viernes, 28 de octubre de 2011

Automático

Probablemente esto sea una especie de auto-obligación, una especie de ritual, de costumbre instaurada.
Probablemente solo sean palabras. 
La química se diluye lentamente, pero se diluye y probablemente mañana ya no haya ni rastro de esta sensación. Esa especie de manía humana de alargar algo placentero. Se cierra la puerta. Hasta ahí. Pero no.
De camino a casa una siempre sigue pensando en ese sentido del tacto, del gusto, del olfato. Una sigue rememorando lo placentero hasta el punto de añorarlo, a tan solo tres segundos de una despedida.
Si me pongo a ello podría memorizar, cuál es la baldosa rota de tu portal, los pasos que se tarda en llegar hasta el aparcamiento o incluso la media de minutos que se tarda en despacharme. Cincuenta y algo.
Pero eso solo significaría tener más motivos. Luego tener motivos solo significaría tener más razones y luego el resto solo serían pesos de más.
Es solo que últimamente me dedico a vivir. Ya te digo. Vivir no solo consiste en comer, dormir, defecar, respirar. Se trata de priorizar, de volverse medianamente loca, medianamente cuerda. Se trata de hacer lo que a una le apetezca siempre y cuando no tenga que madrugar.
Pero existen sonrisas resacadas que valen un millón. Esas que cuando despiertas pensando que no, no, no, te atraviesan todos tus músculos faciales y del estímulo incondicionado, nos acomodamos en un recuerdo.
Solo un instante.
Es más, estoy segura que mañana cuando me despierte me pasará algo así. Estarás entre mis músculos faciales y por ende te recordaré.
Será extraño pero es una especie de auto-obligación, de ritual, de costumbre instaurada escribir cuando llego a casa aun con la química diluyéndose en mi. Aunque mañana al despertar solo sea una sonrisa lo que me trajo hasta aquí.
Una sonrisa que vale un millón.


1 comentario:

ayopiensaveces dijo...

Una sonrisa que siempre te hará sonreir.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.