jueves, 8 de diciembre de 2011

La parte de mí que debería gustarte.

Toda mi vida he pensado que lo que hace que alguien se quede a tu lado son las cosas que eres capaz de aportar. Demostrar, como un pavo real, todas tus cualidades y esperar a que esas cualidades sean las que la otra persona esté buscando. Que esas cosas que tú eres capaz de dar sean las que la complementen a ella. Las que ella quiera recibir.
Pero pasa algo que lo cambia todo. Toda exhibición es pura vanidad. Es solo la floritura de algo que es como el resto. Un aliento al despertar, una media de diez cigarrillos diarios, tres cafés entre las 10 de la mañana y las 6 de la tarde, insomnio, no tener dinero casi nunca. Todas esas cosas que forman parte de nuestros encantos. Las cosas que al fin y al cabo recordaremos de la otra persona.
¿Cómo eran sus rodillas? ¿Cómo hacía el amor? ¿Cuántos libros se había leído antes de conocerme?
No me acuerdo de nada de eso.
Al final terminas pensando en que todo es una copia de una copia. Que las mujeres que dejaron huella en ti quizás fueran esas que compartían a medias uno de esos diez cigarrillos, las que no entendían lo que escribías, las que no sabían ponerse en tu piel. Quizás esas mujeres jamás probaron el café a las 10 de la mañana y probablemente les diera igual el aliento mañanero.
Toda mi vida he pensado que ser buena con los demás hace que los demás quieran estar contigo. Mostrar ese lado compasivo, esa generosidad desinteresada, esa sonrisa siempre.
Pero al final lo único que una busca en otra persona es llenar su vida de cosas triviales, como la forma en la que tomaba los cereales a media tarde, o como se sentaba en los sillones de su casa, o simplemente la sensación que se te quedaba después de cada beso. El instante antes, ese olor. Olor a beso.
Ni tan alta, ni tan fuerte, ni tan inteligente. Son solo las cosas a las que somos capaces de acomodarnos fácilmente la que nos hacen decidirnos por algo. Alguien.
Y a veces lo que buscamos es sentir.
Por eso mucha gente busca ese dolor capaz de hacer tambalear todo su ser.
Por eso muchas veces me olvidé del placer de un cigarrillo a medias por el placer del dolor gratuito. Venido de una misma. Venido de dentro.
Como consecuencia, un orgullo herido, una dignidad pisoteada, "con todas las cosas que fui capaz de hacer por ella, todo lo que la he querido". Es solo que no somos conscientes de que es muy difícil mantener en el tiempo tantas cosas buenas sin perder en el camino nuestra esencia: aliento mañanero, tres cafés diarios, insomnio, falta de recursos, de paciencia, todos los días malos, los buenos, quedarse sin tabaco, llevar dos días sin ducharse, perder el último tranvía, beber de más, quedarse en la calle, la cerveza, los amigos, incluso la música. Incluso uno mismo.
Uno mismo es lo que realmente atrae a la gente.
Por mucho que quiera exhibirte mi brillante plumaje azul y verde. Eso es solo la parte de mí que no es tan mía. Más del resto.

Así que la que soy cuando llevo tres días con el mismo pijama, en casa, escribiendo y fumando, la que pide dinero a su abuela, la que gorronea siempre que puede de sus amigos. Esa es la parte de mí que más debería gustarte.

Aunque no lo veo nada claro.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.