martes, 8 de noviembre de 2011

Saber qué contestar

Me he resignado a no saber qué decir cuando me preguntan por ti. 
Todas las palabras que pueda pronunciar acaban en tu boca, masticadas, tragadas y digeridas. Y ahí, en tu vientre es en donde estoy la mayoría del tiempo. Pero lo cierto es que ninguna de las cosas que no sé decir cuando me preguntan por ti existen realmente. Es solo un instante. Ese instante en el que creo que todo es gris y feo y de pronto se vuelve azul turquesa. No pasa siempre. Pero sé que cuando pasa estoy en tu vientre junto con todas las palabras que no me salen cuando me empiezas a masticar.

Soy eso. El bolo alimenticio de una probabilidad estadística nimia, pero sin embargo, existente entre todas las probabilidades estadísticas nimias de esta ciudad.

Sucede también que no eres la única que come y mastica palabras. Sin ir más lejos, yo me paso la mayoría del tiempo masticándome a mí misma, como concepto. Algo abstracto que solo se concreta cuando ve su reflejo en alguna superficie. De resto, mi pelo es diferente, mi cuerpo es otro y todo en general es distinto.
De hecho, en mi mente, el dibujo de tus facciones es tan distante de la realidad como lo es mi reflejo en cualquier superficie. Por eso te miro. Te digo que te memorizo por eso mismo. Porque no soporto la idea de crearte en mi mente de manera tan desemejante a la realidad.
Eres un par de ojos, un pelo, una boca, unas manos, unas uñas, un cuerpo, pero soy incapaz de agruparte y tenerte tal y como te ven mis ojos cuando acierto a levantar la vista en el momento adecuado.
Y es eso, supongo, lo que hace que no existan pensamientos con los que responder al "tú" como cuestión. Que estás tan desorganizadamente acomodada en mi mente que me es difícil exponer alguna idea coherente sobre ti. Aunque me concentre e intente con todas mis fuerzas ponerte sobre la mesa y exponerte con total claridad, no tengo ni idea de lo que pienso acerca de ti. Es solo que me gusta cuando tus partes dispersas se van uniendo en un momento de lucidez mental y se compone algo así como un reflejo de ti en mis retinas. Es algo armonioso, lleno de perfección. Como ver un paisaje o recordar una canción genial. Esa sensación de ver llover y saber que no hay ningún motivo lo suficientemente importante como para salir de casa. Solo mirar por la ventana. Como llueve.

Incluso si me obligasen a tener que decir algo sobre ti, no sabría qué contestar. Ni siquiera algo tan superficial como tu forma de reír o de mover la boca cuando hablas. Ni siquiera algo tan íntimo como tu forma de besar o de fumar. Ni siquiera sabría explicar la especie de retraso mental que me invade momentáneamente cuando te tengo cerca. No hace falta tenerte delante o a un lado. Solo con que estés cerca me vale para parecer lo suficientemente idiota como para que se note.
Así que hoy, a parte de masticarme una y otra vez, he decidido normalizar todo esto. Esta idiotez, esta tontería, este torbellino de ideas disparatadas. He vuelto a no saber qué contestar cuando me preguntaban por ti pero al menos he sabido por qué no puedo.
Eres como el concepto que tengo de mí cuando no hay ningún espejo cerca. Tan palpable como abstracto, tan cierto como erróneo. Pero eres como tal. Y de pronto apareces siendo tu propio reflejo y recuerdo el millón de cosas que se me habían olvidado cuando intentaba dilucidarte entre mis retinas y caigo en la cuenta del por qué de mi retraso mental, y el por qué de no saber qué decir cuando alguien me pregunta por ti.

Cabe destacar que si alguien preguntase algún día por mí, tampoco sabría muy bien qué contestar.
Ni recuerdo cuál es el color azul exacto de mis ojos, ni cómo son mis dientes cuando sonrío, ni mi panza cuando decido levantarme y quedarme sentada en el borde de la cama, pensando, cómo será la imagen que me traiga hoy el espejo de mí.
Sin embargo, aun hoy soy capaz de dibujar en mi mente con todo lujo de detalle el instante en el que aquella probabilidad estadística nimia, sentada a mi lado me dijo algo así como que írsele la bola era una especie de acercarnos lentamente y besarnos. Algo así como. Tampoco me hagas mucho caso.

Y si me preguntasen ahora mismo por ti, seguramente les hablaría de tu nariz.

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