jueves, 15 de septiembre de 2011

A pesar de todo, seguimos en tierra

Lo que más me cuesta entender de las personas son las contradicciones.
Yo te hablo de esto y de esto y de esto. Tú me puedes escuchar o no, pero esto es lo que yo te estoy diciendo.
Tú me dices blablabla y yo oigo, como música de fondo, lo que realmente piensas.
Te digo blablabla esperando que tú también me oigas como música de fondo y al final pasa lo que pasa. Ni tú ni yo nos estamos entendiendo.
Me pregunto cómo has llegado hasta aquí.
¿Cómo?
Son las 6:36 de la mañana, en nada empieza el primer día de mi curso escolar y mientras el fuego se deshacía por los aires yo pensaba.
Ya te digo, con la de cosas interesantes que podemos hacer los humanos, voy yo y me pongo a pensar y no me queda más remedio que traerte a la mente.
Pero ¿sabes lo que pasa con las mentes?
Que son imanes y se atraen. Solo hace falta estar en el polo adecuado. Solo eso.

Me fascina cómo podemos complicar las personas el lenguaje. Cuando todos éramos animales, todos nos entendíamos. Las madres son capaces de reconocer los diferentes tipos de llanto de sus crías. Y es solo eso, eh, llanto.
Dime tú cuánto daría yo en este momento por reconocer un "quédate aquí un rato más", un "esto se puede mejorar", un "sálvame".
El problema está en que soy capaz de reconocerlo perfectamente, pero tiro de la duda como opción de vida y así me va.
Preguntando cosas que sé de sobra, explicando cosas que de sobra sé que se saben, escuchando una y otra vez la misma historia. El mismo miedo.

Ahora viene la parte en la que comento la de huevos que me gustaría tener para cambiar el curso de las palabras. Para cambiar el rumbo de ciertos pensamientos. Para que, a la primera, y sin rodeos, decir que lo he hecho fatal muchas veces a lo largo de mi vida y que me encantaría seguir cagándola si de vuelta a casa paso por encima del asfalto a un par de centímetros de altura y no hay quien me toque, no hay quien me hunda mas que yo misma.

Y un poquito de esas pupilas, también, por qué no.



.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.