equivale a cosa-súper-divertida-y-alucinante y para mí es un mi-gata-me-odia-porque-soy-la-que-le-da-las-medicinas y claro, me siento un poco madre.
Pienso en la mía, entonces, “son todos unos malagradecidos del carajo” y se lo digo a Ruvia.

Llegados a este punto podemos decir que estoy loca.
Está bien.
Todas esas personas tenían razón.

Punto para ellas.
Yo me voy a beber un café calentito mientras termina de amanecer.
Ama
Ama
Ama
y
mecer.

No hay comentarios:


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.