viernes, 4 de noviembre de 2011

Hoguera


Todos bailaban al son de músicas pegadizas, agitaban sus cuerpos, sus mentes, sus sudores. Es el estar sentada en esta silla lo que me molesta. Y mojarme cuando llueve sin reconocer que, en realidad, lo que me molesta es no poder compartir la típica sonrisa del "mira me estoy mojando". Es lógico, llueve.
Hay una canción con la que últimamente me gusta masturbarme. Hacerlo con música es una de las razones por las que me gusta tanto. Y de repente hay un montón de moscas esperando su muerte en una pared verde capricho. Las consecuencias del fumar no solo son el cáncer. También está el frío y probablemente la explicación a por qué últimamente mi habitación está llena de palomillas y moscas. Ellas también saben lo que es un hogar. Precisamente, mi cuarto, es ahora su hogar.
Ellos bailaban mientras a cualquier otra persona se le caía la copa y maldecía su existencia por no poder recriminarle a nadie que esa chica tan guapa le diera el empujón justo para derramar su copa.
Esa sensación de estar tan nerviosa que no puedes controlar ninguno de tus músculos y sonríes de una manera un tanto extraña. Es, supongo, una forma inconsciente de felicidad.
Hay un ratón que se despierta justo a la misma hora en la que yo decido irme a dormir. Cada vez se me parece más a la dueña. Pena que no sepa cazar moscas ella también. Porque no solo es un ratón, sino que también es hembra.
Encargo una depresión cada otoño, por si no le basta al frío con joderme los planes. Ese incómodo momento en el que tienes que quitarte el jersey y temes que se te levante la camiseta y solo por eso encargaría una depresión del tamaño de un elefante. Solo por ese terrible acontecimiento.
Y si no era suficiente con esto, soy tan entrañable que se reproducen las pelusas en mi ombligo.

Bailaban todos y la música iba a un ritmo demencial. Ojalá paren mis neuronas, ojalá dejen de bailar, se limpien el sudor, tomen aire y vuelvan a empezar. Bailar, bailar, bailar.

Al rededor de una hoguera, que viene de hogar.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.