miércoles, 26 de octubre de 2011

Sioux y todo lo demás



Un indio Sioux siempre sabe qué hacer con los suyos.
Te tengo en las entrañas y me dueles en octubre porque esto era una especie de ritual para nosotras.
Pipas peladas, hojas de libretas mal cortadas y cartitas con dibujos y letras de muchos colores.
Este era una especie de mes triste. Siempre lo ha sido pero ahí estabas tú.
Un año apareciste vestida íntegramente de verde y parecías una rana.

En donde vives ahora no suelen haber muchos indios como yo. Siento haberme cambiado de bando.
Los piratas siguen estando en mí pero ahora siento el mundo de otra manera.
Es una especie de "sigo luchando pero ahora de manera diferente".
Para serte sincera, esperaba que estuvieras muy triste el día de nuestra despedida, pero no. Aguantamos el mal trago de manera estoica y mientras tu preparabas la comida yo me iba porque había quedado con Huguito.
Esta noche, mientras hablaba con Julia, me he descubierto medio llorando porque no vas a estar en mi cumpleaños. Me he sentido en mitad de un síndrome premenstrual muy, muy adelantado, pero no. Es solo que es octubre, que todo comienza a ser naranja y gris y que los kilómetros me pesan.
Hay un millón de personas ahí fuera viviendo una vida que, quizás ahora mismo, debería ser la mía, un millón de amigos viviendo fuera pero a la única que necesito, realmente, es a ti. Aquí.
Resulta que si me pongo a pensarlo, aun ahora, volvería a llorar.

Es como cuando te ibas de vacaciones de verano a Madrid, pero mucho peor, mucho más frío, mucho más todo. Cuando no había visitado esa ciudad, te imaginaba en ella por lo que te leía, en una ciudad que algún día fue nuestra. En un tren, muy fumadas o deseando que subieras y leyeras y que todo el mundo viera la de bichos que nacen en tu cabeza. Me gustan esos bichos.
Tus bichos y tus sueños.


Aquí tampoco hay nadie tan encantadora como tú, ni me saben leer la lascivias con una sonrisa como la tuya.
Te ríes de todo lo que te digo y me gusta porque cuando nos conocimos pasó algo así. Me gusta ser tu amiga porque comprendes mi sentido del humor. O pensándolo mejor, solo soy así contigo y no porque el resto no me vaya a entender, es solo que sabías desde el principio que Vanessa no me iba a caer bien, y sabías desde el principio que ser mi tutora en ortografía solo iba a significar más deprave y más pasar de estudiar. Y sabías que nuestro proyecto de casa para tecnología no lo íbamos a hacer nosotras, sino mi abuela.
Fue la mejor excusa para que te quedases días y días en casa, comiendo sándwiches de atún con mayonesa y millo y rompiéndome fotos de Bustamante por pura envidia.

Y se suponía que la que cumplía años era yo y estoy aquí, escribiéndote.
Pero así somos los indios Sioux.
No dormimos y nunca dejamos de luchar.
Tengo en mi mente tu cabellera. No me he enamorado aun de ti, pero tiempo al tiempo.
Cuando me ría sola de alguna chica pensaré que desde la distancia tú también lo haces diciéndome "ahora seguro que te deja".
Y te odiaré por decirme que qué fea.
Creo que me estimulas. No te trabes. Es solo que mi mente va mucho más rápido, mucho mejor, mucho más feliz, cuando te tengo cerca o cuando de lejos nos contamos las cosas, y me dices cosas que pienso y te digo cosas que piensas y te quiero. Joder. Que te quiero.

Y nada, estaba allí, en el baño viendo como Julia se quitaba el maquillaje de prueba para la fiesta de Hallowen, hablando de todo, de esas cosas que te cuento a ti pero entre risas, solo que un poco triste y un poco cansada y me dio por recordar que el jueves es mi cumpleaños y no te tengo conmigo.
Sé que sí, que bueno, que nos tenemos en mente. Todo ese rollo sentimental, pero echo de menos la litrona en el parque y sentirme un poco macarra con 16 años. Por tu culpa.
Así que nada, en diciembre celebramos un octubre, un noviembre y todos los meses que nos quedan por delante.

Por cierto, no recuerdo bien quién, pero alguien me dijo que los indios se drogaban, haciéndose heriditas en el brazo e inyectándose veneno de rana/sapo para soportar las alturas y saltar y ver mejor.
Qué extraño todo ¿no?
Es como estar metida dentro de una gran metáfora. Como si fueras la rana que envenena al Indio y así puede ver y saltar mejor.
Y matar mejor.

Te quiero y espero que como los indios sioux, sepas qué hacer con todo esto.



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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.