miércoles, 14 de diciembre de 2011

Tripas.

Algo debe salir. Hay algo aquí dentro, donde dice Julia que están las cosas, entre las tripas, que debe salir.
Rehuyo de alguna manera enfrentarme a lo que siento, niego la existencia de algo que vaya más allá del pensamiento. Al fin y al cabo pensamos y sentimos por el mismo sitio. Pero hay algo, muy adentro y muy al fondo que va más allá de lo que pueda o no pensar. Eso que hace que te tiemblen las rodillas, eso que te sacude la voz, eso que te altera, que no te deja pensar. 
Química, digo. Repito algo que he estudiado y a lo que me aferro fervientemente. Como si todo el tiempo estuviera a punto de caerme y necesitara de una piscina, de una colchoneta que amortiguara el golpe.
Algo hay entre el estómago y el hígado, que te hace ser más fuerte y más débil, más listo y más tonto. Algo hay entre el páncreas y los riñones. No sé qué es pero existe.
Como cuando empiezas a soltar todo lo que llevabas mucho tiempo pensando. Como esa sensación de vómito en cada palabra. Como gritar cuando estás tan en la mierda que no ves manera humana de limpiarte y salir a flote.
Y el cerebro es una tripa como otra cualquiera, pero no se encoje, ni se para, ni se le hace un nudo ni nada de lo que pasa con las tripas, cuando estás cerca y pienso en toda la mierda que a veces me come y en como me voy quedando muda, poco a poco, por ciertos nudos entre la garganta y el estómago.

Entonces, cuando voy camino a casa, en la moto, pienso que debería decirte lo de las tripas. No es hambre, empezaré, es solo que pasa algo entre que te veo y mis ojos te comen, algo así como una digestión. Te voy devorando pestañear a pestañear. No me hace falta nada más, seguiría. La simplicidad del estar a gusto a tu lado. El temblor de rodillas va por libre, es algo, que como lo que siento, no puedo controlar, pero estoy en ello. Dejo que se me pase. Un paseo estaría bien. No tenemos mucho más que decirnos, pienso, no quiero decirte nada. Tengo con mirarte. Mis tripas hacen el resto. No duermo y no es tu culpa.
Estoy bien, es solo que a veces me gustaría ver tu cara al oír toda esta maraña de sensaciones. No hay más, solo eso, sensaciones, ojos masticándote, diluyéndote entre las tripas del cerebro y llevándote luego a cada órgano con la única misión de nutrirme de más y más temblores, más y más nudos en la garganta.
¿Qué quieres saber? Te preguntaría. Me pregunto hasta qué punto te intereso, hasta que punto he sido capaz de calar en ti, si es que lo he conseguido de alguna manera. Pero te hago reír, ¿sabes? con eso me conformo. Lo demás es solo una manera de sentirme importante, de recrearme sabiendo que estoy también en otros pensamientos, de otros cerebros y quizás entre otras tripas. 
No es reciprocidad lo que busco, ni respuestas. No tengo muchas más preguntas en la retaguardia. Quizás un, ¿te animas, te apuntas, te vienes?
Cambiar las cosas desde dentro, te diría. Cambiarnos para siempre. De alguna manera lo hacemos, día a día. No sé muy bien cómo, pero me gustaría pensar que sí. 
Entonces me mirarías y de nuevo ese nudo, ese temblor y esa sensación de ahogarme en palabras que no salen. Como si me agarraras por las tripas y me zarandeases. 
Me miras y me cago en las tripas, en lo de dentro, en lo del fondo. Me miras, joder, y todo eso de los ojos, de comerte, no me parece tan real. Solo un montón de ridículos pensamientos de alguien que no sabe dónde encontrar su norte cuando al pasar por el Triángulo de las Bermudas, aparece en la otra punta del mundo sin saber muy bien cómo y por qué.
¿Qué es lo que pasa entre tus pupilas y mis temblores?
¿Cuál es la sustancia química exacta que provoca todos estos desastres?
¿Por qué ahora creo en unas tripas cuando con lo de pensarte y tenerte en mente ya me era suficiente?

Y eso soy y eso eres, el bolo alimenticio de una probabilidad estadística nimia más.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.