jueves, 1 de diciembre de 2011

La inútil asocial

Hay días en los que me siento inútil.
Para contigo, para con ella, para con todos. El resto.
Días en los que no sale de mí ni un atisbo de interés al escuchar
lo que sin embargo oigo.
No sale de mí implicarme de algún modo en una conversación que no he elegido, 
en una interacción que no he pedido tener. 
Hay días en los que me gusta vivirlos para mí. Única y exclusivamente para mí y para quien yo elija. 
Y sin embargo tengo que lidiar con una sociabilidad impuesta, con normas y leyes, con un eterno quiz pro quo, para por si las moscas, en algún momento llego a ser yo quien se encuentra en la tesitura de necesitar de oídos, de gestos, de confidencias.

Hay días en los que ya me es difícil estar conmigo, como para tener que soportar el peso de otra conciencia. 
Esos días en los que mandaría a tomar por culo a cualquiera a la mínima de cambio. Pero, contra todo pronóstico, asiento, escucho, sonrío. Lo que la gente no sabe es que por mis venas corre muchas veces el desinterés de escuchar algo que no provienen de mí misma o, simplemente, de quien busco escuchar cualquier nimiedad.
Y así van pasando los días. Leyendo y escuchando las menudencias de gente que no me interesa e inventándome, ya en la cama, cómo sería si a quien yo quiero me contase esas tonterías cotidianas que nos saturan, desesperan, irritan, inquietan.

Es por eso, supongo, que últimamente me cuesta llegar tanto a la cama. Sana y salva. No me apetece ni siquiera indagar en cómo sería conversar de mí misma con ella. Me he acomodado a ir escuchando gilipolleces toda mi vida, a comprender, meditar, y dar explicación a problemas que ni me iban ni me venían, olvidándome de cómo era abrir la boca para empezar a soltar mi mierda a cualquiera que se me cruzase.

Sé que es tan simple como decir "lo siento, no me interesa", tan simple como un silencio. Pero mi yo social me impide quedarme callada ante una llamada de atención tan propia del un ser humano como lo es un "hola".
No, hola no. Hola nada, hola nunca. Hola se dice cuando quieres que alguien se quede contigo, en tu vida.
Hola se dice cuando quieres saber de la otra persona. Hola se dice cuando quieres empezar. Da igual qué. La importancia radica en que es un comienzo. Solo un Hola. Nada más.
El resto lo decide el interés, el rumbo, el divagar, la colisión casual de dos mentes.
La colisión causal de dos mentes.

No está mal, me pregunto, querer sentirse sola de vez en cuando, ¿no?
Escucharse a una misma, preguntarse. Lo quieras o no, cuando piensas con mucho ruido alrededor, nunca se termina sacando nada en claro. No me concentro. Las cosas se mueven de lugar, la gente cambia de gradiente de concentración, me siento una molécula más en mitad de un organismo que no para de hablar. Y no me interesa. Al menos hoy, que me siento inútil para con la sociedad. Siento como si le estuviera quitando algo a alguien. La libertad de poder expresarse, la libertad de verse reflejada en una cabeza que asiente y unos ojos que miran.
Pero hoy no. Hola no.

Ni siquiera me interesa hablarme, cuestionarme qué sucede para que el resto me de tanto igual. Yo que era todo lo contrario. Yo que ayudaba desinteresadamente a quien me lo pidiese. Qué ha pasado.

Supongo que ya no hay tanto vacío en mí. No hay tantos huecos, tantas carencias.
Supongo que es el escuchar el silencio lo que me calma ahora.
Mi silencio y mis mierdas también, porque las tengo, y existen y conviven día a día soportándome en mis días buenos y en los malos también. Siendo parte de mis penas, la mayoría del tiempo. De mis miedos e inseguridades, siempre. Y no necesito echarlas fuera, no necesito vaciarme de ellas. Ellas, al fin y al cabo, son lo que me hacen ser como soy. Es solo que a veces me gusta tener mis cosas controladas, como a mis mecheros. Saber dónde están y qué lugar deben ocupar.
Crecer, supongo. Dar el estirón, no sé si definitivo, pero clave para saber estar con una misma sin necesidad de nadie más.

Y no me interesa de verdad.
Quizás a ti tampoco todo esto y probablemente si no fuéramos tan sociales, ni tú habrías terminado de leer esto, ni yo lo habría querido compartir contigo, con ella, con todos. El resto.

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