viernes, 7 de octubre de 2011

GPS


Abro mi cabeza. Otras veces, muchas veces, me habría abierto en canal, las entrañas, el corazón, las venas. Pero esta vez, abriré mi cabeza. Otras veces, muchas veces, lo hacía para meter cosas, sacar cosas, dar vía libre a nombres herméticos donde yo nunca tuve cabida.
Por eso para mí, estar dentro de algo es importante. Llevar en mí algo es lo normal, pero ahora abro mi cabeza para pringarme las manos de pensamientos. Hurgar en mí como lo haría contigo si pudiera.
El cerebro no es más que unas tripas como otras cualquiera, con la diferencia de poder elegir el momento y el lugar adecuado para desentendernos de su contenido.
Mis ojos no lo ven, pero yo sé que existe todo ese color del que te hablo cuando palabras que no existen rebotan contra cualquier superficie.
Entiendo que no seas capaz de verlo. Yo tampoco. Normalmente la piel es algo que no deja ver más allá, pero sé que de la tinta de esta hoja hasta mi cerebro, no hay nada. Las letras corren por mí como lo harías tú si yo quisiera.

El caso es que estoy aquí, con el cerebro al aire, pringando mis dedos de dudas, intentando localizar el lugar exacto donde se encuentra la mente.
Ya no te digo el alma. El alma sí sé dónde está. Te hablo de cuáles son tus coordenadas geográficas cuando digo que te tengo en mente.
Es como sabernos en la misma ciudad, querer coincidir, pero andar tan desorientada y tan lejos, que cada calle se convierte, entonces, en una nueva esperanza.

Con mi cabeza pasa lo mismo.
Sé que estás, porque es obvio y lógico, pero no sé dónde ni en qué momento me empezó a interesar tanto un lugar como el tuyo. Sobre todo me intriga todo esto porque no soy muy propensa a tener curiosidad por lo nuevo. Mucho menos si se trata de un lugar.

Y es que lugares hay miles y normalmente a todos se llega más o menos por los mismos caminos y con los mismos medios, pero ahora mismo siento crecer una selva entre las circunvalaciones de mi cerebro.
Además, soy tan de ciudad que un manglar puede asustarme de una manera irracionalmente desproporcionada, pero no sé por qué motivo, hago de tripas corazón y sigo insistiendo en que es importante saber el lugar exacto de localización para cualquier cosa. Ya sea una emboscada, un alto el fuego o un atrincheramiento.

Por eso he llegado a la conclusión de que ya no me basta con saber que te pienso y te tengo en mente. Ahora me hace falta saber dónde estás, de cuánto tiempo dispongo para encontrarte, y qué será lo correcto cuando, de retirada, enfangada hasta las trancas, cabizbaja y cansada, me encuentre contigo
de camino a casa.


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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.