lunes, 2 de abril de 2012

Zoológico.

Justo a esa hora el ratón se despierta, lo que provoca que la gata se levante del sillón y empiece a golpear la puerta para intentar abrirla, lo que a su vez conduce a que yo me levante y le abra la puerta. A esa hora me meto de nuevo en la cama, apago la luz y no solo oigo cómo el ratón camina por la jaula haciendo ruidos desesperantes, sino que también tengo que soportar cómo la gata arremete contra la jaula y el ratón intenta defender su territorio. A esas horas enciendo la luz, maldigo mi existencia, agarro a la gata, la echo fuera del cuarto con toda la pena del mundo, cierro la puerta, esta vez, con llave, me meto en la cama y apago la luz.
Un poco más tarde y con un poco de suerte, el ratón para de hacer sus muy matutinos ejercicios de ratón y vuelve a su madriguera que es de donde nunca debió salir, y yo consigo por fin dormirme oyendo los gallos de mi tío.
Justo a esa hora, todas las malditas noches de mi vida.

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