miércoles, 8 de febrero de 2012

Sangre seca.



Estoy y estás entre las entrañas
de una bestia.
Todos tenemos nuestras tormentas
y vivimos presionados
por los peligros que ello conlleva.
En mi sangre corren batallas
donde siempre hubo mil puntos de vista
a los que nunca comprendí
y
ahora estoy aquí
tan enfadada como siempre
conmigo
por ti.
Por todas esas batallas de las que nunca
se me ocurrió hablarte.
Los muertos hay que dejarlos descansar
con sus propias penas
y sus glorias
en la memoria de quien la tenga.

Todos tenemos huracanes dentro
que nos destrozan
el momento antes de quedarnos dormidos,
pero sabemos aguantar el tirón.
Sabemos, supongo, que mañana
no recordaremos
porque empapar la almohada
es algo que echamos en falta.

La desolación,
la sangre corriendo cuesta abajo,
el dolor de las personas que no somos
nosotros
ni seremos nunca.
Todos tenemos
una ciudad fantasma
donde refugiarnos.
Aquellos miedos nos hicieron grandes,
pienso.
Por todas esas batallas sé
que nada de esto merece la pena.

Aun así
estoy y estás entre las entrañas de una bestia
que ha visto como
ciudades fantasmas
se llenaban de vida
y
tormentas se creían huracanes
y yo solo vine para estar bien.

Ya sabes.
En este momento estoy siendo feliz
y nunca sabré si
dos segundos más tarde
mi batalla serás tú
o
yo contra ti
o
yo contra mí.

Siempre le decía lo de jugar,
lo de no gustarme perder,
lo de luchar juntas o separadas
pero hacerlo de alguna manera
y ella nunca me entendió.
En su ciudad fantasma crecían las flores,
mientras yo atrincheraba la mía,
preparando la guerra,
esperando
la
paz.

Sin entender, supongo,
que eso viene de dentro.
La calma de un pecho debe venir de una misma
y las bestias,
las tormentas,
las batallas,
se volverán
por fin
sangre seca.

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