viernes, 9 de septiembre de 2011

Manías más, manías menos.

Por esa manía mía de querer salvarle el mundo a cualquiera que se me cruce.
Por esa manía mía de no invitar a nadie a nada nunca.
Por esa manía mía de fijarme en cómo suenan las palabras y qué letras llevan (da la casualidad de que nadie, nada y nunca empiezan por ene, como la palabra no).
Por esa manía mía de tener que estar escuchando música a todas horas.
Por esa manía mía de fijarme en los imposibles (tarde o temprano esa barrera del im- se desmiembra y terminan sucediéndose los acontecimientos tal y como debieran).
Por esa manía mía y las que quiero que descubras, tú y tú y tú.
Por esa manía mía de dirigirme siempre a alguien cuando escribo (el viento que se lleve lo hablado, pero esto de aquí, para ti, para cualquiera de los "tus" que me imagino, se queda para siempre entre nosotras).
Esa manía de creerme tan lista y tan tonta.
Me voy a dormir
que no es una manía mía pero dicen que es algo que hacen los mortales de vez en cuando.

Ala.

1 comentario:

Bubo dijo...

A mi no me importaría tener la manía de no invitar a nadie a nada nunca.
Pero no me sale.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.