viernes, 11 de noviembre de 2011

Recuerda, tarta helada en la nevera.

El silencio es la espera, una tarta en la nevera esperando ser comida por los invitados de una fiesta que aun no ha empezado. Es el toque de queda, mirar por la ventana mientras llueve. Es estar sola rodeada de miedos, de gente, de tartas en la nevera esperando ser comidas. 
Lejos de ser ausencia, es un vacío esperando ser llenado. Lejos de ser vacío, lo abarca todo. 
Es la música que me impide pensar cuando salgo a dar vueltas, haciendo como que no quiero encontrarme con nadie, yendo, por fin, a esos sitios a donde sé que nadie más irá. Nadie más que yo.
El silencio es la mirada perdida del que piensa, recorriendo cada rincón de una sola idea. Muchas ideas acaban siendo ruido. La nada, el blanco, estar sentada en un sillón, esperando a que lleguen los invitados.
Es lo que pasa cuando cierras la puerta y te vas. Lo que pasa cuando no estás. El cigarro en el cenicero, apagado, esperando ser encendido, como una metáfora de una metáfora. Recuerda, la tarta en la nevera, también nos espera, nosotros, en silencio, también esperamos a esos invitados y ellos, a su vez, también esperan una fiesta.
El silencio no es silencio si es incómodo. Recuerda, muchas ideas acaban siendo ruido. Es incómodo todo esto porque entre las tuyas y las mías, las de ellos, ya no cabemos. Ideas.
La espera. Aprender a ser sutil entre las esperas, calmada entre las esperas, silenciosa entre los silencios incómodos de las esperas. El silencio es lo que no se ve pero se oye. Lo que hay cuando no hay nada.
Lo que pasa cuando se cierra la puerta del garaje y el sonido de la moto lo inunda todo de ideas ruidosas. Es lo que voy dejando tras de mí, cuando de camino a alguna parte voy esparciendo mis ideas. 
El silencio es lo que pasa cuando alguien llora y otro alguien no sabe qué hacer. Las lágrimas cayendo, sorber los mocos, todo eso es silencio porque no ocurre nada. Tu mente se queda en blanco cuando lloras, como una eyaculación emocional y al terminar no recuerdas muy bien el por qué de todo aquello pero te sientes mejor. El silencio es sentirse mejor, apoyada en la almohada y recordar que ya no hay ningún recuerdo.
Es el espacio entre dos cuerpos, el aire que circula a su libre albedrío, el peso del oxígeno.
El momento antes de quedarnos dormidos. Eso es el silencio. El limbo entre cualquier cosa. Una dimensión desconocida y por ende temida. Pero vivimos constantemente en silencio, es más, de tanto pensar nos vamos a quedar sordos. Recuerda, muchas ideas acaban siendo ruido.

Es, sin ir más lejos, lo que sucede cuando preguntas algo y esperas una respuesta. Un sí. Siempre un sí.
Mirar lo que nos rodea con ojos de gato. Mirar los colores, las formas, los movimientos. 
El silencio no es lo que pasa cuando no sé qué decir, eso es ruido. No sé qué decir porque quiero decir muchas cosas. Y de pronto, sentada en un sillón, mirando por la ventana, esperando a los invitados de una fiesta en la que hay una tarta en la nevera esperando ser comida y disfrutada.
Recuerda, una metáfora de una metáfora.

El silencio es lo que pasa mientras decido cómo actuar para que todo salga bien. Ensayo y error. Tirar, sin querer, las cosas de la mesa. Una cuchara, un tenedor. Cualquier cosa con la que se pueda comer una tarta.
Y sin ir más lejos, me encuentro rompiendo justamente el plato. A pesar de que sin cuchara aun podía haberme comido el pastel con las manos, se me cae el plato, llenándolo todo de silencio.
Llegados a este punto no me queda más remedio que plantearme tres opciones:

1. Coger la tarta con las manos y mancharme la cara, la ropa, el pelo. Todo.
2. Dejar la tarta en su sitio y quedarme sin comer.
3. Esperar a que me traigan un plato de repuesto.

Pero el silencio es esperar una respuesta. Es esperar a que alguien termine escogiendo una u otra opción. Es el miedo a tomar una decisión. Es saltar al vacío esperando encontrarte al final de todo, con al menos, algo de ruido. Ideas desordenadas. Encontrarte, sobre todo, con alguien a quien poder decirle que no sabes qué decir porque lo quieres decir todo. Solo que no sabes cómo.
¿Cómo?

Es el espacio que hay entre beso y beso. Porque ahí nadie piensa. Nadie tiene los huevos de pensar en la tarta que espera ser comida por no sé quién. Nadie es capaz de pensar mientras se tiene al silencio en la punta de la nariz. Recuerda, una sola idea, no se considera ruido.

La sonrisa después de haber acabado con todo esto. Eso es el silencio. Satisfacción. Una tarta enorme en una nevera algo antigua esperando ser comida por un montón de metáforas que a su vez son las metáforas de otras metáforas.

1 comentario:

Bubo dijo...

Si la tarta es de chocolate y flan me lanzo al suelo y allí mismo me la como. ¡Faltaría más!


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.