lunes, 24 de octubre de 2011

La noche de los chicos sentados en sillones de cuero.

Pies sucios, como anticipo de unos pensamientos. Consecuencia de andar mucho, andar demasiado.
Desde mi sillón podía ver la ventana que daba a la calle. Podía ver las ventanas del edificio de enfrente. Luces encendidas aun, no éramos los únicos que trasnochábamos.
Un buen título para tu primer libro debe ser lo primero que se te venga a la mente. La noche se relataba sola y nosotros andábamos con las penas como intentando bailar sin desfallecer. Cada uno en un sillón. Unos pies sucios, unos ojos llorosos y yo que estaba a punto de saltarme un ceda y ganarme una multa a las siete de la mañana.
Hay noches que están pintadas, poco menos que por Dalí. Tú no entiendes, yo menos y aquí el querer algo con muchas fuerzas es sinónimo de acabar escuchando como los demás follan. Como los demás vomitan. Como los demás lloran.
Veía sus pies. Pensaba en qué pasaría mañana cuando fuera de día y toda aquella noche solo fuera un reflejo de lo que somos cuando somos lo peor.
La noche de los chicos sentados en sillones de cuero. Sus piernas colgando, sentada de lado.
No llevarte conmigo de vuelta a casa y sentir un desprecio incontrolable hacia la palabra despedida.

Llevaba el cabreo en los zapatos, un azul turquesa aun en los labios y el tiempo que me faltó para darle las buenas noches riéndome. Aquello de noche tenía bastante poco.

Lo malo de algunos sillones es que pueden llegar a ser bastante incómodos. Como aquel salón. Como aquella noche. Como cuando nadie dice nada y se pueden oir los pensamientos. Como todo lo que pasa antes de que alguien abra la boca y le pida un beso de buenas noches a otro alguien.

Últimamente siento que no hago más que complicarle la vida a la gente. Siento que soy el típico sillón de cuero con el que todo el mundo se topa alguna vez en su vida, mirando hacia una ventana, perdiendo la mirada en unos pies sucios y sintiendo que tiene muchas cosas que contar pero no sabe cómo, porque todo eso le resulta tan incómodo como levantarse del sillón para ponerse la chaqueta, bajar las escaleras, montarse en la moto y ser multada a las siete de la mañana por un guardia civil poco respetuoso.

1 comentario:

Bubo dijo...

noches pintadas por Dali... me gusta.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.