lunes, 31 de diciembre de 2012

asterisco asterisco asterisco

Soy mi propia ciudad.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Luisa.


He estado en tu vientre
arañando y pataleando 
hasta hace no mucho
y me siento recién parida,
recién criada,
recién amamantada.

Te he hecho sangre
y has abortado hijos más
generosos que yo
en potencia.
Más listos, más rápidos,
mejores que yo,
en potencia.

He estado ahí dentro
y por mi culpa has pasado noches
en vela,
con el ácido entre el esófago y el alma
y has visto cómo se hinchaban tus pies,
y se estiraba tu piel.
Has visto crecer dentro de ti
a ésta  que te ha arañado y
pateado el vientre,
ésta que no es en potencia 
sino en acto.

A imagen y semejanza,
a veces los hijos debemos embarazarnos
de nuestras madres
y cuidarlas 
y quererlas
y enseñarlas.
Ver cómo se equivocan
sin juzgar
y dejar que arañen y pataleen
como hicimos una vez nosotros.
Que escarben en su dolor
con la intención de sacarlo de dentro
y no dejar que se lleven a la boca
la basura de la que
nos estuvieron protegiendo
toda nuestra vida.

Y no convertirnos es esa basura
tóxica.
Proponer hacer bien por encima
de nuestras posibilidades.
Y mostrarles la libertad y dejarlas volar.
Nadie nunca enseña
a abrir las alas del todo y de verdad,
por eso la rabia es el instinto
y es la fuerza
y es solo el impulso que se queda atrás.

Y un día,
la una en el vientre de la otra
se darán cuenta
que no existe tiempo perdido,
que nadie nace sabiendo andar
y que una no aprende
sino de lo que duele,
lo que jode, arde, quema, escuece.

Y un día,
te bastará saber
que hay gente que te quiere
porque has estado en su vientre
y eso,
eso no se puede explicar.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nacer.



El plan al final era no tener ningún plan.
Abrir los ojos cada mañana
como recién nacidos
con barbas y ojeras,
pero recién salidos del útero materno.
Imagina los ojos de un bebé,
grandes, negros o grises.
Brillantes como ojos de pájaro,
húmedos como si la muerte aun
nos estuviera buscando.

Pasa con los monstruos
que construimos en cada
encuentro.
Ninguno de mis viejos compañeros
de viaje
serán los mismos
ni cabrán en esta nueva maleta
conmigo.
Piensa que ellos quedan a buen recaudo
en el recuerdo,
y esperan en alguna estación
el tren de vuelta a casa
junto con otros viejos monstruos,
que también fueron nuestros.

Se le llama
“La estación de los monstruos”
aunque no da miedo,
solo a veces,
cuando las tripas rugen.
Cada uno de ellos,
más o menos feos,
más o menos guapos,
son el instante preciso
en el que decidiste
sacar lo mejor y lo peor de ti
al mismo tiempo.

Pueden llevar una sonrisa
encima
o pueden estar empapados,
o pueden temblar
o pueden ser del color del atardecer.
Lo importante es recordar
el momento justo
en el que supiste que dentro de ti
había un monstruo
con su nombre
y tus tripas.

Y comer cada día
como si fuésemos pájaros
y desgarrar la carne con
nuestros picos,
naranjas, negros o amarillos,
y hurgar hasta encontrarnos
rodeados de huesos.

El plan era seguir sin plan
y salir volando,
cada mañana
del útero de nuestras madres.
Llenando las paredes de sangre
y vísceras,
siendo el dolor del parto
y la alegría del parto
y siendo el parto.

Con los ojos bien abiertos
dispuestos a no convertirnos
bajo ningún concepto
en nuestros propios monstruos,
ni en la estación,
ni en el tren de vuelta a casa.

Solo enormes críos
con barba y ojeras
que ven el mundo por primera vez
como si no hubiese nada mejor,
nada más real, lúcido y espectacular.

lunes, 10 de diciembre de 2012

12.


Estás en mi garganta,
trepando tráquea arriba.
Yo continuo hablando a media sonrisa
que pronto siempre es una palabra
desesperante.
Es una palabra insoportable,
pero a ti te gusta decirla
como si de alguna manera yo pudiera
acercarme en cada sílaba.

La gente toma café,
me lío un tabaco y hablamos
de cómo subes y bajas
por mi esófago,
vomitando frases incompletas.

Sería fácil vaciarse un día
explicando paso por paso
qué es lo que motiva a la gente
a querer
aun teniendo que nadar y correr
para encontrarse.
Ya no creo en las guerras 
y pensé que debías saberlo.

No creo en las trincheras
ni creo que haya que protegerse del enemigo.
Me mantengo a raya casi todos los días.
Incluso cuando todos mis caballos se desbocan
y encuentro que pensar en ti
es lo más productivo que he hecho en el día.

Te veo andar siempre
por mis manos
que son la tierra y el escondite,
que son la madriguera 
con la que siempre arranco lo mejor de ti.
Cuando sonríes,
el mundo no tiene ni puta idea
de lo afortunada que me siento.
Comprendo entonces
que cuantificar los sentimientos no tiene sentido
y pienso en el universo.
Tiene que haber una medida,
tiene que haberla,
pero eso ya casi no me importa.

Al final no nos querremos ir 
la una de la otra
porque el lugar exacto lo inventamos
y no existe aun.
Aun no.

Corres y te deslizas por mis cuerdas vocales,
por mis dedos,
y por fin estás aquí.
Siempre tardas en salir 
porque te quiero tener dentro,
o porque no me hace falta sacarte,
aunque ya no haya jauría de lobos
esperando su recompensa.

Eres mi animal favorito y te quiero libre
y te quiero.

Pero pronto no es doce, ni once, ni diez.

Pronto es una palabra de mierda
que nos consuela 
mientras esperamos a que se acabe el mundo
bajo las sábanas.
Mientras esperamos que las bombas 
de las guerras que ya no existen
exploten todas al mismo puto tiempo
y la poesía no pueda ser descrita 
en enciclopedias
ni el arte morir en un intento de suicidio.

Pero que lo haga.

Acabará naciendo en mis ojos
cuando te vean.
Desnuda, 
derritiéndote porque la palabra pronto
                                                             arde.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La duda siempre ofende.

¿Qué pasa luego?
Digo luego cuando todo pasa, cuando se vuelve a la normalidad, cuando es, más o menos, siempre lo mismo.
Sé que lo he vivido pero nunca consigo recordarlo como si me diese cuenta de ello. Simplemente sucede
y el cuerpo muestra una cierta y razonable habituación a todo lo que pasa luego, después de todo.
Las cosas especiales/espaciales.
Destapar el misterio.

¿Qué coño pasa luego?

lunes, 3 de diciembre de 2012

Me haces bien.

Es importante decirlo siempre que se pueda,
siempre que se sienta
y
siempre que sea verdad.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Leche condensada


Lo traemos puesto
y corremos pegajosamente
como la leche condensada
que se derrama por el costado
del bote
y nos pringamos las manos
y nos chupamos los dedos
y nos los lavamos luego.

Eran todas las alergias cutáneas
que excusamos diciendo
que nos habían mordido
y la puerta cerrada
porque preparamos una sorpresa
que va a ser espectacular.
Pero de verdad.

Y se hará realidad lo del vaho
en las paredes.
Como ir a las termas
y encontrarlo todo húmedo
y mezclarse con el vapor
y respirar el oxígeno antes
de que otra persona venga a robártelo.

Sobrevivir concursando
y llegar a la meta sin saber muy bien
cual es el premio
y con qué te quedas de la experiencia.
Entonces la vida contemplativa
empieza a parecerte
la mejor de las retiradas.
Ni siquiera pelear por el
trozo más jugoso de carne,
ni el pedazo de tarta más grande.
Ni siquiera todo eso puede compensar
el haber dejado de jugar,
despreocupándote de la liga en la que
te habías metido
por casualidad.

Siempre por casualidad.

Acabas viéndola en la gota
de leche condensada
que se derrama del bote imaginario
que sostienes en la mano.
Ya no te importa el café,
ni las galletas,
ni el tabaco a medio liar.

Lo que quieres es no tener que limpiarte
los dedos,
que, imaginariamente,
saboreas,
como si fuese la primera vez.

Siempre la primera vez.

martes, 27 de noviembre de 2012

25.

Todas las noches, antes de irme a dormir, procuro llegar a tiempo al aeropuerto.
Compruebo que lo tengo todo y al ratito ya estoy lejos de casa, esperando por mi maleta. Supongo que será de las últimas, haciendo un pulso a mi paciencia. La tuya perdió hace tiempo el suyo.
Unas veces te llamo para saber dónde estás y otras prefiero salir a ver si te encuentro.
Siempre lo hago, estás como dando saltitos y sonriendo desmesuradamente. Yo me estremezco, me encojo de hombros como diciendo "bueno, ya estoy aquí, ahora ven". Entonces, unas veces corres hacia mí dando un salto, para el que, obviamente, llevo preparándome meses y otras simplemente nos acercamos muy sonrientes como creando un abrazo a cámara lenta.
Sea cómo sea, tú acabas agarrada a mí, yo encajo mi cabeza en tu cuello y al separarnos un poco nos besamos y sonreímos y nos miramos con cara de no creérnoslo del todo.

Con la misma sensación de incredulidad llegamos a tu habitación e intentamos concentrarnos y convencernos la una de la otra.
Luego abrirás una de las botellas de vino y beberemos a morro en la cama.
Ahora estoy tan concentrada, tan, tan concentrada, que creo que me lo empiezo a creer. Mis dedos te acarician. Y es real.

Ahora entiendo lo de las campanas de la iglesia. Te traigo fuerte contra mí y me vuelvo a dormir.


Fin.

lunes, 26 de noviembre de 2012

***

¿Qué pasará cuando se me acabe la imaginación?

sábado, 24 de noviembre de 2012

***

Un pirata siempre sabe cómo escapar.
Un indio, cómo llegar.

jueves, 15 de noviembre de 2012

***

No debe existir parcela de vida
que no se moje
cuando llueves.

martes, 6 de noviembre de 2012

Pellejo



Creo que tengo todo el derecho del mundo
a salirme de mi pellejo
y olvidar las muescas en los huesos
y fabricarme una balsa donde dormir
los arrepentimientos.

La enfermedad que sudamos
huele bien
y tiene forma de demonio rojo
royéndonos las tripas.
Soy el lobo y el oso, de las sombras
de las rocas por donde trepamos.

Eres marrón y eres desierto.
Ver llover sobre ti.
Quiero llenarme de barro,
resbalarme
hasta llegar
al final del río.
Donde muere él
vivo yo.

A tiras la piel por los suelos,
soy rabiosamente feliz
aun atrapada en esta vorágine
de circunstancias.
El mar de letras,
no sé lo que pienso,
siempre lo primero,
a cuatro patas la vida
por el sumidero.

Y sí que lo tengo.
El derecho a dejarme la voz
escupiendo toda la mierda
que se queda por las aceras
de las calles que fabricamos.
El mundo, sus consecuencias,
la gente en la calle ovula y eyacula.
Todos los tipos de hormonas,
tu culo pasea por mi mente
sin remordimiento alguno.

Hasta en las buenas
una encuentra la manera de
despiojarse, descuerarse, derramarse
sobre papeles que,
en realidad,
no existen.
Mi manera de vivir es entre la rabia
y el fuego
y nunca las cenizas.
Me froto las manos como
las moscas de mi pared.
Esperando a verte.
Un depredador solo duerme
después de comer.

Y creo que no me equivoco
cuando digo que de verdad
tengo todo el derecho del mundo
a salirme de mi pellejo
pero solo cuando sepa
que el tuyo está cerca
y está Aquí.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Esas cosas no existen.

La vida era solo aprender
y desaprender,
todo a la misma velocidad.

De la misma manera,
con las mismas ganas locas.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Poema fallido.


Respirarte tanto que mis pulmones sean de colores. 

miércoles, 31 de octubre de 2012

Pronto.

Te quiero conmigo.
Me quiero contigo.

Ahora, en un rato.

viernes, 26 de octubre de 2012

Animal.


Siempre quiero huir cuando 
el verbo significa más
supervivencia y refugio
que cobardía.
Quiero huir y dormir bajo el ala 
del pájaro que eres
y comer gusanos y sentirme 
el animal que soy
contigo.

Quiero traspasar la piel
a ver qué hay,
cubrirte del sonido de mi voz
en directo.
Cubrirte de todo lo que estoy pensando,
y no saber quién se desliza primero.
Vamos a resbalarnos.

Quiero que esas cuatro paredes me absorban
junto a ti.
Sentirme parte del territorio comanche
del que emigré nada más nacer.
Fumar en el balcón,
volver y limpiarme los pies antes de entrar.

Huir es una forma de alejarse
para estar cerca,
y eso quiero.
Cerrar los ojos solo para descansar,
no tener que traerte a la mente,
no tener que medir tus caderas
con el aire que me oxida.

Sentirme como el pez que soy
a veces,
entre tu pelo.
Agarrarte, alejarte y verte de lejos.
Eso es lo que pensé el primer día.
No todas las veces serán
para ocupar el silencio.
Casi nunca volverán a ocuparlo,
porque conseguiremos hablar con la piel
y siempre estaremos hablando
aunque te duermas
y a mí, aun, me quede un rato.

Todo el tiempo del mundo.
Eso tenemos.
Y todo el calor, los centímetros,
el viento a favor
y las alas para huir,
que no siempre significa
cobardía,
sino
todo lo contrario.

Súper-vivir.

miércoles, 24 de octubre de 2012

***

Merezco el "no me gusta" de este "ya no puedo".

miércoles, 17 de octubre de 2012

Áspera y rabiosa.




Seguramente no es tristeza,
no lloro,
ni estoy deprimida.
Se le parece más a la pena.

Dices ser un gato.
Lo cierto es que hace tiempo
escribí que eso es lo que eras.
A efectos generales,
sí,
se puede decir,
que te lames las heridas
de la noche
con una lengua áspera y rabiosa.
Crees guardar tu vida
como una gata protege a sus crías.
Inevitablemente
alguien siempre consigue adoptar
esas partes de ti que tanto proteges.
Ahora mismo trepan por mis sillones,
maúllan por fuera de mi habitación
queriendo entrar
y se enredan entre mis piernas
pidiendo,
normalmente,
que les dé de comer.

Apareces asomada por la escalera
cuando decido abrir puertas.
Cuando soy yo la que aparece,
consigues de un instante,
de un momento,
que nada de lo que existe,
importe.
Pero te llenas de tierra cada vez
que sales al jardín
a cazarme,
zarandearme como una lagartija
sin ni siquiera pasarse por tu mente
el que acabe entre tus tripas.
Soy de hecho mi propio regalo.

Estoy entre tus fauces
mientras te acaricio
“buena chica, muy bien”.

Es difícil curarte.
Aprietas tus mandíbulas
cuando me convierto en
una de esas pastillas
contra las pulgas.
Tu plan siempre es estar tranquila
limpiándote los días
que se te escurren sin darte cuenta.
Ni siquiera tú lo sabes,
pero entre esos días,
entre tus garras,
entre tu pelaje,
estaba yo.
Esperando tropezarme con tu
áspera y rabiosa lengua
siempre.

Al final, la sensación que se tiene
es la de ser una bola de pelo más
de un gato callejero más,
al que encierras en una casa
y que difícilmente se terminará acostumbrando
a que
cuando llueve no se puede salir,
los sillones no se arañan,
y las camas de las personas
no se pueden mear.

domingo, 14 de octubre de 2012

***

A veces pienso que no mereces ser
la protagonista de ninguna de mis historias.

Ni siquiera de esta que se supone que era 
la nuestra.

lunes, 8 de octubre de 2012

Estar a la moda.

Morder siempre estuvo de moda
porque era tu cuello
y era tu cuerpo y tu carne
y sobre todo
eran tus huesos.

Sigo perdida,
aunque cada mañana aparezca
con una solución nueva
en mi saliva,
diciéndote
"estoy viva, las dos lo estamos".

Hace tiempo que no me lleno
la ropa de tu sangre
ni tengo que recoger mis restos
del asfalto
después de
encontrarnos.

Morder siempre estuvo de moda
aunque no fueran mis dientes
ni fuera tu piel
ni llegara hasta el huesos.
Solo al final.
Cuando ambas teníamos que recogernos
del asfalto
donde nos dejamos atropellar
(la una por la otra,
aun no se sabe quién fue  primero).
Cuando parecía que ya no hacía falta,
que daba igual.

Ese punto en el que sigo perdida
pero sin saber
si quiero encontrarme.
Hace tiempo que sé que siempre
hay un camino de vuelta.
Siempre se llega a algún lugar,
aunque mientras amanezca
seamos incapaces
de darnos cuenta
que la ropa que cae
pesa mucho más que tela y sudor.

Como cuando volvía a casa sola
y la cama era inmensa
y solo pensaba
en ser esa mordida que nunca pasaba de moda.
Esa que siempre dolía,
esa que era
solo nuestra.

sábado, 6 de octubre de 2012

***

En las cenizas quedan restos
aun
hoy
de todo lo que quema.


lunes, 1 de octubre de 2012

Octubre

La primera batalla que tuve que librar
contigo
fue nacer.
Aun sigo aprendiendo a cómo salir
con vida
de algunos de los vientres
en los que me dejas hibernar.

No sabes cómo meter el frío
así que lo haces de golpe,
doliendo los huesos,
dejando la humedad del aire
no solo en la calle.
Te traigo conmigo, hijo de puta,
desde que nací
y no me gustas.

No me gustas nada.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Historia para aprender a dormir bien.


Un poco de primavera para tus ojos
y los míos.
La parte asiática de tu sonrisa,
ver borroso porque nos estiramos tanto
tanto,
tanto,
que casi
casi
casi
llegamos a tocarnos.


El manual de cómo estar por todas partes
sin haber estado antes
en ningún sitio.


Las cosas invisibles nadan en los charcos,
vuelvo a casa contigo encima,
puede que no haya nada más.
El océano para tu piel
y la mía.
Saber que es de día porque amanece.
Solo tú sabes esta historia
y duermes con ella todas las noches.

Coleccionaré tipos de viento para ti.
Todos en tarros con etiquetas
que
pongan:
"Para que vuelvas pronto"

Como la primavera.

martes, 25 de septiembre de 2012

Eh!

Nada, me pareció verte por la tele, solo eso.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Huesos VII


En mis huesos crecen bosques
cada noche
por donde huyo cuando algo duele.
Veo desiertos y cataratas en ellos
de la misma manera
que existen
y vivir implica erosión,
e implica transformarse,
e implica seguir.

Veo caminar gente por ellos,
a través de ellos
cada día y cada noche
y veo también cómo escarban,
como hurgan
y como muerden para alimentarse.
Una manada de nómadas tras otra
persiguen el cambio de mis huesos,
y machacan, taladran, exprimen
cada centímetro de bosque.

Hacen balsas y barcos con mi madera
y cada mañana veo cómo se mudan,
como se arrastran,
como se marchan
dejando las hogueras de la noche
muriendo aun
en mis huesos.

Veo mis huesos
y eso no hay mucha gente
que sea capaz de hacerlo.
Cada uno vive como si romperlos
fuera un accidente
y no una opción.
Como si solo trabajasen para nosotros,
como si solo sirviesen para tapar
con una lona el sol.

Veo mis bosques,
mis desiertos y cataratas,
mis manadas de nómadas,
mi tuétano cuando me partes a la mitad
y me quedo en blanco
y no sé cómo carajo continuar.
Me veo a mí
y a veces,
solo a veces
solo veo bosque donde huir
cuando me dueles.

martes, 18 de septiembre de 2012

Calcetines de búhos.

Un aniverbeso
no se cumple todos los días.

Síndrome del trastero.

Parece como si querer ya no fuese real.
Como si fuera una excusa,
un pretexto,
un no sentirse tan mal.
Parece como si solo ocupase espacio
y fuésemos trasteros
y almacenáramos kilos y kilos,
cajas y cajas
de las mismas letras,
las mismas palabras,
las mismas miradas.

Como si la vida se tratase
de esto todo el rato.
De vivir una y otra vez
las mismas escenas
de una película.
Como si lo único que cambiase
fuera la edad del director.
Fotograma a fotograma
vuelve a ser septiembre.
Las costumbres,
los horarios,
la tristeza de las cosas tristes.

Y yo ya no soy triste.
Pero como un trastero
guardo penas,
despedidas,
enfados.
Cajas y cajas de las mismas cosas
amontonadas unas encima de las otras.
Y yo ya no soy triste
pero a veces
lo estoy.

Como cuando querer me parece
un mecanismo
y no un reflejo de.
Como cuando querer me parece ridículo
solo porque no siento que haya perdido nada.
Como si fuese un río en calma,
la circulación sanguínea de alguien que está
muy tranquilo.
Como si estar esperando algo
no fuese lo importante.
Como si lo que hayamos vivido
no tuviese mayor relevancia.

Porque me he convertido en un trastero
que almacena momentos,
penas,
despedidas,
enfados y tristezas,
como quien colecciona sellos,
o miniaturas,
o figuritas de la Segunda Guerra Mundial.

Siempre llega el momento
en el que todos los sellos,
las miniaturas
y las figuritas de la Segunda Guerra Mundial
te parecen lo mismo,
una masa,
un revoltillo de cosas
a las que te cuesta etiquetar,
adherirles un recuerdo,
y en definitiva
te parecen lo mismo.
La misma cosa.

Pero eso no es lo peor de todo.
Lo peor es cuando
te das cuenta que todo eso es la misma cosa
porque tú eres la misma persona.
Y el problema no es de las cajas y cajas,
kilos y kilos
de las mismas letras,
palabras,
miradas,
sino de las paredes que las almacenan.

Un trastero frío y húmedo
donde de vez en cuando alguien hurga
y encuentra un lugar donde
puede ser diferente.
Donde huir.
Donde no estar del todo sola.
Donde encontrar alguna caja
con cosas interesantes dentro.

Y entonces arregla la luz del techo,
limpia el polvo y la suciedad
y todo,
de pronto,
parece brillar.

Aunque al final
allí no quepa una cama
ni sea un lugar digno para vivir.

Y eso es lo que pasa con los trasteros.
Que solo sirven para guardar cosas,
trastos,
cajas.
El pasado.
Todo el tiempo.
El pasado.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Me siento vieja.
Siento como duelen mis huesos.
Los imaginarios.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Time to dance

He pensado en el tiempo.
En bailar.

Pero no sé cómo expresarlo.

Empezaba hablando de las horas, de la forma de aprovecharlas, de que
en otras circunstancias hubieran sido, incluso, excesivas.
Ahora hablaba de que cualquier movimiento era como
bailar contigo. Con tus palabras.

Cuando sepa de lo que hablo, lo escribiré.
Te escribiré.
Sobre el tiempo y sobre bailar.

domingo, 9 de septiembre de 2012

El tuétano.


La felicidad a las cinco de la mañana
sudando y mordiendo
la carne hasta el
hueso.

viernes, 7 de septiembre de 2012

***

Por fin soy la persona que quiero ser.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Vivir en un faro.

El mapa de tu pecho.
El surco de tus huesos.
Los charcos de tus huecos.

Tres noches de cada año el viento da tregua en ese lugar.

Vivo en una isla. Escucho el mar continuamente. Veo el mar desde mi ventana todos los días. Sobre mí se extiende un cielo lleno de estrellas cada noche y contigo puedo estar siempre, pero es algo diferente.
El tiempo que pase debe ser aprovechado. Que cuando llegue a casa, y mire el cielo y escuche el mar de lejos tenga la sensación de que sigues conmigo, disfrutando de una de estas pocas noches al año en las que me siento, sola, en silencio, a practicar la paciencia que me falta el resto del tiempo a tu lado.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Nos vemos en febrero.

Tener el amor entre los dientes. Literal.
Y cuando te sientes así, hasta las películas tristes te dejan sonrisas invisible. Por todo el cuerpo.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Jaulas.


Abrir la jaula de los pájaros no se trata de un polvo en un baño, en un coche o en una cama. No se trata de robar besos, ni de tontear durante toda la noche, día tras día. No se trata, ni siquiera, de miradas furtivas y desgarradoras, ni de querernos, ni de amarnos, ni de destrozarnos.
La jaula se debe abrir cuando se es feliz. Cuando se es tan feliz que casi puedes atrapar esa sensación con las manos. Tan feliz como para estar tranquila. Como para estar en silencio.
El problema de las jaulas es no saber cuándo volver a coleccionar pájaros, de todos los colores y todas las formas. No saber si el problema son los pájaros o es hora de buscar una nueva jaula. El problema es no saber cuál es el problema.
Hubo un punto en el que, admito, dejé las puertas abiertas durante todo el tiempo. Ellos venían y se iban y era el continuo de felicidad. El único de mi vida.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Para habernos matado.

Tampoco nos quisimos tanto
como para matarnos ahora en vida.
Ni sufrir, ni llorar.
Es solo volver a abrir la puerta de casa
un poco más triste de lo normal.

Tampoco nos quisimos tanto
dice el tiempo,
que matándonos
nos da la vida, la paz, la razón.

Pero para no habernos querido tanto
abrir la puerta de casa antes
ha sido el momento más triste
del día entero.

martes, 28 de agosto de 2012

***

Ahora que lo pienso, llevo más o menos un año con la misma resaca encima.

domingo, 26 de agosto de 2012

Instantáneas

A un lado del camino de tierra había un montón de huesos sucios. Como si alguien se hubiese desintegrado por completo dejando solo sus huesos, amontonados, llenos de tierra, rotos por el paso del tiempo, el sol, la lluvia, el frío, el viento.
El camino de tierra no llevaba a ningún sitio. Era marrón y a menudo el viento levantaba una espesa nube de polvo. Casi al llegar al horizonte, un árbol.
Me temo que nadie llegó ahí jamás.

Esto es lo que me imagino ahora mismo. Una especie de fotografía interna. Como debe estar mi mente en este instante. Es el color que me imagino de las cosas. La sensación.

Cuando abundaba el salitre, sin embargo, el césped era verde y los colores brillantes. Aunque el cielo empezase a nublarse. Esa era la fotografía de mi mente. Cuando querer salía solo, como el vaivén del mar, la brisa empañando mis gafas. Como estar flotando en el agua. Como dejar de pensar.

Siempre la misma canción en mi cabeza.
Lo primero siempre, siempre.
Lo segundo nunca, nunca.

sábado, 25 de agosto de 2012

***

Cosas que no cambian: El oxígeno oxida al hierro.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Lemur.



Algo que estaría muy bien sería el mar después de una ventana. El salitre pegándose a los cristales de mis gafas. Tú tirada en la cama, jugando con tus piernas. 
Me doy la vuelta y te miro. Tú no te das cuenta pero yo sigo sonriendo.
El sol de media tarde, las paredes blancas, la cama deshecha. 
Algo que estaría muy bien es que existiéramos. Así, de esa manera. 

Desde entonces he encontrado varias coincidencias.
Dices, "quiero decir" para explicarte. 
Hay algo tierno dentro de nuestros huesos.

Vuelvo a mirar por la ventana y empiezo a escribir.
Sobre cómo juegas con tus piernas.
Sobre tu pelo esparcido por toda la cama, la habitación, el suelo, el mar.
Sobre el color de tu piel.

"Aquí en el mar
cualquiera podría ahogarse 
y daría igual.
Pasas casi sin tocar la arena,
nadie se da cuenta,
y eso es lo que más me gusta
de las muertes dulces.
Que es casi como si aparecieses
a llenarme los pulmones de agua
mientras me sonríes
y
sin que nadie se de cuenta,
yo también."

Aunque solo sea una excusa más para juntarnos. Sudar, retozar, regar nuestros pedazos por cada esquina de esa habitación.
Y también veo regresar los barcos.
Hace falta que me invites más de mil veces para convencerme. “Quiero decir”, estar aquí, contigo. Algo que estaría muy bien. Esta vez he pensado mejor, mirarte más.
Lo que no puedo controlar es que te des cuenta o no. Me se varios rincones. Y aquí me paro a pensar. Mientras la gente pasa, el viento corre, el invierno llega.
El bronceado vuela como golondrinas, pero si existiéramos, viviríamos en una casa con ventanas al mar. Jugarías con tus piernas, mientras tu pelo escribe en mi cara la sonrisa de vuelta a la vida.
Y el bronceado hurgaría en nuestra piel como gaviotas sobre el mar.

Algo que estaría muy bien sería
volvernos a ver.
El salitre en los cristales de mis gafas no me deja ver. Me las quito.
Dos razones por las que dejar de ver.
Besarte.

martes, 21 de agosto de 2012

Uno mismo.



Probablemente la palabra mágica sea decepción.
Lo bueno de los muertos es que no sabes muy bien qué deben estar pensando.
Pero, probablemente sea esa palabra mágica,
si de alguna manera,
después de muerto, uno puede llegar a atormentarse
aun más
pensando.

Es algo que me preocupa
pero que me da igual.
Como si no pudiera hacer nada para evitarlo.
No vas a volver.
Ni tú ni nadie
a decirme la palabra mágica
cada vez que enciendo un cigarrillo,
bebo una cerveza,
o me desentiendo de cualquier tipo de responsabilidad.

Es solo que pienso en la muerte como algo cercano
y lejano
al mismo tiempo.
Como cuando quieres en la distancia,
o echas de menos un lugar.
Esa sensación de acostumbrarse a la nostalgia,
la desazón.

Y pienso que si estuvieras aquí
nada sería igual. Claro.
Quizás la palabra mágica no fuera decepción.
No encuentro una sustituta.
Quizás no exista sustituta.

Pero últimamente me pregunto que pensarán de mí
los muertos,
mis muertos,
todos esos huesos que he perdido
por el camino.
Inconsciente podría ser la segunda palabra mágica.

Darse cuenta de que no estás orgullosa de ti misma
al pensar
en qué pensarán
los que ya no están.
Darse cuenta así de tristemente.
Imaginar sus caras inexistentes.
Sus rostros borrosos.

Por eso creo que la decepción es una buena palabra
para el ahora.
Todo el mundo no para de decírmelo.
Nadie estaría orgulloso de ti.
Qué pensarían si te vieran así.

Por eso, esto.
Una forma de redimirme.
De dejar constancia que sé que tienen razón
de alguna manera.
Que los entiendo. No creo poder compartirlo.
Aun así
no cambio ni un minuto de mi felicidad
por cambiar ninguna de esas palabras mágicas
que me joden
y me queman,
y me molestan ahora.

Ahora que estoy en mis horas bajas,
hurgando entre los suburbios de mis malestares.
Suerte que a estos lugares solo se baja de vez en cuando,
cuando el opio del día a día
ya no te es suficiente
y solo necesitas echarte fuera de ti misma
a tus periferias
y sentir el miedo de querer volver a casa,
a seguir siendo la indigente de siempre
pero sin ver toda esa mierda
que hace que de vez en cuando
te pudras un poco por dentro.

Por eso, la palabra mágica, probablemente sería decepción.
Pero las voces de los muertos
no existen
si dejas de creer,
no solo en ellos,
sino,
y lo que es peor,
en uno mismo.

domingo, 19 de agosto de 2012

Sobre el complejo proceso de ser un pájaro.


Hay una manera aun más dolorosa 
de sentirse preso
más allá de las rejas, las paredes,
la tierra que se acaba, de alguna manera
en el fondo del mar.

Se trataba de mirar con indiferencia
al horizonte,
mascar un poco la desidia
y sentir, de vez en cuando, 
ese sabor amargo entre los dientes.
Se trataba de querer estar en otro lugar.
Sentirse preso
con una sola decisión.

Pero tenemos justificaciones de sobra.
Un montón de ropa, papeles, palabras
que nos amarran.
Y después están las personas
y
el amor por todos sus costados,
recibiendo palizas,
magullándonos,
dejándonos tirados en el suelo.

Y claro que esta no es la vida
que yo querría para mí.
Claro que me siento limitada.
Claro que me llevo asfixiando 
durante años
con mis propias decisiones,
o
quizás
con la ausencia de éstas.

Pero hay un techo.
Tengo un techo sobre mí.

He decidido
que
a partir de ahora
solo quiero ver las estrellas.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.