sábado, 5 de mayo de 2012

Dragón siempre será un mal título.

Es importante la reacción de nosotros mismo
en los demás.
Nunca sabremos con qué intensidad
crecen los fuegos artificiales
en la barriga de nadie
pero conocemos los nuestros.
Algunos nacemos con la vocación
de dragón bien dentro de nosotros,
con ese ardor de vida en las entrañas.
Somos una especie de seres imaginarios
y normalmente
al final del cuento siempre acabamos muertos
o
domesticados
y yo lo que quiero es volar.

Por eso nos reímos.
Existir junto a la posibilidad de
abrir las alas con una sola mirada.
Es imposible encontrar una espada
más afilada
que esto tan indeterminado,
aunque empiece en ti
y acabe en mí
cuando un dragón vuela
mueve mucho aire a su alrededor.

Y no querremos estar ahí cuando eso pase,
imaginando que nos los habíamos imaginado mucho antes,
creyendo con toda seguridad
que era así como tenía que suceder.

Creo que es como si las metáforas pudieran
quitar el hambre.
Como si ciertas palabras pesasen, brillasen
o fueran invisibles a los sentidos de ciertas personas.
Las letras existen
y te rodean cada vez que te miro.
Tú eres todas esas cosas que soy incapaz de pronunciar
y eres los poemas que me haces escribir
sin darte cuenta
y eres aun más los que no he escrito ni escribiré jamás.

Eres, sin ir más lejos, todas esas palabras
que quiero que existan
y me vacíen por dentro
y no.

Por eso creo que hay personas
que tienen vocación de dragón desde que nacen
y les es imposible
no quemar el mundo
con la vida de sus entrañas.

2 comentarios:

Bubo dijo...

Tambien te has leido el Legado?

Ana! dijo...

nope


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.