lunes, 7 de mayo de 2012

Freno de mano


No tiene por qué existir el tiempo
ni una línea continua que nos deje permanecer,
no tiene que existir el camino adecuado,
ni el cielo del buen samaritano.
De hecho no deberíamos existir,
ni esta confusión convertida en mente
ni esta locura
ni este planeta que se desmorona.

Nadie sabe cómo empezar a hablar del miedo,
el terror de las pesadillas,
las preocupaciones que terminan siendo
nuestra responsabilidad.
Es difícil empezar siempre
a hablar de nuestras cosas,
seriamente,
dejando ese diminuto espacio
por el que se puede palpar la vulnerabilidad.

Pero es que no existe nada de eso,
nadie se compone de sueños y esperanzas,
ni cabe la posibilidad de coger carrerilla
ni de arrepentirse toda la vida
de lo que nunca se hizo
porque nada de eso existe.

Es solo la sensación de estar en el mismo momento,
en el mismo lugar
sintiendo idénticamente lo mismo.
Y entonces poder afirmar con total convencimiento
que no existen las palabras,
ni las acciones,
ni los fantasmas,
sino algo mucho más difícil de ver.
Y creer, en serio, creer
que eso es lo único que existe realmente.
Todo ese espacio entre
tu tiempo inexistente
y la línea continua que nos hace permanecer,
todo ese espacio donde habita el cielo
de los buenos samaritanos
sin
samaritanos,
todo el espacio de confusión entre lo que dices
y lo que pienso
y lo que nos vamos creyendo
que existe.

Todo ese espacio
es el hueco donde se encuentra el freno de mano
y un botón imaginario
donde pone:

Paracaídas.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.